jueves, 6 de octubre de 2016

Las lobas que vienen

Cuatro lobas subieron a la montaña en la que vivo. Cuatro lobas pequeñas, apenas apuntando el cuerpo de hembra bajo sus ropas. Cuatro lobas, cuyos ojos han visto algo más de una década en esta tierra, subieron la montaña con pies y manos, como animales. Subieron y aullaron al valle. Su grito fue de alegría. No reivindicaron nada. No clamaron ningún derecho. No gritaron ninguna rabia antigua ni presente. Su voz fue clara y potente. Su grito fue de autoafirmación. Cayó como un velo amable sobre el valle. La montaña escuchó en silencio. El mundo se plegó a su derecho. La vida es bella. Cuatro voces. Si quieres, puedes. Un solo tiempo. El improvisado canto de las jóvenes barrió de un plumazo la tarde.

La brisa del mar llegaba a la montaña y las jóvenes lobas aullaban su regocijo. Cuatro hermanas de manada dispuestas a comerse el mundo que, a su pies, se divisaba tierno. Verde el valle, el mar al fondo de color luz.  Fue una imagen poderosa. Tan poderosa que al caer la tarde quedó reposando sobre mi. Tan poderosa que es una imagen para compartir. Es para todas. Y la comparto con la esperanza de que las jóvenes lobas de hoy encuentren la fuerza para pisar este mundo sin pedir permiso.

Al fin, sin temor.

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