lunes, 29 de julio de 2013

Conciliación y maternidad III: mujer o madre


Pasa el tiempo y de vez en cuando me sigo encontrando con textos que circulan por Internet en los que las mujeres nos preguntamos sobre la elección o la eterna dicotomía entre ser madre y mujer. Parece que los modelos asumidos en los que una ha de elegir entre una cosa y otra siguen presentes décadas después de su implantación. Trabajo, vida sexual, vocación, pareja o diversión aparecen eternamente enfrentados a la maternidad como una dicotomía imposible de resolver. La maternidad se nos sigue presentando sacrificada y el tributo a pagar por acceder a ella es la renuncia a ser quienes somos.  
Son textos de madres que se sienten alienadas después de años de entregada maternidad. Textos de mujeres que no pueden o no quieren ser madres y que alertan ante el peligro que supone perder la identidad como mujer en aras de una maternidad respetuosa con el bebé pero poco clara con las necesidades de la mujer; mujeres feministas que declaran que la maternidad es la nueva esclavitud de la mujer; mujeres que desean conscientemente reducir su papel al de madres de sus vástagos sin necesitar más reconocimiento social; madres que se sienten cómodas en el salón de su casa con sus hijos y que han abandonado (a veces de forma inconsciente) el mundo exterior y su lucha; madres que no desean sostener una relación de pareja; mujeres que están convencidas de que perderán su identidad sexual con la llegada de la maternidad; mujeres que se sienten traicionadas por unos ideales de crianza con elevadas expectativas… es el eterno dilema de la elección entre ser madre y ser mujer.

Una vez escribí sobre mi experiencia respecto a la maternidad (aquí y aquí) y fue esclarecedor los comentarios que recibí. Estaba claro que en la mayoría de las personas, la dualidad insalvable entre ser madre y ser mujer era un hecho.  Y, sin embargo, yo nunca me sentí más mujer que con la llegada de mi hija a este mundo. La maternidad ha sido para mi un revulsivo, un espejo en el que descubrir una mirada hacia mi misma y mi cuerpo más profunda y extensa de lo que nunca había obtenido. Quizá la diferencia es que me a mi me arrolló sin aviso, sin libros de ensayos, sin expectativas, sin ideologías ni métodos… la maternidad me lazó al abismo de ser más yo que nunca y, con mis aciertos y errores (muchos), me ha hecho más humana que todas las terapias, las lecturas y las ideologías juntas.

Una cosa son las dificultades de conciliación que este sistema económico y social nos impone a las mujeres-madres y otra cosa es que deba elegir, por naturaleza, entre ser mujer trabajadora o madre. Una cosa es ser profesional y otra que esa profesión sea inevitablemente el centro de mi existencia. Una cosa son las limitaciones lógicas que la maternidad conlleva y otra que aparque eternamente la creatividad o la pareja y mis proyectos personales y profesionales. Nos sigue acechando la imagen de la maternidad como un reducto en el que perdernos, escondidas en las salas de estar de las casas, sin vida, en silencio y sin perspectivas vitales. Yo lo quiero todo, lo quise todo, y creo que es posible encontrar un cierto equilibrio (cada una el suyo) para poder compaginar las diferentes facetas de la existencia humana.

Hace pocas semanas en el grupo maternal al que acudo junto a mamás (casi todas primerizas) y sus bebés, les invité a quemar los libros de crianza. Ahora ya hay manuales para ser buenas madres, complacientes y conscientes, de forma que nuestros hijos sean eternamente felices. Ahora ya sabemos intelectualmente lo que necesita el bebé. Lo que ignoramos es lo que deseamos nosotras mismas y quienes somos. Hay tantas expectativas sobre la crianza y la maternidad que las madres pierden la capacidad para conectar con quien ellas realmente son y con la maternidad que emerge de su cuerpo. Hay tantas madres y formas de ser madre como mujeres. La cuestión es conocernos más íntimamente, mirarnos al espejo sin engaños ni embustes, adentrarnos en nuestros deseos y miedos y, desde ahí, poder vivir con salud y alegría lo que la maternidad, cambiante y arrolladora, tenga a bien ofrecernos.

Yo no participo de la elección entre ser mujer o ser madre. Soy la madre que la mujer que hay en mi me permite ser; soy la mujer que mi maternidad me ha hecho. Imposible elegir.   

5 comentarios:

lunaroja dijo...

Exacto, me parece uno de los resúmenes más lúcidos que he leído ultimamente..

Soy la madre que la mujer que hay en mi me permite ser; soy la mujer que mi maternidad me ha hecho. Imposible elegir.

Es una definición perfecta, porque entre otras cosas,nos quita ese peso de no ser,lo que se nos exige desde no sé que lugar...y donde siempre e inevitablemente todo recae sobre nosotras,las proyecciones que supuestamente tenemos sobre los hijos, los cuestionamientos de los hijos, como madres,mujeres etc...
GRACIAS POR TU MIRADA!

Anónimo dijo...

Esta dicotomía siempre me pareció absurda ¿Es que se puede ser madre sin ser mujer?
Es cierto que en nuestra cultura, hoy en dia, muchas veces es dificil ser madre, pero estoy segura que nosotras somos capaces que cambiarlo, cada una a su manera seguro que encuentra el camino.

Esme Mendoza dijo...

Las mujeres tenemos el poder de revertir poco a poco estas ideas limitantes precisamente a través de la maternidad, del ejemplo que le damos a nuestros hijos y sobretodo a nuestras hijas: "Hija cada niña es un tesoro porque ES y por ser en potencia dadora de vida ,paz y ternura. Hija gózate. Hija sé todo lo que desees ser. Que privilegio ser tu madre!" Es un mensaje que cada mamá puede expresar día día con palabras pero mucho mejor con nuestros actos.

enfermera dijo...

No entiendo esa dicotomía, o sí, pero quizás si tienes ese pensamiento, mejor dedicarse a ser "solamente mujer", porque no es obligatorio ser madre. A mí me encantaría serlo, pero la precariedad laboral no me lo permite, no tengo nada estable y mi pareja tampoco, cada uno en una provincia... y trabajos que duran poco. Aunque la gente me alienta a ello, me parece que antes de pensar en mis anhelos y mis propios instintos, tengo que pensar que esa persona debe vivir en un hogar estable y que cubra sus necesidades.
Muy buen artículo.

Noelia Schulz dijo...

Muy buen post. Me identifico con ese sentir.

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