sábado, 7 de marzo de 2015

¿Podemos criar a nuestros propios hijos?


No tengo demasiado tiempo para escribir. A veces siento que la realidad es demasiado rápida y ruidosa. Tanto que no nos permite ni un segundo para la reflexión. Aquí van las mías, en forma de telegrama, sobre el programa que Podemos ha elaborado sobre los cuidados.

1.- Me horroriza que el Estado decida por mi como deseo plantear mi vida. Las bajas irrenunciables para el padre y la madre es lo que tienen, que no dejan margen de maniobra al personal. Mi propuesta: que el Estado garantice, al menos,  dos años de baja ma/paternal y que en mi familia decidamos si las queremos coger o no y cómo hacer el reparto sería lo adecuado.

2.- Como se ve, es más fácil legislar lo que pasa dentro de mi casa, que las tropelías de los mercados y poderes socioeconómicos. Habría sido un buen intento de Podemos, decidir, por una vez, pararle los pies al mercado de trabajo y no a mi. Es decir, hacer leyes que nos garantizaran a todos, hombres y mujeres, poder vivir como deseemos sin que ello signifique morir de inanición o renunciar a tener una vida laboral. Legislación concreta sobre discriminación laboral en razón de sexo o por ejercer derechos laborales habría estado bien.

3.- Ya está bien de hacer esa distinción manida y sospechosa de dividir la cuestión reproductiva de la cuestión productiva. Sin la reproducción, la producción se extingue. Demos a cada cosa la importancia que tiene y entendamos que los seres humanos somos mucho más que meros peones o personas productoras/consumidoras. Pongamos al ser humano en el centro de las tomas de decisiones y no únicamente a la lógica mercantil.

4.- Es increíble como, a pesar de la alta automatización de muchos empleos, gracias a las nuevas herramientas digitales, las jornadas de trabajo no se han reducido en ningún sector. Lo que antes tardaba veinte minutos en hacerse, hoy con dos clics está resuelto y, aún así, seguimos trabajando las mismas horas. Sería esperable un ajuste de la duración de la jornada laboral en todos los sectores. Una reducción de la jornada laboral para todos sin una reducción del sueldo, claro, estaría más que justificada. Reducir horarios comerciales y cerrar antes para permitir la conciliación con la familia habría sido un buen tanto.

5.- Los cuidados no son un problema, son la base de la realidad del ser humano. Nos cuidan y cuidamos. Esa es la vida. Es la cadena que nos hace vincularnos y crear sociedades más solidarias y empáticas. Los niños, esa ciudadanía de segunda, también tienen derechos de los que nadie se acuerda. Y dado que acceder a la ma/paternidad hoy en día es un acto libre y voluntario, no estaría de más que como sociedad tendiéramos a garantizarlos y protegerlos.

6.- El problema, no me cansaré de decirlo, no es la maternidad. El problema es el sistema socioeconómico en el que millones de mujeres accedemos a la maternidad. Adaptar el sistema económico y laboral a la reproducción, es un beneficio para todos, incluido aquellas personas que no desean reproducirse.

7.- Sería imprescindible que los partidos políticos que pretenden legislar para el pueblo, se esmeraran en garantizar la libertad de las tomas de decisiones de la ciudadanía. Un derecho al que no se puede renunciar, por más que nos lo pretendan vender como tal, no es un derecho, es una obligación (¿educación, bajas paternales...?) Una decisión que se toma sin opciones reales, no es una decisión libre.

8.- Las medidas de conciliación consistentes en institucionalizar más horas la infancia, no son medidas de conciliación, son medidas de explotación. De explotación de la infancia y de los trabajadores. Pierde el eslabón más débil: los niños.

Es tarea de todos y todas, desenmascarar el control biopolítico, por más que nos lo vendan disfrazado de medidas progresistas. En mi cama, en mi maternidad, en mi crianza no se mete nadie. Yo decido. Con que los poderes públicos garanticen la efectiva libertad de la toma de decisiones, es suficiente.

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2 comentarios:

Carotenos Clorofila dijo...

Simplemente fantástico lo que has escrito!

Anónimo dijo...

¡sí, sí!

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