martes, 12 de febrero de 2013

Mujeres

En primer lugar os pido que veáis este video que Miren de Miguel ha publicado en Facebook y me he traído aquí. Son 4 minutos de sentido común de la mano de Jean Kilbourne:




Después, me gustaría que reflexionáramos juntas una vez más sobre este peliagudo tema. Veamos, los medios de comunicación ejercen una presión terrible, agotadora y extraordinaria sobre las mujeres ¿en general? No, solo sobre las mujeres que aún se creen estos mensajes. Seamos serias, tengo 39 años, canas y arrugas, mi cuerpo no es el mismo que tenía a los veinte y... no hace falta.

El problema no es la estética, no es si me parezco o no una modelo de revista o un maniquí sin cabeza, las cuestiones que creo nos tendríamos que plantear las mujeres es... ¿Por qué me dejo arrastrar por ese modelo irreal, estúpido, fragmentario, enfermizo y lánguido de mujer? ¿Por qué, como mujer adulta, no me doy cuenta de una puñetera vez de que lo más importante de mi no es lo que llevo sobre mi piel o el color del tinte? ¿Por qué narices no me atrevo a ser de una vez quien yo soy? ¿Por qué caigo rendida ante lo que ya sé que no es más que una manipulación burda y alienante de mi misma? ¿Por qué mantengo un discurso, si lo mantengo, y reacciono de forma opuesta?

Me he dado cuenta de una cosa. Desde hace cinco años vivo fuera de una ciudad, en el campo, en espacios abiertos y libres de publicidad machacona. Pero, al menos dos veces por semana me traslado a la ciudad por trabajo o gestiones. Con la mirada limpia que da no ver a diario una calle comercial de la ciudad ¿Qué encuentro? Que las calles son escaparates donde es difícil no mirar y que solo cuando ves un objeto o un aspecto, puedes llegar a desearlo. Me importa un bledo la moda, no leo revistas de moda y no me preocupa lo que se lleva o lo que no porque en mi espacio inmediato no dejo que entren estas imágenes por salud mental. Pero sobre todo, porque tengo a mi cargo a mi hija, que tiene 8 años en este momento y que creo debe de ser protegida de esta barbaridad. En mi casa no hay televisor, así que tampoco vemos anuncios, no nos sentimos hinchadas, ni deseamos parecer tener diez años menos ni nos parece que una camiseta de algodón haya pasado de moda, sencillamente, porque no sabemos la moda que nos quieren vender. 

Y esta puede ser una sencilla manera de desintoxicarte de los efectos del marketing sin juicio y sin ética que nos vende cada cuatro meses ropa de usar y tirar producida por otras mujeres y niñas en un país del tercer mundo, y que nos hacen creer que somos imperfectas por ser como somos.  

Pero además hay otro aspecto más profundo y sutil que acompaña mi rechazo a estas prácticas generalizadas y es que sé que no necesito tener un aspecto que no es el mío para gustar a nadie. Me gusta la ropa bonita, la que me gusta a mi y tengo mi propio sentido de la elegancia, el mío propio. No me importa si lo que me gusta a mi se lleva o no, seguramente porque a los casi cuarenta años ya no tengo necesidad de gustar a nadie. Me da igual lo que se opine sobre mi y eso, señores publicitarios, es un arma ante la cual no pueden luchar. Todo el mensaje publicitario está basado en la insatisfacción inicial, en el sentimiento de inferioridad, en la necesidad patológica de gustar, en la obsesiva dependencia de la mirada del otro o de las otras.... cuando eso, sencillamente, no está, se acabó. Game Over.

A esto le podemos llamar, si gustáis, libertad.

Os invito a abrir las cadenas (si es que las tenéis) que os atrapan en esa espiral de consumismo insatisfactorio y a abrir los ojos a la grandeza de lo que sois. A disfrutar de vuestro espíritu,  mente y cuerpo real como un auténtico milagro lleno de dignidad en sí mismo. 

Os dejo un video titulado Vientre de Mujer:



Y un texto sobre la libertad personal titulado: (Texto completo) Ser librepensante.

"Ser librepensantes (...) implica un coste: abandonar la comodidad de no cuestionarnos lo que ocurre alrededor. Implica tener conciencia, saber, decidir, tomar decisiones. Implica dejar de lado la engrasada compañía de los otros para, con los pies bien plantados en el suelo, afirmar la individualidad, el respeto y la libertad personal de uno y, por lo tanto, de los demás. Es paradójico que en nuestra sociedad, profundamente individualista, proclamarse individualista esté mal visto. Pero el individualismo que surge del autoconocimiento, de la elaboración precisa de la identidad, no excluye ni niega al otro. Al contrario, permite espacios de respeto para todos porque se conoce el significado de la palabra respeto."



jueves, 7 de febrero de 2013

Envidia entre Mujeres

La envidia entre mujeres ha sido uno de los clásicos con los que crecí. Ya hablé de los prejuicios con los que me había criado en El cuento de Eva, ahora me gustaría centrarme en este tema en concreto: las mujeres nos tenemos envidia y, por lo tanto, somos malas compañeras entre nosotras. De ser cierto este prejuicio, las mujeres nos sentiríamos amenazas por las otras mujeres. Dice el diccionario de la RAE que envidia es la tristeza o pesar del bien ajeno y que también puede llevar aparejada la emulación, el deseo de poseer algo que no se posee. La envidia ha estado tan presente en las vidas de los hombres y mujeres que, no en vano, se recoge como uno de los siete pecados capitales. Creo que en algún momento todos y todas hemos sentido envidia de alguien, una situación, una posesión, una vivencia... y es humano también desear poseer aquello que se quiere y no se tiene. Pero, ¿por qué aparentemente nos envidiamos las unas a las otras? ¿Por qué más entre mujeres? ¿Por qué nos comparamos y medimos? 

Y voy a comenzar por el final porque creo que en este punto hay una clave. Envidiamos porque nos comparamos. Ponemos el Yo a un lado y el Ella al otro y hacemos dos columnas con nuestros atributos. Si observamos que bajo mi nombre hay menos atributos, menos cosas o circunstancias que yo imagino  ideales, entonces la otra sale ganando. No decimos sencillamente, yo no puedo tener esto. Decimos ella tiene esto que yo no tengo. Y eso nos mortifica. ¿Y quién soy yo cuando hago este ejercicio? Yo soy mi ego exclusivamente. Yo soy la niña que no se sintió amada, la adolescente insegura, la mujer humillada.  Y desde ahí no hay crecimiento posible. Porque la envidia nos ciega y nos ata de manos y nos amordaza y es capaz de dar la vuelta a la realidad y hacernos decir lo que no pensamos, solo para no reconocer que lo que sentimos es envidia. Dice el psicoterapeuta y escritor, Jose Luis Cano Gil lo siguiente sobre la envidia:

"Dicho sentimiento forma parte también de ese rasgo humano, el narcisismo, desde el que el sujeto experimenta un ansia infatigable de destacar, ser el centro de atención, ganar, quedar por encima, ser el "más" y el "mejor" en toda circunstancia. Debido a ello, muchas personas se sienten continuamente amenazadas y angustiadas por los éxitos, la vida y la felicidad de los demás, y viven en perpetua competencia contra todo el mundo, atormentadas sin descanso por la envidia. No es ya sólo que los demás tengan cosas que ellas desean: ¡es que las desean precisamente porque los demás las tienen! Es decir, para no sentirse menos o "quedarse atrás". Este sufrimiento condiciona su personalidad, su estilo de vida y su felicidad."

Suelo decir en los talleres que no creo que las mujeres necesitemos autoestima, tal y como la psicología actual, recomienda. Ya que al fin y al cabo, la autoestima vuelve a ser un juicio que yo me hago a mi misma del cual puedo salir triunfante (tengo autoestima) o vencida (no tengo autoestima). Esos juicios tiene que ver con la belleza (si me adapto al canon dominante), a la inteligencia (que se traduce en títulos), al talento (a los que son socialmente reconocidos y validados)... Y la sociedad se encarga de señalarnos cuál es el modelo "adecuado", el canon preciso, la "mujer-mujer" con la cual debemos compararnos.


Depende de nosotras dar el salto y salir de esa espiral de inconsciencia. En realidad, nosotras no somos eso, ese modelo. Porque nosotras, como seres humanos, somos mucho más de lo que nos han hecho creer. Y dar con la esencia de lo que somos, con la naturaleza última de nuestra realidad es fundamental. Nosotras no somos esencialmente el cuerpo, porque el cuerpo no es el mismo siempre, cada segundo, con cada respiración se modifica en parte. Nosotras no somos los pensamientos que tenemos, porque éstos vienen y van y cambian de orientación varias veces a lo largo de nuestra vida; Nosotras no somos las emociones, porque estas viajan a través de nosotras. Nosotras somos las que contienen la existencia, somos la conciencia que cohesiona y da validez a la experiencia de estar vivas. Cuando damos con esa parte de nosotras que es pura dignidad, conciencia pura, entonces, ya no necesitamos compararnos con nadie. Entonces no tiene sentido envidiar. Entonces dejamos la envidia atrás y pasamos a admirar a aquellas personas que poseen atributos dignos de ser admirados: el talento, la creatividad, la belleza real, la inteligencia... Entonces, asistimos maravilladas a la experiencia de ver la perfección en las otras sin sentir que a ti te falta. Entonces habremos dado un paso más hacia la hermandad de los seres humanos.

Texto completo sobre la envidia de Jose Luis Cano.

miércoles, 6 de febrero de 2013

La menstruación

Quiero presentaros mi nuevo proyecto web. Se trata de una página web dedicada a la menstruación en exclusiva. Este blog va creciendo en información, temas, post... y he creído que era mejor sistematizar la información sobre la menstruación en un espacio aparte. De forma que si necesitáis información pueda ser de fácil acceso. Se llama www.lamenstruación.es y tiene la misma línea estética que este blog. Semanalmente iré publicando información allí, exclusivamente sobre al menstruación, de forma que sea un buen referente para consultar y conocer más sobre nuestro cuerpo.

Espero que os guste.  

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