domingo, 8 de noviembre de 2015

Lactancia: atención sanitaria

La atención sanitaria a las mujeres deja mucho que desear en general. No me gusta ser tan categórica pero es evidente que el sistema médico androcéntrico va dejando un historial de víctimas detrás con nombre de mujer. El tema de la lactancia es especialmente sangrante. La falta de conocimientos sobre lactancia del sector sanitario debería producir sonrojo y vergüenza en el colectivo. Ni profesionales de la ginecología, ni matronas, pediatras o médicos de familia tienen en general demasiada idea de qué va esto.  Como siempre, hay un grupo de profesionales que sí se han ocupado de conocer y saber de verdad lo que significa una mastitits, un mal agarre o un frenillo, pero, desafortunadamente, no es lo común.

Por eso escribo este post. 

No hay más que pasarse por un grupo de apoyo a la lactancia presencial o virtual para poder hacer una estupenda recopilación de mitos, prejuicios y estupideces que los profesionales sanitarios han dicho a las mujeres: desde “tu leche es aguá colorá” al “no alimenta” o “no existe el frenillo submucoso” o “si tienes mastitis deja de dar de mamar” o “amamantar duele”. Cada una de las mujeres que hemos tenido problemas con la lactancia tenemos una historia, generalmente, de desamparo médico detrás.

Ahora está de moda decir que la lactancia es lo mejor para el bebé. Pero ante cualquier problema, los sanitarios, que no saben resolverlo – porque no los/se han formado-, inmediatamente ofrecen el biberón. Y lo que muchas mujeres queremos no es dar el biberón cuando surgen problemas con la lactancia, lo que muchas mujeres queremos es que se resuelvan los problemas y continuar alimentando a nuestros hijos como y hasta que nos de la gana. Para dar un biberón no hace falta ir al médico. Lo peor, no es que los profesionales no sepan de lactancia. Lo peor es que mienten, dan información errónea  o se inventan cosas con tal de no mostrar que no saben. Con lo bien que quedarían cuando va una mujer a su consulta con una mastitis, diciendo:
  • -   Espera, que no sé que tengo que hacer. Voy a llamar a quien sí sabe o a contactar con un grupo de apoyo a la lactancia (cuya información científica suele estar más actualizada y ser muy superior a la que manejan la mayoría de los sanitarios, todo hay que decirlo) o voy a formarme.

Entonces, a las mujeres no llegarían a casa con una mastitis y la prohibición de amamantar hasta llegar al absceso o con un biberón y las lágrimas en los ojos o con la idea (prejuicio machista donde los haya) de que nuestro cuerpo nos provoca dolor y que amamantar duele y hay que sacrificarse. Entonces las mujeres podríamos disfrutar de una lactancia placentera y saludable, sin dolor ni enfermedad.

Otro asunto muy controvertido es la falta de conocimiento del sanitario de turno sobre los medicamentos compatibles con la lactancia. Yo he tenido que oír en una consulta que mientras esté dando de mamar, no me podían recetar nada para una dolencia. Como si tuviera que elegir entre estar sana y alimentar a mi hijo. Entre la salud de mi hijo y la mía propia. Sobre todo, cuando existen recursos al alcance de todos para ver la compatibilidad de los medicamentos con la lactancia. No hacer uso de estas herramientas (como e-lactancia) o hacer que la mujer elija es de una falta de profesionalidad absoluta.  

La parte positiva de esto es que las mujeres nos hemos tenido que trabajar la autogestión de la lactancia y la información circula de igual a igual en los grupos de apoyo. Una forma de conocimiento valiosísima que debe recuperarse en los demás ámbitos. La parte negativa son las miles de mujeres que no llegan a contactar con estos grupos y que pierden la lactancia a pesar de su deseo de mantenerla.  La parte negativa es que hay cuestiones, como operaciones de frenillo o el análisis de la leche en una mastitis o la receta de algunos antibióticos en la que necesitas al sistema médico para que accedas a ellos. Son numerosas las familias que se ven obligadas a viajar a otras provincias o a ir de consulta en consulta hasta que encuentran a un buen profesional capaz de tratar un simple frenillo. Por el camino, obstrucciones, mastitis, abscesos, lactancia…

Una vez más, el cuerpo de la mujer es ninguneado y poco tenido en cuenta. Una vez más, el deseo de las mujeres (de dar de mamar), minusvalorado. Una vez más, lo que no existe en el cuerpo de los hombres, no existe para la ciencia.

¿Hasta cuándo? 

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