jueves, 31 de enero de 2013

I Jornada online de actualización de muerte gestacional y perinatal

Me han invitado a participar en las I Jornada online de actualización de muerte gestacional y perinatal organizada por la Editorial Ob Stare, con una ponencia bajo el título "Gestión autónoma del dolor en la pérdida gestacional" de la que tenéis abajo un resumen:


Cuando Alejandro Jodorowsky perdió a su hijo en un accidente, se presentó ante su maestro, profundamente abatido, en busca de consuelo. Su maestro lo miró durante un largo rato y le dijo:
- Sí, duele.

En nuestra cultura, perder a un hijo es la mayor de las desgracias posibles. Aunque no en todas las culturas se vive igual, ya que la muerte es un hecho tan biológico como cultural y tiene múltiples, diversas e, incluso, divergentes miradas. Pero partamos del hecho de que la muerte de nuestro bebé nos provoca dolor. La pregunta que surge inmediatamente es ¿Qué hacer con él? ¿Cómo darle un sentido a la experiencia para integrarla en nuestra biografía? Cuando emerge una emoción penetrante, como el dolor por la muerte de un hijo, lo único que cabe hacer es experimentarla hasta el final, sentir intensa y plenamente su envite. De esta manera, la emoción queda reconocida y aceptada; y la situación que la generó puede ser identificada como válida e integrada en nuestra biografía. No nos gusta sentir dolor ni miedo ni tristeza. Preferimos sentir placer, paz y armonía. Pero esas emociones también tienen su sentido y necesitan ser experimentadas. A menudo, el dolor nos conecta con un aspecto más profundo de una misma. Nos devuelve la mirada hacia el interior y nos abraza en un silencio lleno de sentido. Es el dolor (tanto como la felicidad) el que nos hace crecer y evolucionar; pero lo hace a otro ritmo, más profundo y lento.La muerte no es un hecho socialmente aceptado, mucho menos cuando no responde a las expectativas previstas o se escapa a toda razón o lógica. A pesar de que se estima que uno de cada tres embarazos se interrumpe, para una madre que gesta, no es una opción que el hijo que lleva en su vientre muera. Millones de mujeres en todo el mundo han tenido la experiencia de sufrir un aborto o dar a luz a un bebé muerto. Millones de mujeres han experimentado esto mismo. La diferencia de duelos entre unas y otras es sensacional y varía en función de las creencias religiosas, las ideas sobre la vida y la muerte y la situación vital de la mujer cuando se produce el hecho. Vivimos desde la mente, creyendo que la vida ha de ajustarse a lo que pensamos sobre ella. Pensamos que la muerte es un hecho negativo y cosa de ancianos; pero la Vida nos enseña una y otra vez que no es así. Esa resistencia a considerar que, en realidad, uno de cada tres embarazos termina en aborto, provoca aún más dolor. Pues no terminamos de aceptar lo que Es. Cuando no aceptamos la realidad, el acontecimiento, nos resistimos a crecer con la experiencia y el estado de dolor se convierte en sufrimiento. Un dolor continuo que arrastra la existencia.El dolor es un hecho consustancial a la Vida; lo que podemos elegir es transformarlo en sufrimiento o no.

martes, 29 de enero de 2013

Cuidados en el embarazo

Desde hace algún tiempo acompaño a un grupo de mujeres en lo que he venido llamando Clases de relajación para embarazadas. Se trata de facilitar herramientas de relajación y prácticas de relajación para que puedan parir de forma relajada en contacto íntimo consigo misma. Hacemos relajación profunda, nos conectamos con el bebé (o los bebés) y aprendemos a entrar en nuestro cuerpo de forma consciente, parando la mente y disfrutando con el estar.

Mi sorpresa ha sido mayúscula. Desde el primer día observo con estupor como la principal fuente de estrés de la mujer embarazada proviene de... los controles médicos. Había escrito cuidados médicos, pero no, la pauta habitual de la sanidad en este momento es el control del embarazo. Y suena bastante soberbio si lo miramos con detenimiento porque hay cuestiones que, sencillamente, no se pueden controlar. A veces la medicina salva vidas, a veces no, a veces consigue una curación a veces no... hay cuestiones que son, por naturaleza, incontrolables. De hecho, las revisiones periódicas a las que se somete a la embarazada no implican necesariamente que en caso de enfermedad o complicaciones éstas puedan ponerse bajo control. 

La cuestión es que desde que la embarazada sabe que está embarazada comienza una serie de periplos por matronas, comadronas, médicos de cabecera y ginecólogos hasta llegar al momento del parto. Cuando termina la gestación, la embarazada tiene una libreta sanitaria llena de fechas, números y resultados. Parece que se examinan semanalmente. Las frases: "El viernes tengo una eco y no sé si estará de nalgas o no..." "Me han dicho que no crece demasiado y que igual me lo tiene que sacar..." "El ginecólogo me ha dicho que es demasiado grande y que quizá termine en cesárea..." "La curva de glucemia me ha salido alta..." "En el último análisis tengo anemia y me han dicho que..." "He cogido demasiado peso y ahora no puedo comer..." "Me han dicho que tienen que hacerme unas pruebas de..." introducen a la madre en un estado de alerta y estrés, de no dormir y preocupación que no hace ningún bien a ella ni a su bebé. 

Los cuidados del embarazo están más o menos claros: una buena alimentación, hábitos de vida saludables (no fumar ni beber alcohol u otras drogas), algo de ejercicio suave, descanso adecuado, tranquilidad de ánimo... que por cierto, es lo que cualquiera desearía para su vida y que son aplicables para cualquier persona.  Lo que no les dicen los médicos es que no se preocupen. Al revés, parece que hay un esfuerzo (inconsciente espero) por poner los pelos de punta a las mujeres. Tengo amigas a las que le dijeron en una ecografía: "Su hijo tiene quistes en el cerebro"  Con esa frase a la madre se le cae el mundo encima. Tiene que ir corriendo a internet y consultar o, si tiene alguna amiga pediatra, llamar urgentemente para que le expliquen. Podíamos haber medido las pulsaciones de esa madre en ese momento y sus niveles de cortisol en sangre. 

A una de las mamás del grupo, con su bebé de 33 semanas en posición transversa, le avisan de una posible cesárea porque la bebé es muy grande y no puede darse la vuelta. A otra mamá del grupo con el mismo tiempo de gestación y su bebé en posición cefálica le dicen: "Bueno, ahora está así, pero todavía queda mucho y se puede dar la vuelta varias veces..." Parecería que hay un intento por evitar que las madres salgan felices, confiadas y tranquilas de los controles médicos. Siempre hay un pero, una sombra, una posibilidad que empañan esta alegría. Y entonces, la madre, llega a las clases de relajación y habla y suspira y llora y se conecta con sus bebé y le invade una seguridad que el entorno parece negarle. Nadie está libre de que nos suceda algo no deseado, pero vivir el embarazo desde la tensión, la culpa o la amenaza no ayuda a nadie. Mucho menos, a las mujeres embarazadas y sus hijos.

Os dejo un artículo de Crianza Natural en el que se recogen las consecuencias del estrés sostenido durante el embarazo: Estrés durante el embarazo ¿Puede afectar al bebé? 
Y otro post de Silvia (La mamá corchea) contando su experiencia: Girar y girar

martes, 22 de enero de 2013

Conciliación y maternidad II (matices)

Hace pocos días escribí una entrada titulada Conciliación y maternidad que se ha movido bastante y ha dado que hablar. Quizá las prisas, quizá que es una realidad tan compleja que precisa de un volumen (al menos) para condensar el tema han hecho que ahora, leyendo la entrada, encuentre numerosas matizaciones que no deseo quedarme con ganas de hacer.

- Matiz 1: En mi caso (que es el conozco más en profundidad), yo decidí quedarme con mi hija los primeros años de su vida. Deseé (fue mi deseo y decisión) criarla y renuncié al trabajo que venía realizando hasta ese momento. Consideré (dado que llevaba trabajando y estudiando desde los 18 años) que merecía vivir otras experiencias en esta vida y no estaba dispuesta a perdérmelas. 

- Matiz 2: Desde el primer momento, no equivoqué que cuidar y criar a un bebé es lo mismo que limpiar, cocinar y ocuparme de todas las labores de la casa. Volvimos a repartir las tareas de forma que ambos (mi pareja y yo) estuviésemos de acuerdo. 

- Matiz 3: Yo pude quedarme en casa a cuidar de nuestra hija porque mi pareja me apoyó en todo. Sobre todo en lo económico, pero también en el reparto de tareas en el hogar y en la consideración que el esfuerzo de estar con un bebé supone. Nunca me sentí denostada o en una posición de sumisión respecto a él. 

- Matiz 4: Nunca sentí ni creí que quedarme a cuidar a mi hija fuera menos importante que salir a trabajar. Nunca me sentí sometida a mi pareja por el hecho de no ganar un sueldo a final de mes. 

- Matiz 5: Nunca consideré a mi hija una carga. Había días intensos y a veces podía estar más cansada, pero nunca fue para mi una carga. Más bien ha sido y es una fuente inagotable de alegría, felicidad y desarrollo personal inmensa. 

- Matiz 6: No creo que todas las mujeres deban de tener hijos, ni que la maternidad deba ser obligatoria para tener una vida plena y feliz. Pero a mi me gusta.

- Matiz 7: En el anterior post hablo de la conciliación y de maternidad, como podía hablar de la conciliación y la paternidad o de la conciliación y la familia. Por eso me centro en las mujeres/madres y no incluyo a los hombres en mis comentarios. 

- Matiz 8: Ese post lo escribí pensando en mi experiencia y en la de las mujeres que me rodean en este país. La situación de otros países la desconozco y, por lo tanto, comprendo que haya contextos en los que sea de difícil encaje lo que expongo. Pero creo haber captado el sentir de una parte de las madres de mi generación (cercanas a los cuarenta años) que nos hemos sentido engañadas cuando, después de una carrera profesional más o menos exitosa, hemos devenido madres. 

- Matiz 9: Mi visión del mundo incluye una maternidad, paternidad y crianza más gozosas para los adultos y los bebés. Mi intención era generar un debate sobre la situación que parece de obligado declive de los derechos laborales. En el caso de las madres, además, por la fractura que en muchas ocasiones implica dejar largos periodos de tiempo a los bebés al cuidado de otras personas. No pongo en duda, en ningún momento, que los padres también pueden sufrir por lo mismo. 

- Matiz 10: Creo que merece la pena comenzar a despertar de una vez del letargo del patriarcado. Y cuando digo patriarcado, no señalo a los hombres. En este sistema todos y todas somos víctimas y verdugos. Todos y todas sostenemos y alimentamos el patriarcado. 


Y, por último, quisiera señalar que el sistema de trabajo es el que es porque está al servicio del dinero y no de los seres humanos. Cambiar el paradigma de la relación personal con el trabajo, de asalariada a empresaria o autónoma, por ejemplo, puede suponer una gran mejora en la conciliación familiar. Fundar cooperativas o buscar empleo en empresas responsables con flexibilidad, ser consumidoras responsables... todo menos continuar sosteniendo un sistema que no nos cuida, al que no importamos y que, como una alimaña, se alimenta de la última gota de sudor de nuestra frente... y de las lágrimas de nuestros hijos.

Sigue en: Conciliación y maternidad III: Mujer o madre

viernes, 18 de enero de 2013

Conciliación y maternidad


Deseo hablar sobre la tesis sostenida, argumentada y defendida de que en el mundo laboral existe un techo de cristal con el que las mujeres chocamos irremediablemente, sí o sí, por razón de la maternidad. Es una de las consignas básicas del feminismo oficial que como un mantram hemos escuchado,  asimilado y recitado de forma inconsciente. El trabajo es un derecho de la mujer. La familia es una carga (que hay que repartir).

Permíteme la risa floja. Si levantarse a la siete de la mañana, dejar a los niños en la guardería, regresar agotada ocho o nueve horas después a recogerlos y trabajar en precario por mil euros (o poco más) al mes es un derecho… algo hemos hecho mal. Las mujeres hemos accedido a un mercado laboral masculino sin cuestionar las bases del mismo y arrasando con otros aspectos de nuestra existencia que hemos considerado secundarios.
Tengo una amiga, licenciada con posgrado, que lleva toda su vida laboral siendo becaria en precario.  Es el primer miembro de su familia que accedió a la Universidad. Su padre era mecánico y del sueldo del padre vivían cuatro: la madre, el padre y dos hijos. Mi amiga, de cerca de cuarenta años, no ha podido vivir de su sueldo prácticamente hasta hace pocos años y su situación es tan insegura que no se puede plantear tener familia porque el sueldo no llega y teme que la despidan.
Hemos accedido al mercado de trabajo asumiendo los parámetros de la biología masculina, la cultura dominante patriarcal, los ritmos acelerados y dejando por imperativo a la familia en un segundo término. Tal y como está creado el sistema laboral, o trabajas o te encargas de tu familia. Porque encargarse de la familia, educar y cuidar implica tiempo y energía que, después de nueve horas fuera de casa, no abunda.
Para las mayorías de las tesis feministas, la maternidad era el objetivo a batir. Una maternidad que nos volvía inseguras, sumisas y nos recluía en casa. Para ellas, hijas burguesas y acomodadas, la lucha era la de una libertad que soñaban y anhelaban con ojos de hombre. El hombre fue la medida de la libertad. Y el hombre no es cíclico, ni se preña, ni pare ni amamanta. El hombre puede, incluso, no  vincularse emocionalmente con sus hijos. Y el hombre podía poner en el primer valor la acumulación de riquezas, el éxito profesional o la independencia. Y eso hemos buscado desde entonces.

Para  Simone de Beauvoir (1.908-1986) la maternidad era una servidumbre:
«Todo el organismo de la mujer está adaptado a la servidumbre de la maternidad y es, por tanto, la presa de la Especie»

Elisabeth Badinter publica en 2011 un libro titulado "La mujer y la madre", cuya tesis
viene a sostener que la maternidad es una nueva forma de esclavitud.

Pero ambas feministas son hijas tanto de su condición de mujer como de su condición de burguesas adineradas. Me preocupa cuando las mujeres, recién paridas, dejan a sus hijos en manos de otras mujeres más pobres. Que a su vez dejan los suyos en otras aún más pobres que ellas o en instituciones. Ese “que ninguna cría esté con su madre” es una de las mayores aberraciones que he podido observar. Me preocupa cuando mujeres aparentemente inteligentes alegan que su carrera profesional es lo primero, pero no señalan cual es el problema real para conciliar, por qué debieron elegir. Yo quiero todo. Quiero tener una maternidad gozosa, cercana y verdadera, con más presencia cuando soy más necesaria, y quiero poder desarrollarme profesional y personalmente de forma íntegra. La dificultad para conciliar no es ser madre; la dificultad para conciliar es el sistema de relaciones laborales en el que no se compra tu trabajo, se compra tu tiempo que por ende, es tu vida.  Antes dependíamos del marido; ahora lo hacemos del jefe o, en el peor de los casos, de un decreto-ley.
Hay que estar muy ciega o habernos creído tanto las consignas como para no reconocer que nos hemos convertido en esclavas y que, además, debemos de estar agradecidas. Antes con un sueldo vivía una familia de cuatro o cinco miembros; ahora con dos sueldos no llega para vivir tres. Si al menos tuviéramos el valor de señalarlo y comenzáramos a crear otras relaciones interpersonales y laborales entre todos, otro gallo nos cantaría.

Continúa en la siguiente entrada Conciliación y maternidad II (matices)

jueves, 10 de enero de 2013

Enfermedades emocionales

Voy a escribir estas líneas con todo el respeto que me merece la salud de cualquier persona y con la intención de llevar más luz que oscuridad. Hay una corriente de pensamiento que asegura que cualquier enfermedad tiene su origen en el inconsciente, lo emocional o los traumas no resueltos. 


Aristóteles afirmaba que: 
"Psique (alma) y cuerpo reaccionan complementariamente una con otro, según mi entender. Un cambio en el estado de la psique produce un cambio en la estructura del cuerpo, y a la inversa, un cambio en la estructura del cuerpo produce un cambio en la estructura de la psique”*


La utilización de la palabra psicosomático, se remonta al S.XVIII cuando los doctores Heinroths y Jacobi comienzan a utilizarla. En 1876, el médico inglés H. Maudsley (1835-1918) decía: “si la emoción no se libera, se fija en los órganos y trastorna su funcionamiento”*.

Creo que puede parece lógico deducir que el ser humano posee cuerpo, emociones, mente (ideas/pensamientos) y conciencia (en diferentes niveles). 

Me encuentro con muchas mujeres en los Encuentros que aseguran estar sanas y, sin embargo, no pueden ser madres o mujeres que arrastran endometriosis, miomas, dolores menstruales intensos, abortos de repetición, ovarios poliquísticos, cáncer de cuello de útero, papiloma... y un largo etcétera. En muchas ocasiones las mujeres se preguntan qué están haciendo mal, qué pieza no encaja.  Pero, y aunque las emociones juegan un papel reconocido ampliamente en los procesos de sanación, a veces no es lo único ni es el origen. 

Ahora sabemos que la contaminación química a la que estamos sometidas es de una magnitud enorme. Sabemos que el agua que bebemos, el aire que respiramos, la comida que ingerimos y la ropa y construcciones que nos cobijan generan contaminación directa. No podemos seguir negando que, por ejemplo, hay un mapa del cáncer en España, lo que indica que se tienen más probabilidades de sufrir una enfermedad u otra según vivas en León o en Jaén. Y se sabe qué actividades están relacionadas con dichas enfermedades. 

Mapa de la incidencia del cáncer de tiroide en España.


Ahora sabemos que en el mercado podemos encontrar a diario miles de productos de cosmética y alimentarios en los que se incluye los llamados disruptores endocrinos, que son moléculas que actúan en nuestro caudal sanguíneo como si de hormonas se trataran, alterando nuestro funcionamiento hormonal natural. Esas moléculas están presentes, por ejemplo, en perfumes o en el agua de las botellas de plástico, cuyos análisis han demostrado que contienen estrógenos. Y es que el plástico se deteriora a temperaturas relativamente altas y permite liberar esas moléculas en el agua que contiene. Las botellas alcanzan esas temperaturas cuando son dejadas en el coche al sol, pero también en almacenes sin refrigeración, en palés al aire libre en verano o dentro del camión de reparto hasta que llega a tus manos. Si deseas saber más sobre la contaminación química a la que nos sometemos a diario, te invito a ver los vídeos del oncólogo y radiólogo Nicolás Olea. 




Ahora que sabemos esto, no es lógico seguir pensando que el origen de cada enfermedad es únicamente emocional. Sí que hay un componente emocional en toda enfermedad (cómo se siente la enferma, por ejemplo) y, a veces resolviendo éste, podemos ayudar al cuerpo a reequilibrarse. Y sí que hay enfermedades psicosomáticas. Pero me parece importante señalar que no somos una realidad aislada. Que pertenecemos al medio en el cual vivimos y que lo que comemos, respiramos y tocamos, nos configura tanto como lo que sentimos y pensamos. Somos seres permeables que viven en un entorno abierto comunicándose con el medio, evacuando y alimentándonos.

Cuando hay dolores menstruales, éstos suelen remitir sin problemas practicando la relajación del útero. De hecho, la relajación del útero es una practica que implica el cuerpo físico (al relajar la musculatura); al emocional (cuando emergen las emociones y les damos salida), la mente (al darle un espacio a la menstruación, cobra importancia y es revalorizado) y de conciencia (aumentamos la capacidad para darnos cuenta de), ya que tomamos conciencia del útero, una zona de nuestro cuerpo que habíamos pasado por alto. Si además, se modifica la alimentación y se hace algo de ejercicio, mejor, más holístico será el proceso. Aunque numerosas mujeres han relatado cómo solo con la relajación del útero ha sido suficiente para terminar con las molestias. 

Igualmente, un mioma podría necesitar de la acción combinada de varias alternativas: modificar los hábitos alimenticios, observar si hay alguna fuente contaminante cerca, relajar la tensión emocional de la zona y revisar ideas limitantes sobre la capacidad de creación o las relaciones personales, por ejemplo. Al menos, yo abordaría cualquier síntoma en mi salud de este modo. De una forma integral.    

Nuestro sistema endocrino es un circuito sutil y delicado que merece nuestra atención. El estrés al que estamos sometidas interviene en nuestro organismo y es necesario que nos relajemos, meditemos y hagamos algo de ejercicio. Pero no es menos cierto que necesitamos también ampliar nuestra conciencia corporal al medioambiente y señalar a los poderes públicos y privados, como mujeres y madres, que tenemos el derecho a vivir en un mundo limpio para que nosotras y nuestros hijos podamos desarrollarnos. 

Espero que esta lectura no sugiera, en ningún caso, pensar que no podemos cambiar un medioambiente empobrecido y contaminado. Al contrario. Espero que sirva para avivar la voz de la cordura y el espíritu crítico y para señalar que, si bien yo soy responsable de lo que pienso y siento; también lo soy de lo que como y respiro. Apostar por la alimentación ecológica o la cosmética y los limpiadores naturales, puede ser la diferencia. Obligar a los poderes públicos a crear y cumplir leyes rigurosas con la protección del medio ambiente es otro aspecto fundamental de la recuperación de la salud global (en la que incluyo lo femenino). Sugiero la lectura de Cuerpo de Mujer. Sabiduría de Mujer, de la doctora Christiane Northrup, donde se recoge esta visión más integral de la salud humana. 

No hay experiencia física sin interacción con el medio y no creo posible recuperar una visión más femenina (o como queramos llamarla) de la existencia sin el cuidado del Planeta y de los ecosistemas y seres vivos que en ella habitan. Se trata, al final, de abrazar la Vida comenzando por el propio cuerpo y extendiendo esa valoración mas allá de nuestra piel. 



* http://www.slowmind.net/colombo_net/psicosomatica.pdf

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