jueves, 21 de mayo de 2015

Maternidad y patriarcado

Os dejo un breve video para reflexionar sobre un aspecto central en la experiencia de vida: la maternidad. Un reflexión en voz alta sobre un tema que, infinitamente más amplio, merece ser acogido y mirado. ¿Cuáles son los modelos más comunes de ser madre que el patriarcado nos permite? ¿Por qué la maternidad puede ser tan rompedora? ¿Cómo sería una maternidad no patriarcal? No pretendo agotar las respuestas a estas preguntas ni mucho menos (creo que son las respuestas de toda una vida), sino aportar un inicio apenas, un hilo, para propiciar la reflexión personal de cada una.









lunes, 11 de mayo de 2015

Las perfectas hijas del patriarcado (podcast)

(Podcast)
¿Prefieres escucharlo en vez de leer? Ahora, podrás escuchar los podcast que iremos subiendo semanalmente. Así, mientras haces otra cosa, podrás estar al día de lo que por aquí se cuece. Hoy hablamos sobre nuestros sentimientos de malestar y su origen a raíz de un mail de una lectora.




Esta mañana he recibido un mail que me ha emocionado. Una mujer me cuenta su historia y me da las gracias, porque, ha llegado a una comprensión profunda de sus males. La perfecta hija del patriarcado (que somos muchas de las que ahora estamos en la mediana edad), hicimos todo lo que se nos pidió. Fuimos buenas, estudiamos (generalmente una carrera universitaria), no fuimos madres en nuestra veintena, trabajamos, abrazamos el feminismo de la igualdad (ideológica o activamente), nos emancipamos, nos casamos o tuvimos parejas estables... y tuvimos hijos. 


Lo que con tanto esfuerzo nos había costado crear se desmoronó de la noche a la mañana. Frente a ese ser diminuto, en las noches de insomnio, comenzaron muchas de nuestras preguntas a formularse más concretamente y no encontramos respuesta. No encontramos la respuesta porque como el pez que vive dentro del agua, no sabíamos que podía haber otro medio. Nos creímos el patriarcado como oxígeno y señalábamos donde no era como foco de insatisfacción.

Las perfectas hijas del patriarcado nos sentimos íntimamente molestas, en una profunda protesta interior, insatisfechas. Las perfectas hijas del patriarcado intuimos que hay algo que está mal, pero erróneamente pensamos que eso que está mal está en nuestro interior: vamos a terapias, leemos libros de autoayuda, abrazamos ideologías, nos desarrollamos espiritualmente y esperamos con el corazón encogido que algo funcione. Que pueda descansar, al fin, y me sienta adecuada, que pueda sonreír de verdad en las fotos. 

Leer a Casilda Rodrigañez y su libro La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente, fue para mi un gran alivio. Comprendí que no era yo. No era solo yo. Mi queja, mi protesta tenía al fin un sentido. Pude poner palabras a lo que venía sintiendo desde el origen. Pude señalar lo correcto y lo incorrecto, el origen de mi dolor. Fue una gran liberación. No solo porque a raíz de su lectura comencé a relajar mi útero y mis ojos se volvieron hacia mi cuerpo, sino porque se abrió ante mi un camino, el mío propio, y eso me permitió alzar el vuelo con los pies en la tierra.


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jueves, 7 de mayo de 2015

Queridas hermanas:

Os debo este post desde hace demasiado tiempo. Quizá porque ya no me quedan femipuntos, quizá porque en el fondo me importáis un bledo, quizá por pereza y que tengo cosas mejores que hacer, no me había sentado aún a escribir lo siguiente. Aquí está:

"Oh, Diosas laicas del ¿activismo? ¿feminismo? que eleváis el índice y arrugáis la nariz ante la expresión o el proyecto de una hermana, dejadme que os cuente algo que quizás ignoráis: apesta. Esa pretenciosa coherencia de la que presumís y esa pose que sobrevuela el bien y el mal no resiste más que un par de lecturas atentas de vuestros textos. Esa supuesta autocrítica almibarada que solo rezuma autocomplaciencia mientras degolláis a la hermana, apesta. Los hedores de vuestra ignorancia, incoherencia, neurosis y narcisismo se aprecian a distancia. Como los de todas. Somos todas hijas del patriarcado y nos rechinan las palabras y se nos escapan entre los dedos los valores que supuestamente anhelamos. Pero, escuchadme bien, una cosa es que nos veamos la mugre y otra ir a las casas de las hermanas con el algodón empapado en alcohol queriendo señalar públicamente sus vergüenzas. Os convertís en la policía del dogma, pretendéis imponer quien sí y quien no está dentro del orden. ¿Disculpad? No hemos llegado hasta aquí en el intento de librarnos del yugo del sistema para caer en vuestras garras.

¿De verdad no podéis asumir que hay más voces que las vuestras/la tuya? ¿En serio creéis que tenéis que estar invitadas a todas las fiestas, ya sabéis, eso de ser la novia en la boda y el muerto en el entierro? ¿De verdad consideráis que solo cabe un discurso y es precisamente el vuestro? ¡Vaya, qué casualidad! ¿No os parece extraño? ¿No os habéis parado a pensar que, en un mundo con siete mil millones de almas,  caben siete mil millones de discursos y maneras de expresar? No puedo imaginarme nada más patriarcal que pretender cercenar las voces de las hermanas. Las voces discordantes. Las otras. La línea.

No suelo criticar a las demás, su expresión ni sus proyectos, no porque esté de acuerdo con todas las iniciativas, de hecho algunas me resultan realmente abominables, otras simplemente idiotas, (¿veis ?yo también sé juzgar con ligereza), sino porque:

1.- No doy por sentado que mi opinión es más importante que la de las demás, y, por lo tanto, asumo que es absolutamente prescindible.

2.- No creo que nadie tenga que ser salvada de nada. Doy por sentado que las mujeres son mayores de edad y tienen capacidad de discernir por sí mismas.

3.- Lo más probable es que estemos todas equivocadas.

4.- Y porque vuestra visión cuenta, es importante también, aunque no esté de acuerdo con ella por completo o en parte. Porque suma para el cambio que anhelamos, tenéis que estar y sois importantes. 

Puedo ver las costuras de vuestro juego y no me interesa. Es el tipo de juegos que en el patio del colegio nunca me interesó. Llamadlo ética si queréis. Me interesa más crear que destruir, respetar que arrasar. Ahora en serio, ¿Os creéis que las demás somos idiotas? Que no juguemos no significa que no podamos ver vuestra mugre. No hace falta ni asomarse debajo de la cama. La verdad es que no me interesáis lo suficiente. Debe de ser que soy mayor. Eso sí, tampoco esperéis de mi, paciencia infinita."



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