miércoles, 30 de septiembre de 2015

Sexo, sexo, sexo

El sexo es el mayor tabú al que nos enfrentamos. En nuestra sociedad,  en la que las estrictas prohibiciones religiosas y morales han dejado paso a una supuesta libertad, hombres y mujeres seguimos estando desorientados y perdidos en torno al sexo. En estos momentos el sexo se ha deformado, volviéndose superficial y continúa amarrado al patriarcado que se asegura, a través de la revolución sexual, que las mujeres sigamos estando disponibles para el hombre. Conocer el propio deseo y vivir de acuerdo a él, es mucho más profundo que tener libertad para acostarse con cualquier otra persona. Ahora, como en pocos momentos de la historia tenemos mucha información (que no deja de ser eso, información) porque al llegar a la hora de la verdad... 
El sexo es el último muro que escalar. Como en tantas otras disciplinas la teoría y la práctica, no solo no van de la mano, sino que son contradictorias. Así leemos best seller sobre sexualidad escritos por sexólogos/as en los que se dice que el principal (y único) órgano sexual de la mujer es el clítoris y que el orgasmo tiene su origen y expresión en él, o que sin la estimulación del clítoris no hay orgasmo, o que la penetración no produce placer o... 

Hay cosas que es mejor experimentar que contar. 

El problema es que en un momento dado quisimos que todo el pensamiento fuera científico, porque así entendíamos que era verdad. Por eso, para ser sexólogo/a no hace falta haber descubierto los secretos del sexo, solo hace falta saber la teoría oficial sobre el mismo (antes de que nadie se ofenda: no digo que los sexólogos no hayan descubierto los secretos, digo que no es necesario que lo hayan hecho. Y, desde luego, si algún sexólogo lo ha hecho, le pido que lo desvele). Sin embargo, no es posible separar la sexualidad humana de la propia humanidad. O lo que es lo mismo, en este paradigma científico del racionalismo en el que todo se separa para mejor comprender, la sexología ha pretendido separar al sexo de los hombres y las mujeres. El sexo, como un compartimento estanco, objeto de estudio. Sin embargo, el sexo no puede ser separado de la biología, la psicología, sociología, la antropología, la naturaleza, la trascendencia, la religión, la economía, la historia o el patriarcado. Pretender hablar del sexo como un objeto en sí mismo es alejarlo de lo que es.

Esta semana, algunas mujeres hablaban de que sentían que los hombres no podían darles lo que necesitaban sexualmente: básicamente querían caricias, juegos, mimos,... más sensualidad y menos mecanicidad.   

Y a estas alturas de la historia ya he oído casi de todo:

- hombres que no gustan de la penetración por considerarla un producto del patriarcado.
- mujeres que no gustan de la penetración por lo mismo.
- hombres que se quejan de que su pareja nunca tiene ganas (y deducimos que a todas las mujeres les pasa lo mismo).
- mujeres que se quejan de que su pareja nunca tiene ganas (y deducimos que a todos los hombres les pasa lo mismo).
- mujeres que sólo llegan al orgasmo con estimulación clitoridiana.
- mujeres que llegan al orgasmo incluso sin estimulación clitoridiana (y de ningún otro tipo).
- mujeres que paren entre gritos de dolor.
- mujeres que paren entre gritos de placer.
- hombres que solo sienten placer en las zonas erógenas.
- mujeres que solo sienten placer en las zonas erógenas.

... y así hasta el infinito de posibilidades que no pueden agotar el amplio concepto que abarca el término sexo.

Comienzo a comprender lentamente que el sexo no es el acto o la actividad sexual en sí. El sexo tiene que ver con la propia esencia de la naturaleza humana y, por lo tanto, no puede ser escindido o separado de la persona sin que pierda su sentido y profundidad. El sexo tiene que ver con el goce, con el disfrute, con la capacidad de dejar de tener el control, con estados trascendentes, con la energía, con las hormonas, con los órganos, con la mirada que tengo sobre el mundo, el sexo tiene que ver con quien yo creo que soy y cómo creo que no soy, tiene que ver con mi poder interior, con la seguridad exterior, con la maternidad y la paternidad, con la risa, con el juego, con el placer, con los cuidados, con el amar, con el abandono... y cuando consigamos mirarlo, al menos, desde todos estos prismas (y alguno más que seguro me he dejado en el tintero), quizá entonces, conseguiremos comprender algo más sobre el sexo. Mientras tanto, una buena postura podría ser dejar de pensar que sabemos lo que pensamos y entregarnos a la experiencia.

¡Qué tengáis buen sexo!


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4 comentarios:

tatty dijo...

Hola Mónica,
quería contarte que ultimamente, de la mano de Maite Domenech y de Hari Dass, he empezado a ponerme en contacto con el tantra. El tantra, mucho más allá de lo que se cree popularmente, trasciende el sexo y se trata de un modo de enteder la vida, estando presente aquí y ahora y sobre todo a través de la experiencia, no vale la teoría. La confusión entre tantra y sexo viene porque a través del tantra se trabaja con la energia sexual por considerarla una de las más poderosas, pero como ya te he dicho, va muchos más allá de eso. Yo apenas estoy comenzando con esto, pero el modo en el que se entiende la sexualidad a través del tantra te hace dar cuenta del grado de superficialidad con el que entendemos y tenemos sexo en la actualidad. De este modo no es de extrañar que nos resulte a veces una carga tan pesada. Hay ejercicios de sanación super poderosos que te conectan con todos los bloqueos que hemos ido grabando a lo largo de la vida, etc... En fin, que me está pareciendo un camino poderoso para avanzar en la conexión con el ser interior, y me parece un punto de vista muy interesante, para alguien como tu que se ha enfocado hacia temas que son parte de nuestra sexualidad. Un abrazo,
Tatiana.

Maya dijo...

Bravo.
Es eso: subjetivizar la sexualidad.
Devenir sujetos.
Pero hay un interés TAN grande por que eso no suceda... incluso en los círculos "new age" y mundos de yoga, etc. siempre ese interés (sobre todo por parte de ellos, aunque muchas mujeres lo secundan) por separar "lo femenino" y "lo masculino" como si sólo existieran dos esencias...

Pero qué bueno que cada vez más voces vayan abriendo nuevos caminos.

Silvia Durá dijo...

Pues sí, totalmente de acuerdo contigo. Me encantan tus post. En realidad la vida es placer y displacer, e intentar compartimentar el placer en secciones, para estudiarlas sobre la placa del microscopio de la ciencia, no nos lleva más a que al falsa ilusión de que estamos formados por partes. Una comprensión holística del ser humano, de la vida en realidad, tal vez nos procuraría menos tesis doctorales, pero seguro que una mayor felicidad.

Eli Hdez dijo...

Olé tú, chapó, queremos intelectualizarlo todo, y no. Me quedo con esto que dices, y que se expanda mucho:

"Comienzo a comprender lentamente que el sexo no es el acto o la actividad sexual en sí. El sexo tiene que ver con la propia esencia de la naturaleza humana y, por lo tanto, no puede ser escindido o separado de la persona sin que pierda su sentido y profundidad. El sexo tiene que ver con el goce, con el disfrute, con la capacidad de dejar de tener el control, con estados trascendentes, con la energía, con las hormonas, con los órganos, con la mirada que tengo sobre el mundo, el sexo tiene que ver con quien yo creo que soy y cómo creo que no soy, tiene que ver con mi poder interior, con la seguridad exterior, con la maternidad y la paternidad, con la risa, con el juego, con el placer, con los cuidados, con el amar, con el abandono... y cuando consigamos mirarlo, al menos, desde todos estos prismas (y alguno más que seguro me he dejado en el tintero), quizá entonces, conseguiremos comprender algo más sobre el sexo. Mientras tanto, una buena postura podría ser dejar de pensar que sabemos lo que pensamos y entregarnos a la experiencia.
¡Qué tengáis buen sexo!"

Gracias por compartilo, un saludo!

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