domingo, 17 de marzo de 2013

La voz de las mujeres

Tengo en mi casa un cuadro de Rocío Ayara, pintora y amiga. En él, una mujer subida a lomos de un tigre y con una trompeta en la boca lanza al aire una frase "Empezó así a escuchar su propia voz, diciendo lo que debía salir desde dentro". Compré el cuadro porque me recordó a una experiencia propia. Y en este tiempo, desde que ocupa una de las paredes del salón de mi casa, he contemplado cientos de veces justo la situación contraria. 
Las mujeres tenemos nuestros labios cerrados y la garganta sellada en un nudo de acero que aprisiona sentires, quereres y deseos. Contemplo a mi alrededor mujeres maduras, inteligentes, ambiciosas que permanecen en este terreno alienadas y niñas, sin capacidad de expresar con claridad qué es lo que se quiere y cómo. Incluso nos cuesta acceder a nuestras propias necesidades narcotizadas con las promesas de un mañana mejor y las suaves ondas del consumo, el amor perfecto o la paz espritual. Y creo que hasta que las mujeres no oigamos nuestras palabras con el respeto que se merecen, hasta que no podamos comunicar sin dudas nuestra visión del mundo, hasta que no nos reconciliemos con el sonido de nuestra voz en una sala llena de gente, no daremos un paso decisivo. 
La voz se nos quebró en las primeras edades a base de tragar llantos y desoír nuestras necesidades. La voz se nos quebró cuando comprendimos que no éramos importantes. Pero eso no es cierto y no tenemos que continuar viviendo como esa niña pequeña asustada e indefensa.
Preguntarnos, ¿qué quiero? ¿qué necesito? ¿cómo? e ir a por ello sin pasar por delante de los demás, con respeto pero con determinación. Respetar nuestras necesidades tanto como las de los demás es en extremo complicado, pero, de hecho, es el ejercicio en que consiste vivir. Negociación, amor, escucha, expresión, espacios, libertad, acción son palabras presentes en el arte de la Vida. 
Necesitamos expresar (que significa sacar la presión) qué necesitamos o deseamos en la Vida. Y si lo que requiero entra en conflicto con otros, habrá que dialogar, acercar posturas, ceder a veces, o que cedan por mi. 
Lo que no podemos seguir haciendo es no escucharnos a nosotras mismas y acumular indignación, rabia e ira que solo nos hace daño a nosotras y a las personas que nos rodean. Una vez mi hija me pregunto: 
- ¿Es que no te importa lo que siento? 
Le contesté:
- No, no es eso. Lo que tú sientes me importa mucho, tanto como lo que siento yo. Así que vamos a resolver esto hablando y lleguemos a un acuerdo.

No podemos seguir cumpliendo el papel de las mujeres sin voz, sumisas, que callan y otorgan y tampoco creo en vengarnos del mundo a base de ser las primeras en todo y no atender a los demás, sobre todo a los que dependen de nosotras más directamente. Habrá que llegar a acuerdos, pero para eso, antes, tendremos que saber qué queremos y, después, comunicarlo al mundo.


PRÓXIMO CURSO "CONCIENCIA DE MI CUERPO DE MUJER" 
COMIENZO: 9 de febrero 2015

1 comentario:

Zary dijo...

Muchas gracias!! Necesitamos quitarnos las ataduras y sacra nuestra voz, a nuestra manera, pero sin miedo.

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