Aquí
estamos tú y yo. Cada una con nuestra historia personal, la mochila a cuestas, expectativas y
sentires propios... Entonces, ¿cómo es posible que podamos contar experiencias tan
similares que nos aúnan, que nos hacen compartir un código, que permiten reconocernos
las unas en las otras? ¿Cómo es posible que yo, desde mi casa, sentada debajo
de un almendro en este día soleado, pueda poner en palabras experiencias que han
sido las tuyas también? ¿O que tú, cuando me escribes desde tu casa, me cuentes lo que yo misma he sentido en multitud de ocasiones?
Es
lo que el sociólogo Bourdieu denominaba hábito o Subjetividad socializada. Creemos ser
individuales, únicas y, sí, lo somos, pero a la vez, somos el producto de la
ideología dominante. Somos resultado de las interacciones con nuestra familia,
y del currículo oculto de la escuela y de los valores (sobre todo de los
valores no expresados, los que se viven y no tanto los que se cuentan). Somos
el resultado de esta civilización y esta cultura, para lo bueno y para lo malo,
y tampoco está demás que lo reconozcamos. Porque nos aporta mucha claridad poder vislumbrar las estructuras sociales que quedan grabadas a fuego en nuestro cuerpo.
Lo
que elijo o dejo de elegir. El tipo de relaciones que creo. Las necesidades que
siento o tengo, las que cubro y las que dejo de cubrir, son parte de esa
subjetividad socializada. Pero, además, desde la antropología, se ha señalado
con el término embodyment, a la manera en que los valores culturales en los que
las personas se desenvuelven se encarnan (literalmente) en el cuerpo físico.
Esos valores se hacen carne, y tendones y músculos y nos comprimen el cuerpo.
Somos
mujeres, la mayoría de las que leéis este blog, mayores de 32 años. Unas
tenemos hijos y otras no, tenéis estudios superiores o no los tenéis,
profesionales y/o cuidadoras, con más o menos recursos económicos y fortuna,
europeas o americanas y, sin embargo, todas tenemos tanto en común. Nos podemos
reconocer en las palabras y en los sentires y tengo la certeza de que nos será
útil reconstruir nuestra historia a través de esos espacios comunes. Porque
solo nombrando lo no dicho, podemos tomar la suficiente distancia para
liberarnos.
Por
si te interesa este tema, el jueves, 16 de febrero, a las 22:00 horas celebraremos un
webinar gratuito al que estás invitada. Lleva por título “Tres consecuencias
directas de la cultura en tu cuerpo”. Si deseas asistir, puedes recibir el link
de acceso, que está disponible solo para las suscriptoras, AQUÍ.
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