"Si te dan papel pautado, escribe del otro lado" es la primera frase de la novela Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. En realidad es una traducción del original de Juan Ramón Jiménez "Si te dan papel rayado, escribe de través; si atravesado, del derecho".
Las líneas en las que devenimos mujeres en esta cultura son demasiado estrechas y rígidas para que podamos desperezarnos en ellas. Son pautas insensibles a las necesidades reales de un ser humano. Intentamos encajar en un primer momento, asumirnos como esos moldes perfectos en los que deberíamos ser felices y cuando parece que lo hemos conseguido, cuando al fin conseguimos una escritura perfecta de trazo fino y recto, nos damos cuenta, no sin cierto estupor, que duele. Nos duele el cuerpo y el alma de tanto encogernos, de ser pequeñas eternamente.
A ese malestar existencial de las mujeres (también de los hombres pero escribo para nosotras ahora) la medicina intenta poner remedio. Y su práctica habitual es medicalizar, es decir, dar respuesta médica a cuestiones que no lo son. No en vano el 80 % de las depresiones que se diagnostican a las mujeres según la OMS tienen origen exógeno, o sea, que son provocadas por acontecimientos externos. Vivir en una cultura cuyos valores dominantes son contrarios a la vida, y a la vida de las mujeres en concreto, tiene graves repercusiones en nuestra salud. Y sin llegar al extremo de ser diagnosticadas con depresión ese malestar de un modelo externo ajeno y opresivo estalla a la mediana edad. Quizá porque ya llevamos demasiado tiempo resistiendo o porque estamos más dispuestas a crecer le pese a quien le pese o porque nos damos permiso, al fin, para empezar a ser lo que queremos ser.
Quizá el sentido último de la vida no sea más que llegar a ser quien una realmente es. Fuera máscaras, buenas costumbres y valores que nos anulan. Abogo por la alegría, la felicidad y el placer como vía de liberación personal, de autoconocimiento y de modificación de las estructuras patriarcales. Y si es acompañada por otras mujeres, mejor que mejor. Juntas somos más fuertes.
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Quizá el sentido último de la vida no sea más que llegar a ser quien una realmente es. Fuera máscaras, buenas costumbres y valores que nos anulan. Abogo por la alegría, la felicidad y el placer como vía de liberación personal, de autoconocimiento y de modificación de las estructuras patriarcales. Y si es acompañada por otras mujeres, mejor que mejor. Juntas somos más fuertes.
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La semana pasada les pregunté a las mujeres suscritas a la newsletter qué les gustaría preguntar o aportación hacer desde su vivencia sobre la sexualidad. Con sus aportaciones celebraremos un webinar dentro de unas semanas. La respuesta ha sido amplia y de una lucidez que deja de manifiesto que muchas de nosotras estamos dispuestas a escribir del través. Ahora ha llegado el momento de disfrutar del bienestar y el placer que las rígidas pautas nos han prohibido.
Y tú ¿qué preguntarías o qué querrías compartir desde tu vivencia sobre la sexualidad?
Además, recibirás el video El útero: los secretos de un órgano olvidado.
¡Sigamos escribiendo juntas del otro lado!

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