jueves, 29 de agosto de 2013

Sexualidad: claves de mi cuerpo de mujer


El cuerpo de la mujer, tradicionalmente negado, rechazado y vejado por la mayoría de 
las culturas, es una de las grandes asignaturas pendientes.





Frente a las visiones puritanas, retorcidas, funcionales o esteticistas de nuestros cuerpos, necesitamos retomar el valor que tienen desde una perspectiva naturalista y empoderante que no niegue la biología ni la mente, a la vez que asume la fuerza de la cultura, y nos capacite para relacionarnos con él de forma sana y coherente.

Hablar de sexualidad es hablar de relación. Sobre todo de la relación que mantengo conmigo misma. Es hablar de deseo y placer, de presencia, de conciencia, de energía, de Amor (en genérico)… hablar de sexualidad es hablar de  Vida.

Nos han educado en la represión sexual, en la negación del placer como parte innegable de la existencia y nos hemos acostumbrado a poner un muro de ladrillos, tensiones y corazas entre el mundo que nos rodea y nosotras mismas. Es como si entre el mundo y yo misma se interpusiera un escudo infranqueable que me oculta, pero, a la vez, me impide Vivir en mayúsculas. Es difícil vivir la sexualidad estando acorazada, con tabúes, miedos, estereotipos y cadenas…

La propuesta de este curso es una toma de conciencia del cuerpo como elemento vertebrador e indispensable de las experiencias, no solo sexuales, sino vitales.

Ofrecer una perspectiva diferente sobre el sexo y la sexualidad, entendiendo la sexualidad como una manera de estar en el mundo en la que tiene cabida el sexo, la 
maternidad (embarazo, parto y lactancia), el ciclo menstrual o, incuso, la creatividad.

Abrir nuestros sentidos para permitirnos ir liberando las corazas, los miedos y las resistencias que, tanto en las mentes como en el cuerpo, no nos dejan ser quienes somos.

Frente a la visión más tradicional de la sexualidad entendida como acto sexual (preferentemente entre adultos  heterosexuales), nos disponemos a recorrer nuestro cuerpo y a conquistarlo para abrir las puertas de los sentidos y el potencial que adivinamos en él. 

Este curso se articula en torno a tres propuestas complementarias:

- Seminario on line de tres horas el día 22 de febrero de 2014 con teoría y prácticas donde las participantes pueden  exponer sus dudas y experiencias. Las clases quedarán grabadas a disposición de las participantes durante 20 días.

  • Clase 1: Exposición teórica (con preguntas y respuestas).
  • Clase 2: práctica corporal (con preguntas y respuestas). 
  • Clase 3: práctica corporal (con preguntas y respuestas). 


- Archivos de audio con ejercicios guiados.

- Un blog privado y exclusivo para las participantes durante 20 días con recursos, videos, textos, bibliografía y la posibilidad de compartir experiencias, dudas y opiniones con las demás participantes. 



Si deseas recibir el programa completo del curso sin compromiso, 
escribe a:

Más información en: 


lunes, 26 de agosto de 2013

No, no es amor

Hace poco compartí en Facebook una tabla que el Instituto Andaluz de la Mujer había hecho pública sobre las actitudes que suponían control y posesión en la pareja en un intento de mostrar a las jóvenes y adolescentes la cara oculta del romanticismo. Más nos valdría haber leído a las mujeres más mayores, estas cosas en nuestra tierna infancia o haber recibido una información más veraz sobre lo que es el amor. Entonces nuestras hijas e hijos no necesitarían recordar estas cosas.


Con todo, hace falta decirle a las adolescentes lo que es control y posesión, tanto como a las mujeres maduras. Hace poco tiempo tenía una conversación con una amiga que me indicaba la cantidad de mujeres valiosas que conocía con las alas cortadas en nombre del amor, la pareja, la familia o el matrimonio. Hay infinidad de maneras de hacer entender al otro que no creemos que valga: invalidar su trabajo, reírnos del otro, no dar importancia a las necesidades, logros y deseos... No hace falta decirlo directamente, basta con miradas condescendientes, frases irónicas y gestos sutiles para hacernos comprender que somos ridículas, no merecemos el triunfo o el cuidado. Y estas sutilezas calan fácilmente en nosotras porque aprendimos, a través del ejemplo de las mujeres y los hombres de nuestra infancia, de los anuncios y películas, de las novelas y la música que las cosas eran así. En realidad, ya llegamos a la pareja sabiendo que no merecemos la felicidad o el triunfo, que no merecemos cumplir aquellos sueños que quedaron arrinconados en algún cajón en los primeros años de vida. Por eso no nos chocan estos mensajes.

Salimos de una situación de desamor que se alimenta cada mañana y que observamos en las relaciones entre los hijos y sus madres y padres y entre la pareja en sí y llegamos a la adolescencia con el conocimiento más o menos implícito de que el mundo les pertenece a los otros y que nosotras nos debemos empequeñecer y esperar las migajas. Después vienen las historias románticas donde recuperamos el sentimiento de amor perdido, la magia de la fusión con otra persona, la mirada con la que soñamos. Y nos enganchamos a ese sentimiento como el drogadicto a la química. Y, a partir, de ahí la historia se repite una y otra y otra vez. Lo que se supone un amor altruista se convierte en un amor posesivo en el que irse hundiendo progresivamente o en el que mantenerse, mal que bien, a flote con las inseguridades y miedos de la primera infancia acrecentadas. 

El amor romántico, el amor del "no puedo vivir sin ti", del "quiero estar junto a ti todo el tiempo", del "te necesito", del "si no estás no merece la pena vivir", es tan común como patológico y debería hacernos reflexionar a todos, hombres y mujeres, artistas y empresarios de la comunicación, madres y padres, adolescentes y personas adultas.  Creo que es necesaria esta reflexión precisa para terminar, de una vez con todas, con los lazos que nos aprisionan... a todos: mujeres, hombres, adultos y adolescentes. 


jueves, 22 de agosto de 2013

Sangre menstrual, leche materna y flujo vaginal

¿Qué tienen en común la sangre menstrual, leche materna y el flujo vaginal? 
Eso me pregunté el otro día mientras miraba perpleja, una tras otro, desfilar tres anuncios de televisión en una cadena. Por estas cosas de la vida, en una pausa de no sé qué programa (que me imagino iba dirigido a gente joven), tres mujeres vestidas de blanco bailaban con tres hombres. Las mujeres se contorsionaban, pegaban caderas y pelvis en diferentes lugares de la anatomía masculina y después se iban con aspecto satisfecho al haber comprobado (se supone) que los hombres no se habían percatado de que bajo esas faldas impolutas, llevaban una compresa y estaban menstruando. El slogan que cerraba el anuncio era: "Muy segura, muy mujer". 


Inmediatamente, una marca de leche de continuación (con un bebé de unos 6 meses) mostraba imágenes de una madre que aparentaba dar de mamar al bebé (porque tenía un hombro descubierto) y después le daba la mejor leche de continuación con un biberón. Una que se supone protege al bebé y ayuda al sistema inmunológico del crío. Eso sí, era una madre amorosa y tierna.

A continuación una pareja semidesnuda (sus genitales correctamente tapados) y muy "fogosa" en un cuarto de baño hacía el amor tipo "aquí te pillo aquí te mato"con ayuda de un tubo de lubricante vaginal.  Se supone que el deseo los había desbordado... ¿! 

A veces, el cócktel se vuelve tan explosivo que no puedes menos que atender a algo que hasta entonces sucedía ajena a mi. Una vez más, la televisión, como un calidoscopio que nos expone mucho más de lo que en principio pudiera parecer, nos daba una muestra, en estos tres anuncios, tan pegados, uno detrás de otro, de una realidad profunda y, permitidme, algo turbia.



¿Qué tienen en común la sangre menstrual, la leche materna y el flujo vaginal? 

Que los tres son fluidos naturales que brotan del cuerpo de la mujer como respuesta a su naturaleza sexual y mamífera*. En realidad, si lo miramos con una cierta perspectiva, el hecho de que se vendan productos que minimicen u oculten estos flujos o los sustituyan es más que una casualidad en la distribución de la carga publicitaria de la cadena. Que además te los muestren así, uno detrás de otro, refleja lo alejados que estamos de, ni siquiera, disimularlo. 

¿Cómo estamos todavía ocultando (sobre todo al hombre como sujeto que hay que proteger de mis fluidos naturales) la menstruación para vender compresas? ¿Cómo es posible que demos por hecho que la madre humana no tendrá leche para su cría más allá de los primeros meses? ¿Cómo es posible que pueda gozar sexualmente con un tipo, y que me apetezca hacer el amor fogosamente con él, si mi vagina no se humedece? 

Como metáfora no tienen precio estos tres anuncios por separados. Juntos forman una realidad pasmosa en la que, hombres y mujeres, caemos prisioneros: El cuerpo de la mujer, desecado y maldito, expuesto a la humillación de ser como es, a la incapacidad de sostener la Vida, y de ser objeto sexual (que no sujeto del deseo). 

De verdad, ahora en serio, ¿Os parece normal?  


* La mayoría de las hormonas implicadas en la lactancia, son las mismas que las hormonas implicadas en la sexualidad de la mujer y las que desencadenan el orgasmo: oxitocina, dopamina, prolactina, endorfinas y adrenalina.

lunes, 19 de agosto de 2013

Sexualidad y violencia


"La más grande amenaza para la paz del mundo proviene de aquellas naciones que tienen los ambientes más pobres para sus niños y que son las más represivas en cuanto al afecto sexual y a la sexualidad femenina.


Como neurosicólogo del desarrollo he dedicado mucho estudio a la peculiar relación entre violencia y placer. Ahora estoy convencido que la privación del placer sensorio físico es la principal causa raíz de la violencia. Experimentos con animales de laboratorio muestran que el placer y la violencia tienen una relación recíproca, es decir que, la presencia del uno inhibe la otra." 

James W. Prescott

Ando estos días ultimando los contenidos del curso Sexualidad: claves de mi cuerpo de Mujer y no quiero pasar por alto la oportunidad de compartir con vosotras algunas de las conclusiones más interesantes que me voy encontrando. En este caso, me gustaría hablar de la relación existente en la violencia y el sexo. Para comenzar diré que mi visión de la sexualidad es mucho más amplia que el acto sexual en sí que podemos apreciar imperante en la sociedad y medios de comunicación: es decir, el acto sexual entre dos adultos, con preferencia heterosexual (aunque cada vez más aceptadas otras opciones sexuales) que implica a los órganos sexuales. Para mi la sexualidad no ocurre únicamente cuando estamos realizando el acto sexual; creo que somos sexuales desde la misma concepción y que a lo largo de nuestra existencia vamos desplegando y desarrollando formas diferentes de vivir esa sexualidad innata.

Sexualidad sería, entonces, la corporalidad de una madre y su cría (no en vano, fisiológicamente intervienen las mismas hormonas en el orgasmo que en el parto o la lactancia, por ejemplo); sexualidad sería también la relación que desarrollo con el mundo a través de mi cuerpo físico, la toma de conciencia y el contacto profundo con las sensaciones físicas experimentadas a través de los sentidos; sexualidad, sería, la relación que poseo con los demás... y es en este último sentido en el que deseo desarrollarme más en este post. No es novedoso que desde la neuropsicología hasta la antropología se haya estudiado la relación entre la sexualidad y su represión y las conductas humanas violentas. Diferentes estudios han concluido que la represión del contacto en la primera infancia es una condición universal para la expresión de la violencia adulta:

"Estoy convencido de que los comportamientos anormales tanto sociales como emocionales resultantes de lo que los sicólogos llaman privación "materno-social", es decir falta de ternura y cuidado amoroso, son causados por un único tipo de privación sensorial, la privación somatosensorial. Derivado del griego 'cuerpo' el término se refiere a las sensaciones de tacto y los movimientos corporales que difieren de los sentidos de la vista, escucha, olfato y gusto. Creo que la privación de la caricia o tacto corporal, del contacto y de los movimientos son las causas básicas de varios trastornos emocionales que incluyen entre otros, los comportamientos depresivos, autistas, hiperactivos, aberraciones sexuales, abuso de drogas, violencia y agresión".*


Pero no solo la primera infancia del niño es elemento base para la determinación de la violencia posterior. Se ha descubierto que las sociedades donde existe una fuerte represión sexual prematrimonial (durante el periodo de la adolescencia), los índices de violencia son igualmente altos y estables.  

"Las sociedades que proveen a sus infantes de una gran cantidad de afecto físico ("cuidado amoroso y tierno") se caracterizan posteriormente por estar formadas por adultos relativamente no violentos. En 36 de 49 culturas estudiadas, un alto grado de afecto de los infantes estuvo asociado con una bajo grado de violencia física entre adultos—y viceversa. Cuando las 13 excepciones fueron investigadas, se encontró que la violencia de todas estas culturas excepto una (la de la tribu Jívaro de Sudamérica) pudieron ser explicadas por la presencia, o mejor por la abstención de comportamiento sexual antes del matrimonio".*

Quizá entonces, podríamos darnos cuenta de cómo la cosificación de la mujer normalizada en los medios de comunicación (desde la televisión a las revistas o el cine y la literatura); de cómo se violenta nuestro cuerpo a través de modelos antinaturales y enfermos y de las relaciones interpersonales violentas, pueden tener una respuesta que pasa por nuestra relación con la sexualidad. 
"No es sorprendente pues, que cuando se presentan altas necesidades insatisfechas, combinadas con la privación de afecto físico el resultado sea la presencia del egoísmo (o egolatría) lo mismo que altas tasas de narcisismo. De la misma forma, las danzas exhibicionistas y la pornografía pueden ser interpretadas como un substituto para la expresión normal del sexo. Algunas naciones que presentan bastante represión hacia la sexualidad femenina tiene variadas formas de "arte" pornográfico". (...) Estos hallazgos sorprendentemente respaldan la tesis de que la privación del placer físico a través de la vida—pero particularmente durante los periodos formativos de la infancia, la niñez y la adolescencia—está fuertemente relacionada a la presencia de las guerras y a la violencia interpersonal. Estas evidencias deberían ser aplicables a sociedades complejas industriales y post-industriales".*

Así que creo imprescindible revisar nuestras creencias, historia y sexualidad que explican mucho más de nosotras y nuestra cultura de lo que, en principio, podíamos pensar. 

* James W. Prescot, El placer corporal y el origen de la violencia. The Bulletin of Atomic Scientisits. Noviembre, 1975.





Hacemos comunidad en Facebook