martes, 21 de junio de 2016

¡Hasta el coño!

¡Estoy hasta el mismísimo! De aguantar cada dos por tres a profesionales sanitarios darnos lecciones a las mujeres que levantamos la voz hablando de violencia obstétrica o que contamos nuestras experiencias en los paritorios de este país. Hasta las narices de las matronas que después de una charla sobre violencia obstétrica tienen el valor de decirme en mi cara que en treinta años de trabajo jamas han visto una inducción injustificada, una cesárea innecesaria, maniobra de Hamilton, rasurado, enema, atar las manos de una mujer en la cesárea, impedir el piel con piel con su hijo, hablar mal a la mujer que pare, faltar al respeto, tactos vaginales  a diestro y siniestro, separación madre-hijo sin evidencia que motive la separación, episiotomía, Kristeller, vía, oxitocina rutinaria, monitorización continua, impedirle el libre movimiento, negarle la comida o bebida... Hay que tener la cara muy dura o el corazón (no lo sé) para no identificar esto como una violencia que se ejerce a las mujeres.

Tan interiorizados tenemos el maltrato sobre el cuerpo de las mujeres, que ni siquiera reconocemos la violencia que se ejerce. A veces ni nosotras mismas la reconocemos. La atención sanitaria en el parto en nuestro país apesta, en general. Es verdad que después hay muy buenas profesionales intentando lidiar en un sistema francamente mejorable. Que son mujeres valientes que se enfrentan con las compañeras, la jerarquía y con quien haga falta para atender como corresponde a las mujeres. Pero son las menos y el sistema las penaliza o se tienen que buscar el plato de lentejas fuera, atendiendo partos en casa, porque terminan quemadas y doloridas de ver cómo se nos atiende.

Cada vez que una matrona o ginecóloga habla de estos temas lo hace con la estrategia del "niño muerto". Que viene a ser algo así como sois unas incultas y no sabéis lo peligroso que es parir. Y así, pretenden que nos callemos. Pues no cuela. Cambiad de estrategia. No cuela porque las estadísticas son machaconas y nos indican, por ejemplo, la alta tasa de cesáreas en nuestro país, muy por encima de lo recomendado por la OMS. Este dato nos informa de que casi la mitad de las cesáreas que se practican en este país no son necesarias. Y, por lo tanto, no tienen criterios médicos fiables detrás. Y no es el único dato.

No cuela porque en este país el Ministerio de Sanidad tuvo que elaborar una Estrategia de Atención al parto normal en el Sistema Nacional de Salud. Y no lo hicieron porque se aburrían. Lo hicieron porque la atención sanitaria del parto era un desastre.  A este documento, se adjuntó la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal. De este último documento recojo este párrafo (lo pongo en grande a ver si lo leen):

"Además, la medicina basada en la evidencia, ha puesto de manifiesto que la adopción de toda una serie de intervenciones que se han revelado inútiles, inoportunas, inapropiadas y/o innecesarias, ha constituido un grave error en el que se ha incurrido al tratar de mejorar los servicios de maternidad (4) .
En nuestro país, la Estrategia de Atención al Parto Normal en el Siste­ma Nacional de Salud, consensuada por todas las CCAA, está impulsando una profunda transformación en el modelo de atención al parto (5). Este cambio, que podríamos denominar paradigmático, pretende un nuevo módelo cuyos principios rectores serían la consideración del parto como un proceso generalmente fisiológico y la pertinencia de ofrecer una atención personalizada e integral que contemple tanto los aspectos biológicos como los emocionales y familiares, basada en la evidencia científica y respetuosa con el protagonismo y el derecho a la información y a la toma de decisiones informadas que la legislación reconoce a las mujeres. "


Documento que parece que los profesionales sanitarios que tanto parecen saber, no se han leído. O, si lo han hecho, no han entendido nada. Este texto lo que nos señala es lo erróneo de la práctica sanitaria y que dicha atención no está basada en la evidencia científica ni es respetuosa con la toma de decisiones de la mujer. Harta, hasta la nausea, de que una mujer que denuncia haber sido víctima de la violencia obstétrica  encima tenga que escuchar que no sabe, que es una ignorante o, lo que es peor, que no estaba suficientemente empoderada. Como si ahora el problema fuera que yo no estoy empoderada. No me fastidiéis. No se me ocurre que les vayamos pidiendo a los pacientes de cirugía cardiaca que se empoderen. Al final, las culpables somos nosotras. Por no empoderarnos. Que ya que están, nos pueden decir qué significa eso: ¿Empoderarse es saber lo que queremos? Y si lo sabemos y no se nos respeta. ¿Significa que podemos usar la violencia como defensa personal? Es que estamos pariendo, a ver si me entienden. 
Muy cansada, la verdad. 
¡Hasta el coño!

4 comentarios:

Buscando a Náyade dijo...

Muy de acuerdo contigo! Lo comparto

Nohemi Hervada dijo...

Si nos empoderamos piden una orden al juez para que venga la policía a llevarnos por la fuerza a hacernos una inducción. Ese es nuestro país y así nos tratan.

Mónica Felipe-Larralde dijo...

Sí, ahora es que el argumento para tirar las pelotas fuera es que no estamos empoderadas. Y si lo estamos, ¿qué pasa con nosotras? ¿En qué cambia eso la mala práxis médica generalizada?

Plataforma Pro Derechos del Nacimiento PDN dijo...

Me encanta que le digas al pan pan y al vino vino. A ver si somos capaces de empoderarnos de verdad y no admitimos más violencia en los paritorios ni con nosotros ni con nuestros hijos.
A ver si nos empoderamos de verdad y sacamos la cara todas cuando a una mujer se la arrebatan sus derechos y se la lleva a la fuerza a extraerle a su hijo.
A ver si nos empoderamos de verdad y sacamos nuestro coraje para defenderla porque ella no está en condiciones de hacerlo
A ver cuando nos empoderamos de verdad y les dejamos claro a los “profesionales” de la obstetricia, que no estamos dispuestas a dejarles pasar ni una más.
Ángeles Hinojosa

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