sábado, 15 de junio de 2013

El miedo

El curso Conciencia de mi Cuerpo de Mujer está llegando a sus últimas semanas. Y en este periodo de finalización, algunas de las mujeres comienzan, si quiera tímidamente, a vislumbrar lo que hay tras el velo. Hoy reconocía una de ellas que tenía miedo a conocerse, a comprender el valor y el poder que hay en su interior. El miedo es una emoción básica, imprescindible para la supervivencia de la especie, pero también se puede volver en nuestra contra. Decía Abrahan Maslow que en el ser humano se encontraban dos tendencias contrapuestas: el impulso al crecimiento, la evolución, el despliegue de nuevas capacidades y la superación de las ya exploradas; junto a el miedo al cambio, la auto-represión, la neurosis y la regresión a formas anteriores que nos proporcionaban seguridad. Parte de la salud mental y espiritual para este psicólogo transpersonal, sería la superación de esa fase de miedo, estancamiento o represión que nos inmoviliza y crea malestar. Acceder al estado de crecimiento. Es el eterno dilema de pasar de mantener nuestras fuerzas dedicadas a la autodefensa (que el patriarcado nos ha impuesto) a la realización de quien Yo Soy o crecimiento. 

Para Antonio Blay Fontcuberta, otro de los psicólogos transpersonales que para mi son fundamentales, la Vida, en esencia se caracteriza por la evolución. Si observas la naturaleza, todo crece, se expresa hasta las últimas fuerzas o energías, no se escatima en gasto. La Vida sería un continúo crecimiento. El malestar provendría entonces de nuestra resistencia a crecer, ampliarnos y extendernos. La Vida bajo una visión de evolución continua y aprendizaje. 

Una semilla no se quedará en su estado si las condiciones medioambientales posibilitan su crecimiento y transformación en árbol. De la misma manera, nosotras observamos un impulso interno de maduración, crecimiento y evolución en todos los ámbitos de la existencia y es nuestra decisión acceder a desplegar todo nuestro potencial o quedarnos ancladas en formas pretéritas que no nos proporcionan ya ni placer ni sostén. A veces hace falta un buen empuje: una enfermedad, la ruptura de una relación, una muerte cercana, la maternidad, un despido, una depresión, la apatía... a veces, solo es necesario volver a conectar con nuestro interior y sentir ese impulso que se abre y nos empuja a adoptar nuevas formas de ser, estar y sentir. Y sí, hace falta valor para dejar de quejarse, de protestar, de estar enfadadas con todos y por todo. Hace falta valor para dejar la forma de autoprotección y comenzar a caminar con tus propios pies, sin mirar a los lados, sin que tu referencia sea exterior. Hace falta valor para comenzar a amarse a una misma al máximo, y dejar de señalar a los demás como elementos dañinos. Hace falta valor para dejar que la mujer madura, segura de sí misma y adulta pueda extender las alas. Entonces no habrá "otros" a los que mirar y sabremos que somos las responsables de todo: lo que decimos y pensamos, lo que hacemos y dejamos de hacer. 

Crecemos y, al hacerlo, damos sentido a la existencia a la vez que honramos nuestro lugar en el mundo.  
¡Bienvenidas a casa!

5 comentarios:

Dara Doula dijo...

Crecer, crecer y crecer.... ains...esto no termina nunca.

Un beso bella y muchas ganas de verte-veros :)

Anónimo dijo...

Hermosa vida que se abre con todos sus encantos y desafíos. Guerreras mujeres que afrontan la felicidad y la adversidad de cara a un mejor presente. Dispuestas estemos en todo momento recordando que somos energía que mueve al mundo.

NAYO dijo...

preciosa vida en crecimiento consciente! Muchas gracias por esta bella lectura, primera toma de la noche! una mama.

Barbara dijo...

exactamente caminando por este punto, con el miedo y con la necesidad de SER, de CRECER, gracias por escribir y así saber que no estoy sola

Mónica Felipe-Larralde dijo...

No estamos solas. Y saber esto es a menudo nos abre a otro paisaje más inspirador.
Gracias por vuestras aportaciones.

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