miércoles, 9 de diciembre de 2015

El baño turco

Traigo este maravilloso cuadro de Dominique Ingres del año 1862, que se titula El Baño Turco. En él vemos a un grupo de mujeres sensuales y desnudas. Y lo primero que viene a mi cabeza es cómo de libre se ha de ser por dentro para permitirte vivir esa experiencia de sensualidad y mostrarte desnuda delante de otras mujeres. 
A mi el Baño Turco me sugiere privacidad. Un espacio propio en el que las mujeres se saben protegidas y se permiten vivir su cuerpo y su sexualidad. Me gusta pensar que no esperan a ningún hombre (que no es un harén); sino un hamman. Y que están libres de la mirada masculinas sobre ellas. De las miradas masculinas y de las miradas de las demás mujeres. 
Para vivir esta experiencia hay que sentirse muy cómoda bajo la piel que habitamos. Hay que derruir el muro construido a base de vergüenza y culpa con el que las mujeres occidentales hemos crecido. Para permitirnos Ser, también en lo sexual, hemos debido desencarnar antes el personaje con el que nos vestimos para sobrevivir a la educación. Aprendimos a vivir nuestra sexualidad a la vez que aprendimos a vivir nuestro cuerpo. ¿Abrazamos con amor nuestros pechos incipientes durante la pubertad? ¿Y el primer vello, sentíamos asco, admiración, ilusión, aceptación, repulsa? ¿Apreciamos nuestra menstruación como un regalo o, por el contrario, la vivíamos a escondidas, con vergüenza, que nadie se entere? Nuestro cuerpo se redondeó y con él aprendimos a medirnos, compararnos y sentirnos, quizá, inadecuadas dentro de nuestra piel. 
Lo mismo podemos decir de los primeros ardores de juventud.¿Fueron recibidos con alegría y naturalidad por el entorno o se nos hizo saber que eran inaceptables? ¿Nos hicieron sentir como una puta, una guarra,  porque deseamos y sentimos placer? ¿Fue nuestra sexualidad vivida con culpa o silenciada? ¿Nos dimos cuenta de que había personas que sí tenían derecho a vivir su sexualidad (los adultos, los hombres, los niños) y otras no (las mujeres, las niñas)?
Mucho me temo que en nuestra cultura, para permitirnos derrumbar las máscaras que nos impiden vivir así, necesitamos reconsiderar de nuevo gran parte de nuestra educación y de la carga de represión que con ella vivimos. Nos han educado en una normalización de la sexualidad que sugiere que hay una norma limitada y correcta de ser y que todos los demás deseos o sensaciones que se salen de esto es algo erróneo o anormal. 
A mi este cuadro me sugiere libertad. Libertad para permitirme sentir. Y también me sugiere algo más. La posibilidad de dar cabida en el interior de una misma a todos los matices, sensaciones, deseos y aspectos de la sexualidad. Cada figura de este cuadro puede representar una parte de ti misma, una sensación, un deseo, una manera, una respuesta, un placer. Todas juntas formarían tu manera única y particular de expresar y vivir tu sexualidad. En realidad, la única que importa. 

Creo que responder a estas preguntas, cuestionarse otras, explicar tu experiencia, compartir recursos y vivencias, expresarte (sacar la presión) y compartir sin miedo es un paso imprescindible en el despertar de nuestra sexualidad. Por eso la tercera edición del curso Sexualidad: claves de mi cuerpo de mujer, tiene la novedad de poner en funcionamiento un espacio de encuentro virtual en el que poder encontrarnos para compartir. Se llama La Danza Azul (dentro de poco sabréis porqué) y comienza antes que el curso. El próximo viernes, 11 de diciembre, abrimos las puertas de La Danza Azul. Y lo vamos a inaugurar con un cine fórum.  Así que, si te interesa este tema y estas dispuesta a transformar viejos patrones, Sexualidad: claves de mi cuerpo de mujer puede ser una alternativa para ti.


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