viernes, 23 de marzo de 2012

Volver al cuerpo de Mujer

Dice la ginecóloga y escritora del libro Cuerpo de Mujer, sabiduría de mujer, Cristine Northrup, que el patriarcado es la separación cuerpo-mente. Y tiene razón, una base fundamental para que el patriarcado haya podido extenderse es habernos desconectado de lo que sentimos.  Sólo a través de la enajenación de lo que sentimos, podamos dar más peso y fuerza a lo que pensamos. La emoción puede definirse como entidades psico-físicas que conectan el cuerpo y la mente. Una emoción no emerge en tu cuerpo para nada. Una emoción emerge porque es la respuesta (a un pensamiento o experiencia) y lo que hace es provocar una acción: huir, luchar, llorar, gritar, cuidar, desear... El problema es que terminamos por liarlo todo al darle más peso a los pensamientos y considerarlos la única fuente de estímulo "real" del cuerpo.

Si comienzo a pensar en mi propia muerte, es probable que termine angustiada. En este caso es el pensamiento "voy a morir" el que provoca una emoción en mi cuerpo. En una situación real, el cuerpo, ante la eminente llegada de mi muerte, va a buscar alternativas para afrontar la situación. Por ejemplo, si estoy colgada de 20 metros por una mano en un precipicio, mi mano va a poder usar toda la fuerza de la que soy capaz, y más aún, con tal de que no caiga. Es mi instinto de supervivencia. Si he de pelear con un león por mi vida lo haré hasta la muerte y si he de correr delante de él, de la misma forma os aseguro que habré batido mi propia marca. Pero si la idea es sólo eso, una idea que me atormenta, el cuerpo no puede responder a esta situación porque no es real. Entonces el cortisol, la adrenalina y todos los componentes físicos que mi cuerpo segrega en pos de mi supervivencia se vuelven contra mi, quedan bloqueados en mi interior. Entonces se convierten en angustia y miedo. 

Y es que damos demasiada importancia a lo que pensamos. Suelo contar algo. Si tengo una fantasía erótica con alguien inoportuno y me lo tomo demasiado en serio, puedo llegar a abrumarme hasta el punto de obsesionarme con la idea de haber tenido una idea: culpabilidad, angustia... Sin embargo, si considero que la naturaleza de mi mente es la de fabular y procuro darle la importancia que tiene a estos pensamientos, pero no más, es probable que, aunque me molesten, los pensamientos no ganen fuerza en mi y me permitan vivir tranquilamente. Un poco de sentido del humor y de humildad tampoco viene mal para comprender que, aunque hayamos puesto nuestra identidad en el cerebro, éste a veces se equivoca.

Volver al cuerpo es recibir la paz y la serenidad de lo que ocurre. Si leemos, comemos, hacemos el amor o paseamos, eso, y no otra cosa, es lo que ocurre. Recibir la vida sin el filtro de la mente es un auténtico regalo. Solo mediante la enajenación de la mente del cuerpo, se han podido dar fenómenos básicos para el patriarcado. Por ejemplo, una crianza conductista donde el cuidado y el amor queden relegados a un segundo o tercero plano por detrás de la obediencia, la sumisión o la productividad. 

(En breve, ejercicio práctico de regresar al cuerpo).

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Todo un reto, me recuerda una frase de un amigo muy divertida para mí: "ponga la pensadera en el congelador y haga lo que se le dé la gana".
Gracias por adelantado por ese ejercico prometido.
Saludos,
Nora

Anónimo dijo...

Todo un reto, me recuerda una frase de un amigo muy divertida para mí: "ponga la pensadera en el congelador y haga lo que se le dé la gana".
Gracias por adelantado por ese ejercico prometido.
Saludos,
Nora

Mónica Felipe-Larralde dijo...

Gracias por tu comentario Nora. Buena frase.
Un abrazo

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