lunes, 19 de agosto de 2013

Sexualidad y violencia


"La más grande amenaza para la paz del mundo proviene de aquellas naciones que tienen los ambientes más pobres para sus niños y que son las más represivas en cuanto al afecto sexual y a la sexualidad femenina.


Como neurosicólogo del desarrollo he dedicado mucho estudio a la peculiar relación entre violencia y placer. Ahora estoy convencido que la privación del placer sensorio físico es la principal causa raíz de la violencia. Experimentos con animales de laboratorio muestran que el placer y la violencia tienen una relación recíproca, es decir que, la presencia del uno inhibe la otra." 

James W. Prescott

Ando estos días ultimando los contenidos del curso Sexualidad: claves de mi cuerpo de Mujer y no quiero pasar por alto la oportunidad de compartir con vosotras algunas de las conclusiones más interesantes que me voy encontrando. En este caso, me gustaría hablar de la relación existente en la violencia y el sexo. Para comenzar diré que mi visión de la sexualidad es mucho más amplia que el acto sexual en sí que podemos apreciar imperante en la sociedad y medios de comunicación: es decir, el acto sexual entre dos adultos, con preferencia heterosexual (aunque cada vez más aceptadas otras opciones sexuales) que implica a los órganos sexuales. Para mi la sexualidad no ocurre únicamente cuando estamos realizando el acto sexual; creo que somos sexuales desde la misma concepción y que a lo largo de nuestra existencia vamos desplegando y desarrollando formas diferentes de vivir esa sexualidad innata.

Sexualidad sería, entonces, la corporalidad de una madre y su cría (no en vano, fisiológicamente intervienen las mismas hormonas en el orgasmo que en el parto o la lactancia, por ejemplo); sexualidad sería también la relación que desarrollo con el mundo a través de mi cuerpo físico, la toma de conciencia y el contacto profundo con las sensaciones físicas experimentadas a través de los sentidos; sexualidad, sería, la relación que poseo con los demás... y es en este último sentido en el que deseo desarrollarme más en este post. No es novedoso que desde la neuropsicología hasta la antropología se haya estudiado la relación entre la sexualidad y su represión y las conductas humanas violentas. Diferentes estudios han concluido que la represión del contacto en la primera infancia es una condición universal para la expresión de la violencia adulta:

"Estoy convencido de que los comportamientos anormales tanto sociales como emocionales resultantes de lo que los sicólogos llaman privación "materno-social", es decir falta de ternura y cuidado amoroso, son causados por un único tipo de privación sensorial, la privación somatosensorial. Derivado del griego 'cuerpo' el término se refiere a las sensaciones de tacto y los movimientos corporales que difieren de los sentidos de la vista, escucha, olfato y gusto. Creo que la privación de la caricia o tacto corporal, del contacto y de los movimientos son las causas básicas de varios trastornos emocionales que incluyen entre otros, los comportamientos depresivos, autistas, hiperactivos, aberraciones sexuales, abuso de drogas, violencia y agresión".*


Pero no solo la primera infancia del niño es elemento base para la determinación de la violencia posterior. Se ha descubierto que las sociedades donde existe una fuerte represión sexual prematrimonial (durante el periodo de la adolescencia), los índices de violencia son igualmente altos y estables.  

"Las sociedades que proveen a sus infantes de una gran cantidad de afecto físico ("cuidado amoroso y tierno") se caracterizan posteriormente por estar formadas por adultos relativamente no violentos. En 36 de 49 culturas estudiadas, un alto grado de afecto de los infantes estuvo asociado con una bajo grado de violencia física entre adultos—y viceversa. Cuando las 13 excepciones fueron investigadas, se encontró que la violencia de todas estas culturas excepto una (la de la tribu Jívaro de Sudamérica) pudieron ser explicadas por la presencia, o mejor por la abstención de comportamiento sexual antes del matrimonio".*

Quizá entonces, podríamos darnos cuenta de cómo la cosificación de la mujer normalizada en los medios de comunicación (desde la televisión a las revistas o el cine y la literatura); de cómo se violenta nuestro cuerpo a través de modelos antinaturales y enfermos y de las relaciones interpersonales violentas, pueden tener una respuesta que pasa por nuestra relación con la sexualidad. 
"No es sorprendente pues, que cuando se presentan altas necesidades insatisfechas, combinadas con la privación de afecto físico el resultado sea la presencia del egoísmo (o egolatría) lo mismo que altas tasas de narcisismo. De la misma forma, las danzas exhibicionistas y la pornografía pueden ser interpretadas como un substituto para la expresión normal del sexo. Algunas naciones que presentan bastante represión hacia la sexualidad femenina tiene variadas formas de "arte" pornográfico". (...) Estos hallazgos sorprendentemente respaldan la tesis de que la privación del placer físico a través de la vida—pero particularmente durante los periodos formativos de la infancia, la niñez y la adolescencia—está fuertemente relacionada a la presencia de las guerras y a la violencia interpersonal. Estas evidencias deberían ser aplicables a sociedades complejas industriales y post-industriales".*

Así que creo imprescindible revisar nuestras creencias, historia y sexualidad que explican mucho más de nosotras y nuestra cultura de lo que, en principio, podíamos pensar. 

* James W. Prescot, El placer corporal y el origen de la violencia. The Bulletin of Atomic Scientisits. Noviembre, 1975.





2 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bueno

Anónimo dijo...

Esto es casi como revolucionario
Me encanta tu blog

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