miércoles, 17 de agosto de 2016

Alas para volar

 De tanto ir al encuentro de lo profundo, nos han salido alas. Y las alas son para volar, para vivir lo que deseamos, para construirnos una vida a lo grande y a lo pequeño: nuestra vida, en definitiva. Así que en estos días estamos de mudanza, cambiando el nido, mudando las plumas. La nueva casa está en lo alto de una montaña con vistas al mar en la zona de la Marina Alta, al norte de la provincia de Alicante. 

Este es un cambio de a cuatro que se alimenta de nuestro espíritu viajero y las ganas de probar otros vientos y colores. Andamos acomodándonos entre cajas de cartón y rincones insólitos. Una casa se hace tuya cuando reconoces los sonidos y el olor. Por ahora, estamos encontrándonos, ajustando el oído y el ojo, como la casa se acomoda poco a poco a nuestros muebles y enseres, para ella tan extraños. 

La casa, en lo alto de la montaña, nos ha recibido con un regalo maravilloso: una serpiente nos ha visitado para dejarnos su camisa en la zona de la barbacoa. Señala que es un lugar para mudar, crecer y transformarnos. El último curso que ofrecí en Madrid, en junio, tenía que ver con la serpiente, símbolo portador de lo cíclico, lo femenino, el cambio y la transformación. No le tememos al cambio, ya no, pues lo sabemos inherente a la vida. Ha sido un buen regalo.

Nos han salido alas a los cuatro y hemos decidido volar. A dónde nos lleven los nuevos vientos es aún un misterio, pero huele a salitre y a roca y a fuego y a higuera. Huele a círculo, libertad, alegría. Huele a aventura. 

Iniciamos un nuevo tramo del camino y espero que sigamos juntas, encontrándonos, como las viejas amigas que con una sola mirada recuperan la complicidad y el lenguaje compartido.

Y es que cuando salen alas, solo podemos volar.

1 comentario:

Ana Gálvez dijo...

Precioso texto! Enhorabuena por el cambio os deseo bonitas vivencias y olores en este nuevo ciclo. Un abrazo

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