miércoles, 11 de junio de 2014

El origen de la violencia

Ayer llega mi hija de nueve años del colegio y me dice: 
- Mi amiga X me ha dicho un secreto, si un chico te pega es que le gustas. 

Después de dar las explicaciones que imaginaréis me quedo dando vueltas en la cabeza, pensando cómo es posible que a día de hoy todavía se mantengan estas viejas ideas que creía caducas. Me quedé pensando en la violencia de género, en las mujeres muertas, en las relaciones de pareja insanas, en tantas vidas atrapadas… Y entonces caigo en que la base de esas creencias, como de tantas otras situaciones en la vida, sigue siendo una crianza y una educación autoritaria y una relación con los padres problemática y conflictiva. Desde que la niña nace le contamos que la queremos mientras la chantajeamos, e, incluso, a veces, llegamos a la violencia física, imponemos nuestro único criterio, no la dejamos hablar ni expresar. Con una mano mecemos la cuna, con la otra tapábamos su boca. Con una mano, le damos la comida, con la otra la moldeamos para que sea una niña buena ajena a sus necesidades y sentires.

Nos dedicamos en cuerpo y alma a hacerla dócil, necesitada y sumisa. Y, sobre todo, nos empeñamos en que deje de gustarle lo que le gusta, deje de pensar por sí misma y de sentir su propio cuerpo. La asexuamos y no le permitimos que conecte con su propio deseo y placer. Cuando llega la adolescencia, esa niña no sabe quién es ni lo que quiere y, con una naturalidad que nos deja asombradas a muchas, se embarca en la complicada tarea de ser mujer en este mundo. Por el camino, se encontrará con chicos primero, después serán hombres, que repetirán con ella el mismo aprendizaje, las mismas consignas. Él habrá aprendido que si quiere a una chica, la tendrá que chantajear, controlar e, incluso, pegar. Y ella habrá interiorizado tan profundamente que "quien bien te quiere te hace llorar" y habrá perdido todo contacto interno con el sentir, que quedará atada de pies y manos ante la violencia y no sabrá ni poner nombre a lo que siente.


Hay que crear otra educación y relacionarnos con nuestros hijos desde el amor y el deseo  para que el día de mañana ellos sean capaces de discernir qué es amar y que no e, imprescindible,  qué sienten y desean en su interior. Entonces, como de un mal sueño, podremos despertar de las relaciones violentas.

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