sábado, 28 de julio de 2012

Cosas de este verano

Mediometraje documental de TVE: 50 años de... La mujer, cosa de hombres,
 de la directora Isabel Coixet. Aviso: pone de mala uva. 

Como no suelo ver la televisión, gran parte de lo que "ocurre" en ella queda fuera de mi ámbito. Esto es todo un consuelo. Sin embargo, y por más que intente estar ajena a sus ondas, siempre hay algo, una imagen, un fragmento pillado al vuelo en una cafetería, en la casa de un familiar, una tienda, internet... que me golpea en la mejilla. Y, no sé si por causalidad, últimamente  he visto o han llegado hasta mi algunas imágenes que me han hecho revolverme con dientes y uñas. 


La primera llegó con la entrega de los premios a los ganadores del Tour de Francia de este año. El paripé de la entrega de premios todos los años me enerva, pero en esta ocasión pude sentir en mi piel los miles de años de dominación, sometimiento y "cosificación" a los que hemos sido sometidos las mujeres desde el origen de los tiempos. El ganador del Tour sube y dos mujeres peinadas y vestidas de "domingo publicitario" se acercan a él, lo besan, aplauden, le regalan flores y se hacen fotos.

Si te parece tonto o que no es para tanto, piensa por un momento ¿Qué teatro se está representando allí? ¿Por que se hace así la entrega de premios? ¿Qué nos están diciendo? ¿Cuál es la lectura? 

La iconografía tienen importancia, mucha, y tanto más cuanto más oculto esté el significado a nuestra parte racional. Los iconos y símbolos son más poderosos si apelan al sistema emocional o al  instintivo. Eso lo saben muy bien todos los prócedes de la patria (cánticos, banderas, fronteras, imágenes con las que identificar a los paisanos...); los ejecutivos del fútbol que mueven masas exactamente con los mismos recursos; o las religiones, que apelan a los símbolos unidos a fuego desde la más tierna infancia a la necesidad del individuo de pertenencia a un grupo. Por eso funciona como catarsis la Semana Santa, por eso las religiones tienen figuras de Santos, Vírgenes y Cristos, cruces, estrellas, grafías... porque con solo verlas nos transportan al misterio, lo trascendente, nos devuelven a los miedos o la seguridad de la infancia, a las emociones primarias y ocultas. 


Cuando un ganador del Tour se sube a su pedestal, dos mujeres se le acercan, una por cada lado, y le hacen regalos y le dan besos. Él es el ganador, el que ha vencido y ¿cuál es el premio? Una copa, sí... pero no solo eso. La copa se la dan los hombres de traje y corbata, esa es la parte oficial, la lectura racional. ¿Qué otra cosa está sucediendo en esa tarima que no se dice pero se hace? La visión del macho alfa, ganador, rodeado de mujeres con acercamiento físico. Mujeres que han de cumplir con un riguroso modelo, claro. No sube su madre a darle un beso, ni la vecina del quinto de ochenta kilos, no, las mujeres que ese macho ganador merece son jóvenes y guapas y, por supuesto, dos.

Puede que pienses que estoy exagerando, pero te puedo asegurar que si las entregas de premios se hacen así es porque detrás hay una interpretación de la vida, de la gloria, del triunfo. (Por si aún no te ha quedado claro después del video documental).


Más cosas que me llaman la atención de la tele. Las presentadoras del telediario en los últimos años son mujeres jóvenes con un físico que cumpliría el canon de belleza de las pasarelas internacionales. Los hombres tienen mediana edad (muchos más mayores que ellas) y suelen ser hombres normales con físicos normales. Pero ellas... su media de edad baja de los treinta y cinco y su presentación en la pantalla (maquillaje, peluquería, vestuario con escote incluido) responde más a un anuncio de champú que a la imagen de una profesional de la información. Yo he crecido viendo en las pantallas a periodistas como Carmen Sarmiento, Olga Viza, Rosa María Mateo, Concha García Campoy o María Escario. Mujeres de verdad con aspecto normal. Las niñas de ahora crecerán viendo en la televisión a Sara Carbonero, Mónica Carrillo, Susana Griso, Cristina Saavedra, Mamen Mendizabal... no me corresponde a mi dudar de su capacidad de trabajo o sus méritos laborales. Mi intención es destacar cómo ha sido posible que en unos pocos años hayamos creído necesario tener un físico de modelo para dar las noticias en televisión. Cómo los directivos de las televisiones han preferido mujeres que adornen con su físico, a veces incluso por encima de profesionales mujeres que tienen aún cosas que decir. 

La propia Olga Viza lo cuenta así en una entrevista. La presentadora pregunta: «En el periodismo deportivo, ahora se ven muchas mujeres. Lo que no sé es si están ahí solo por cumplir una cuota. ¿Por qué no hay mujeres retransmitiendo partidos? ¿Por qué los comentaristas siempre son hombres?». Y Olga, con meridiana claridad, respondió: «Porque el problema son los croupiers que reparten el juego periodístico. Se respira un aire involutivo. Es puro machismo. Hay una ley no escrita que dice que si se contrata a una mujer tiene que ser una mujer estupenda. Conozco periodistas guapísimas que hacen su trabajo informativo admirablemente bien, pero conozco también a muchas, muchísimas periodistas estupendas que no son guapas y que no pueden trabajar»; (la entrevista completa)

Eso es lo que señalo. No que las que estén lo hagan bien o mal; sino que se ha cerrado a las periodistas que no tienen ese físico las puertas de la televisión... para entretenimiento masculino, hay que precisar. Hoy, hablando de este tema, un hombre me ha dicho que creía que igual solo las mujeres guapas estudiaban periodismo y por eso sólo mujeres guapas salen en televisión. Y es que los mensajes subliminales funcionan mejor cuanto menos conciencia tengamos sobre ellos, más integrados estén y menos apelen a la parte racional. Y creo que es necesario comenzar a hacer un esfuerzo para ir volviéndonos conscientes de esas pequeñas y grandes humillaciones que caen en el olvido, que parecen no existir... pero están ahí. Mi hija crecerá con esos modelos de mujeres y yo me niego a no poner una visión crítica a esta realidad machista que nos fagocita ineludiblemente.

Como el anuncio de la compresa de Evax, que ahora da la vuelta por las redes sociales. Según esta empresa, ahora tienen una compresa que atrapa el olor y lo elimina. Yo ya no se que decir. El anuncio lo podéis ver aquí. En las redes están que arden y hay numerosas acciones en protesta. Sólo me queda que pensar que los publicitarios usan dos estrategias para vender:

1.- Detectan una necesidad de los futuros clientes, y cubren esa necesidad. Es decir, que las mujeres nos quejábamos de nuestro olor de regla y ellos nos ofrecen la solución a una necesidad nuestra.
2.- Para vender más, creas la necesidad y después el producto que la satisface.

Me da a mi que se trata más de lo segundo porque no he conocido nunca a una mujer que se queje de que su regla huela mal. En todo caso huele a eso, a regla, a menstruación, a sangre fresca, a vida... ¿mal?  Claro que a estas alturas, usamos cremas y afeites, perfumes y desodorantes para todo y una ya no sabe si realmente en alguna encuesta de los señores del marketing algunas mujeres apuntaron al olor de la menstruación como enemigo a combatir. En Brasil las mujeres dejan de menstruar porque es más cómodo. Aquí nos huelen las reglas... es todo demasiado extraño... o perverso. 

En fin, cosas de este verano de 2012 que nos trae canciones tradicionales que apestan a ropero viejo, naftalina y alcanfor. Espero que esa pestilencia sea para abrir el armario y permitir que entre aire fresco. Quizá la pregunta sea ¿Cuándo en este mundo la mujer y su cuerpo dejarán de ser un entretenimiento, objeto de deseo o razón para ser denostadas? ¿Os imagináis cuánto cambiaría el mundo?

martes, 17 de julio de 2012

Sobre el cuerpo de la mujer

Hace algunas semanas publiqué un pequeña pieza documental sobre la imagen pública del cuerpo de la mujer y han sido numerosos los comentarios que han suscitado. Algunos de ellos me han parecido tan interesantes que merecían un post aparte. Algunas de las mujeres que han visto el video se han sentido excluidas porque su cuerpo era delgado o de vientre plano. Y algunos comentarios iban en la siguiente línea:

"Al verlo, me surgio el pensamiento de que realmente el prototipo de belleza en Europa efectivamente esta muy influido por la moda, la publicidad, etc., pero pienso que igual todo esto produce una contra reacción hacia las mujeres delgadas... Una no nace delgada porque asi lo desee, y no deja de ser menos mujer por ser delgada o no desear tener hijos. Ya que este documental abre las puertas a una reflexion acerca del vientre femenino, por que no pensar en que el aspecto fisico de una mujer puede ser tan variado y especial como mujeres hay en ese mundo? "

Y es que en ningún momento considero que se es más o mejor mujer por el hecho de tener más o menos vientre, ser madre o estar más o menos delgada. Muy lejos de mi intención. La cuestión, independientemente de si una es delgada o no, es que nos intentamos equiparar a un modelo físico de ser mujer que no es real, que es un prototipo, una invención, una idea, una imaginación... la mayoría de las imágenes de modelos publicitarios están trucadas con photoshop con lo que es imposible saber como son esas mujeres de verdad. Sin embargo, muchas de nosotras nos sentimos presionadas para ser como los dibujos y fotografías que se consideran bellos. Esta es la reflexión: " Si nuestra búsqueda es de un modelo de belleza inusualmente minoritario o directamente imposible, entonces, estamos errando la búsqueda y desviando nuestra atención de otros aspectos más centrales de nuestra existencia".

Al hilo de mi conclusión una amiga me contaba que otra mujer que lo había visto, le había dicho que no creían que los hombres fueran los causantes de esta situación y que no había nadie detrás de la imposición del modelo de cuerpo de mujer. Me gustaría matizar algunas cuestiones. En primer lugar, el patriarcado no es una cuestión de hombres, el patriarcado es una forma de relacionarnos hombres y mujeres, que comparten una visión en conjunto de la vida bastante similar: jerarquía y competitividad. Para mi, los hombres no son los causantes últimos de esta situación. Para seguir con el sistema tradicional de reparto de poderes del patriarcado, los hombres por lo general priman en el aspecto público mientras las mujeres prevalecen en lo privado. Y mantener el orden de cosas necesita de ambos: de lo público, proporcionando modelos de como ser mujer a través de las revistas, moda, cine...; y de lo privado, manteniendo los valores y educando a las siguientes generaciones en esos mismos valores. Ahora que estos roles se han difuminado (aunque la preeminencia del hombre en las esferas de poder de lo público sigue siendo evidente y el reparto de las tareas domésticas algo más equitativo, pero aún no definitivo), podemos seguir encontrándonos con una visión conjunta de cómo es la sociedad, la vida, qué significa ser hombre y mujer, bastante uniforme en ambos sexos. El problema no está en que los hombres piensen unas cosas y las mujeres otras; la cuestión radica en que generalmente ambos pensamos lo mismo y que el pensamiento que producimos nosotras y ellos es un pensamiento patriarcal.

Para finalizar, me gustaría aclarar algo respecto a si creo que el modelo de mujer es una casualidad o una causalidad. En mi caso, lo tengo claro. Los movimientos sociales no suelen ser estudiados como casualidades. Los comuneros no tomaron la Bastilla en 1789 por casualidad. El puritanismo del S.XVI en Inglaterra, no surgió por casualidad, fue el resultado de una serie de luchas de poder. Y la abolición de la esclavitud surge a raíz de la Ilustración tanto como de la industrialización, cuando la mano de obra esclava deja de ser interesante para las nuevas industrias.  Si hacemos una lectura de la historia en términos de poder, movimientos de poder y luchas de poder... ¿cómo podemos entonces negarnos a ver el presente en esos mismos términos? ¿Será posible considerar que millones de mujeres en el primer mundo preocupadas y ocupadas en parecer lo que no son, más jóvenes, más delgadas, más adolescentes, más lineales... no tiene un caldo de cultivo detrás y no sirve a los intereses de nadie?

A mi, personalmente, me cuesta mucho creer que es una casualidad motivada por un empeño puramente estético. Un capricho hedonista de unos pocos. Creo que es una esclavitud en toda regla de la que no se libra nadie, ni siquiera las mujeres delgadas. Tampoco ellas serán nunca lo suficientemente altas, esbeltas, risueñas, saludables, voluptuosas... No es una cuestión del delgadez. Lo que se juega es  creer que no soy suficientemente buena tal y como soy. Que no valgo como mujer. Que no soy correcta. Que mi naturaleza no es adecuada. Y eso, pasa factura.

Ninguna de las mujeres de carne y hueso que he conocido a lo largo de toda mi vida podría ser portada de una revista de moda ¿No os preguntáis por qué?

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