martes, 23 de agosto de 2016

Pornografía o deseo

Hace unas semanas, a raíz de la violación de una mujer en las fiestas de San Fermines, por cinco amigos jóvenes que estaban de juerga, escribí un post que se tituló Violar lo normal. En él alegaba que la normalización de la violencia eran un proceso de educación en el que el porno tenía una función primordial. Que hoy en día los chavales (hombres y mujeres), casi niños, accedan a su sexualidad a través de esas imágenes cargadas de misoginia y violencia contra las mujeres, va a ser un problema con el que tendremos que lidiar antes que temprano. Serán los novios de nuestras hijas, nuestras propias hijas aceptando una sexualidad aberrante, nosotras mismas. 

No faltó quien no considerara al porno un elemento tan perjudicial. Hoy he visto este video que quiero compartir con vosotras. Se trata de una charla de Ran Gavrieli que nos cuenta las razones por las que él dejó de ver porno. Y es que el deseo, el propio, el que vamos generando al ritmo de nuestras hormonas durante la infancia y la pubertad nada tiene que ver con las escenas porno que colonizan nuestra mente. Es imprescindible ver este video.

Merece la pena verlo, abrir el diálogo y pararnos a reflexionar, ¿De verdad de igual que veamos porno, de verdad somos dueñas de nuestro deseo, de verdad nuestra sexualidad nos pertenece, de verdad no hay más implicaciones éticas en el hecho de ver porno? 


miércoles, 17 de agosto de 2016

Alas para volar

 De tanto ir al encuentro de lo profundo, nos han salido alas. Y las alas son para volar, para vivir lo que deseamos, para construirnos una vida a lo grande y a lo pequeño: nuestra vida, en definitiva. Así que en estos días estamos de mudanza, cambiando el nido, mudando las plumas. La nueva casa está en lo alto de una montaña con vistas al mar en la zona de la Marina Alta, al norte de la provincia de Alicante. 

Este es un cambio de a cuatro que se alimenta de nuestro espíritu viajero y las ganas de probar otros vientos y colores. Andamos acomodándonos entre cajas de cartón y rincones insólitos. Una casa se hace tuya cuando reconoces los sonidos y el olor. Por ahora, estamos encontrándonos, ajustando el oído y el ojo, como la casa se acomoda poco a poco a nuestros muebles y enseres, para ella tan extraños. 

La casa, en lo alto de la montaña, nos ha recibido con un regalo maravilloso: una serpiente nos ha visitado para dejarnos su camisa en la zona de la barbacoa. Señala que es un lugar para mudar, crecer y transformarnos. El último curso que ofrecí en Madrid, en junio, tenía que ver con la serpiente, símbolo portador de lo cíclico, lo femenino, el cambio y la transformación. No le tememos al cambio, ya no, pues lo sabemos inherente a la vida. Ha sido un buen regalo.

Nos han salido alas a los cuatro y hemos decidido volar. A dónde nos lleven los nuevos vientos es aún un misterio, pero huele a salitre y a roca y a fuego y a higuera. Huele a círculo, libertad, alegría. Huele a aventura. 

Iniciamos un nuevo tramo del camino y espero que sigamos juntas, encontrándonos, como las viejas amigas que con una sola mirada recuperan la complicidad y el lenguaje compartido.

Y es que cuando salen alas, solo podemos volar.

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