jueves, 4 de mayo de 2017

Todas somos gordas

Hace unas semanas hablaba con unas buenas amigas que se quejaban de que siempre habían recibido presión por parte de las personas cercanas, y no tan cercanas, sobre su peso corporal o "sobrepeso". Hablaban de la gordofobia, el odio social a las personas gordas.  De los comentarios que las avergonzaban y de las humillaciones. Y es que ser gorda en esta sociedad es casi un delito. La discriminación por el aspecto corporal en esta sociedad del consumo es habitual. Yo las escuchaba asintiendo a la narración de sus experiencias, hasta que de pronto, me vi totalmente identificada con ellas.

En realidad, y es independiente de nuestro peso corporal, todas las mujeres somos gordas porque todas las mujeres hemos aprendido a vivir dentro de un cuerpo que otras personas han declarado no adecuado. La visión de cómo ha de ser nuestro cuerpo de mujer impacta desde la más tierna infancia a través de los medios de comunicación. Desde los anuncios hasta los maniquíes de los escaparates, desde las marquesinas de las paradas de autobuses o las películas, allá donde miremos vemos cómo debe de ser nuestro cuerpo para ser deseado y mirado. Todas tenemos en mente cómo ha de ser. Y todas sabemos que el nuestro no se ajusta a ese modelo rígido de belleza y cuerpo deseable. Quien no es gorda, es baja o demasiado alta, quien no tiene arrugas en la cara o estrías en el vientre, nuestras tetas son grandes o pequeñas o caídas o tenemos celulitis o somos demasiado delgadas o mayores... da lo mismo. 

Tal y como nos educan, nos vemos condenadas a entendernos dentro de un cuerpo en el que no estamos cómodas. Y ese cuerpo, que a ratos detestamos y con el que a ratos nos reconciliamos, es la herramienta que tenemos para estar en el mundo: es que es lo que somos (también). Siguiendo el trabajo de Merleau-Ponty podíamos decir que somos una conciencia corporeizada y, como tal, pesa y de qué manera pesa, estar en profundo e íntimo conflicto con el propio cuerpo. Ante este desvarío, no nos queda más que la resistencia: revisar los mandatos, las expectativas recibidas y toda la presión propia y ajena y mandarlas al carajo cada cierto tiempo. Y amarnos. Siempre. Por encima de todo. Por ser lo que somos, por ser cómo somos. Por nuestra capacidad de resistencia y por nuestras recaídas. Amarnos tal y como somos como acto de rebeldía y abrazar a la gorda que todas llevamos dentro.

No hay comentarios:

Hacemos comunidad en Facebook