jueves, 26 de octubre de 2017

Cuando la modelo no es el modelo

Hace unas semanas, Laura Hortal, amiga y editora de la revista Gansos Salvajes Magazine me propuso algo bastante descabellado, para que vamos a negarlo. Su intención era que apareciera en el reportaje de moda sostenible junto a mi hija y otras mujeres y sus hijas. A mi me gustó la idea de hacer algo juntas que perdurase y pensé que sería un bonito recuerdo para el futuro. Y mi hija, a punto de cumplir los trece años, aceptó la invitación. Así que nos pusimos en manos de Laura y su equipo. Acepté porque el compromiso y las bases de esta revista tienen mucho que ver con mi propia visión del mundo: mostrar mujeres reales, de todas las edades y con todos los cuerpos, sin retoques de photoshop detrás y con una moda sostenible que respeta a las personas y el medioambiente.

La verdad es que fue una experiencia estupenda, sobre todo porque estuve acompañada por mi hija y con un equipo maravilloso con el que nos reímos y disfrutamos haciendo "como que" posaba. Hacer de modelo no es tan fácil como pueda parecer. Sin poses absurdas, sin photoshop, sin intentar ser lo que una no es. Pensaba en lo diferente que sería el mundo si las niñas crecieran viendo estas imágenes de mujeres reales en los medios de comunicación y no ese canon construido en ordenador de mujeres Barbies. ¿Qué pasaría si las modelos no fueran modelo de belleza? ¿Y si las modelos no fueran el modelo con el cual comparar los propios cuerpos? 

El caso es que este cuerpo, el de mis 44 años, con arrugas, canas y en el que se han cocido a fuego lento dos criaturas, es el cuerpo que me permite vivir, experimentar cosas nuevas y expresarme. Así que quiero agradecer a la revista Gansos Salvajes Magazine y a su editora, Laura, el que tengan como misión recuperar los cuerpos que escapan del estricto canon de belleza actual y permitir que tengamos visibilidad los cuerpos maduros, delgados, gordos, con arrugas, altos, con canas, bajos, que se vean los cuerpos vulnerables, tiernos, construidos no con photoshop sino con lágrimas y caricias, los cuerpos que han atravesado amaneceres en la playa y caminado por pasillos de hospital, los cuerpos que se han abrazado a una almohada en las noches de soledad y se han sentido completamente amados. 
Nuestros cuerpos de mujer.
Cuerpos reales. 
Cuerpos vividos. 

martes, 10 de octubre de 2017

No te acostumbres al dolor


Todo se resume en una frase: tu cuerpo no tiene que doler. Esta sencilla afirmación deja de serlo en cuanto nos ponemos a mirar con más detenimiento lo que nos pasa a las mujeres. Veamos, eres adolescente, las menstruaciones son dolorosas e irregulares y vas al ginecólogo. Lo más probable es que salgas de allí con dos cosas seguras. La afirmación de que menstruar duele a muchas mujeres y, por lo tanto, es normal y tendrás que acostumbrarte. Y una receta de píldoras anticonceptivas "para regular los ciclos y evitar el dolor". Aunque lo que hace una píldora anticonceptiva es eliminar los ciclos. Es decir, no existe ovulación ni el endometrio se prepara para acoger un óvulo. No hay ciclo y no hay menstruación. El sangrado es meramente producto de un cambio hormonal. Se denomina sangrado de abstinencia porque esos días se deja de tomar las hormonas en la píldora. Pero esto no lo suelen contar los médicos.

La cosa es que, en vez de considerar la normalidad como una cifra, deberíamos preguntarnos (los profesionales sanitarios más) porqué un proceso fisiológico natural provoca dolor en las mujeres. Pero parece que esa pregunta se hace poco. Además con el consiguiente peligro de que lo que esté provocando el dolor sea una enfermedad pélvica que no se detecte en esa cita. Recuerdo que el diagnóstico de endometriosis tarda en este país ocho años de media y una sustancial cantidad de visitas al ginecólogo para nada. El asunto es que como la menstruación duele a muchas mujeres, es "normal" que duela.

Puede que hayas tenido un bebé y que vayas al pediatra porque sientes un enorme dolor al dar de mamar. Lo más probable es que te digan que dar de mamar duele (eso me lo han dicho a mi con mi primera hija). Y, claro, si te planteas una lactancia prolongada la idea de ir sufriendo eternos minutos cada vez que el bebé quiera comer es casi una tortura. El pediatra no te dice: veamos, dar de mamar no debería doler, debe de estar pasando algo ¿mastitis? ¿obstrucción? ¿grietas por mal agarre? ¿frenillo? No, no nos miran. Solo nos dicen que dar de mamar duele y te acostumbrarás.

Puede que hayas elegido un DIU como dispositivo anticonceptivo y que empieces a notar molestias y vayas al ginecólogo y te diga que es normal sentir dolor. Esto le ha sucedido a miles de mujeres en todo el mundo. Como si sentir dolor fuera normal. Como si fuera normal aumentar de peso, sentir dolor, depresión o falta de deseo sexual. Una de las principales paradojas de los sistemas de control de fertilidad que se crean para mujeres es que entre sus efectos secundarios habituales está la falta de deseo sexual. ¿Para qué necesitamos las mujeres sistemas anticonceptivos si no sentimos deseo y, por lo tanto, lo normal sería que no tuviéramos relaciones sexuales sin deseo? ¿Te imaginas algo parecido en el cuerpo de los hombres, un dispositivo anticonceptivo que inhibiera su deseo? ¿Quién querría usarlo?

El cuerpo de las mujeres visto desde la óptica y la lógica patriarcal es imperfecto. Es normal que nos duela y es visto como un objeto hasta el punto que se invalida las vivencias sujetivas que como seres humanos experimentamos en él. No. No es normal que nuestro cuerpo duela. 

No te acostumbres al dolor. 

Ilustración: tsukiko-kiyomidzu

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