lunes, 31 de octubre de 2016

El sangrado libre

He vuelto a ser cíclica. Después de estar más de dos años y medio sin menstruar tras el parto de mi hijo pequeño, hace tres meses, volví a sangrar. He de reconocer que tenía ganas de volver a sentir la menstruación. Hubo momentos en que creí que de la amenorrea posparto pasaría a los comienzos de la menopausia en un continuo que, la verdad, no me apetecía nada. Así que afortunadamente para mi, regresó la menstruación y con ella, los cambios. Noto los cambios hormonales y las sensaciones que acompañan a la ovulación; mientras no presento casi síntomas premenstruales ni menstruales. He de explicar que sigo lactando a mi hijo, así que en esta fase, comparto lactancia y menstruación.

Un antes y un después en mi menstruación, tuvo lugar durante un curso de Relajación del útero que celebramos en Lanzarote. A este curso, tuve la suerte de que acudiera una mujer sabía mayor, de origen peruano, que nos contó muchas cosas interesantes. Siempre es un placer y un lujo cuando las mujeres más mayores tienen la generosidad de compartirse en los cursos. Una de las historias que más captaron mi atención tenía que ver con su infancia en la selva peruana. Su abuela paterna era indígena y cuando ella llegó a la pubertad, la retó a que buscara en las mujeres del pueblo restos de sangre ya que estas mujeres no usaban ropa interior. Durante meses, intentó encontrarlos en aquellas mujeres que vivían sin ropa interior, sin compresas ni tampones. 

Finalmente la abuela le contó cómo lo hacían: practicaban el sangrado libre. Las mujeres retenían el sangrado menstrual en su útero, hasta que lo abrían para vaciarlo. Me pareció muy lógico y muy difícil de conseguir. Pero, igual que cuando leí a Casilda hablar de la tensión del útero, empecé a practicar para conseguirlo. Al principio parecía realmente complicado, hasta que un día, de repente, sucedió. Pude controlar la salida de flujo menstrual de mi útero. Como un esfínter más, el cuello del útero puede abrirse y cerrarse a conciencia. De hecho, solo utilizaba durante toda la menstruación salvaslip de tela, incluso en la noche. 

Ahora que vuelvo a menstrual, me estoy volviendo a entrenar en el control del cuello de útero. Por si te apetece intentarlo tú, te daré el truco que estoy usando: empezar siendo más consciente de cuando relajas para soltar, ese gesto interno y milimétrico de abrir el cuello del útero y descargar la sangre. A partir de localizar el gesto de soltar, pasar poco a poco tomar conciencia de la zona y a mantener cerrado el esfínter sin excesiva tensión muscular de la pelvis. Parece complicado, pero tiene que ver más con la conciencia corporal que con habilidades extrañas.  

Si os apetece andar este camino, ya me diréis cómo resulta.

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jueves, 6 de octubre de 2016

Las lobas que vienen

Cuatro lobas subieron a la montaña en la que vivo. Cuatro lobas pequeñas, apenas apuntando el cuerpo de hembra bajo sus ropas. Cuatro lobas, cuyos ojos han visto algo más de una década en esta tierra, subieron la montaña con pies y manos, como animales. Subieron y aullaron al valle. Su grito fue de alegría. No reivindicaron nada. No clamaron ningún derecho. No gritaron ninguna rabia antigua ni presente. Su voz fue clara y potente. Su grito fue de autoafirmación. Cayó como un velo amable sobre el valle. La montaña escuchó en silencio. El mundo se plegó a su derecho. La vida es bella. Cuatro voces. Si quieres, puedes. Un solo tiempo. El improvisado canto de las jóvenes barrió de un plumazo la tarde.

La brisa del mar llegaba a la montaña y las jóvenes lobas aullaban su regocijo. Cuatro hermanas de manada dispuestas a comerse el mundo que, a su pies, se divisaba tierno. Verde el valle, el mar al fondo de color luz.  Fue una imagen poderosa. Tan poderosa que al caer la tarde quedó reposando sobre mi. Tan poderosa que es una imagen para compartir. Es para todas. Y la comparto con la esperanza de que las jóvenes lobas de hoy encuentren la fuerza para pisar este mundo sin pedir permiso.

Al fin, sin temor.

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