viernes, 9 de marzo de 2012

Gallardón y el día Internacional de la Mujer

El día 8 de marzo es el día Internacional de la Mujer. Mala cosa. Solo las cuestiones urgentes, graves y en peligro de extinción merecen un día internacional: selvas, medioambiente, pueblo gitano, agua, tuberculosis, infancia... los políticos no tienen un día, aunque sí que tiene día la televisión, pero creo que esto es por grave, como las enfermedades.
Realmente no sé bien en qué consiste este día ni que trata de celebrar: que resistimos frente a los embates y pese a todo; que nos damos cuenta de la injusticia en la que vivimos y que acatamos cada mañana; que estamos orgullosas de ser mujeres (pese a todo); que reivindicamos algunos derechos...
Ahora Gallardón, flamante ministro de justicia,  reivindica el derecho de la mujer a la maternidad y habla de violencia estructural... y hay otros/as a los/las que se les ponen los pelos de punta. ¿Derecho de la mujer a la maternidad? ¿Qué es eso? Nosotras (sin barra, aunque también haylos) reivindicamos que el derecho de la mujer, la libertad de la mujer, pasa por el aborto libre y gratuito. Y Gallardón, erre que erre, dice que no, que hay mujeres que quieren ser madres y no pueden porque hay violencia estructural contra el derecho a la maternidad. Y las feministas de toda la vida, erre que erre, que el derecho al aborto es parte de la libertad de la mujer y es un derecho irrenunciable. 
Y si este debate tan estúpido se produjera a la puerta de un aula de una universidad no me importaría tanto, pero es que este debate lo tienen el Ministro de justicia y un montón de diputadas, feministas de cartera y profesionales de varios frentes con más voz y voto en los mass media. 
Y se trata de un debate ridículo porque ambos se quedan en la superficie, arañando un cristal con la uña sin entrar en consideraciones más profundas que, al menos, si no nos van a llevar a la verdad última nos permitirán una mayor toma de conciencia y conocimiento. Por partes. Cuando Gallardón habla de la violencia estructural tiene razón. Lo indignante y cínico es que hable de violencia estructural el Ministro de un partido que acaba de recortar los derechos laborales a todos (pero más a todas). Para evitar la violencia estructural contra la mujer, querido Gallardón, no es necesario propiciar la maternidad, lo que hace falta son leyes implacables para garantizarnos que a mismo trabajo, mismo salario (en España las mujeres cobramos un 20% menos que los hombres); harían falta leyes de conciliación reales, que no signifiquen dejar a niños de cuatro meses en guarderías durante nueve horas o dar el derecho al despido por nueve faltas (a ver dónde nos deja de facto estas medidas a las mujeres-madres), sería necesario vivir en una sociedad en la que me garantizaras que, después de criar a mi hija los primeros tres años de vida, podría incorporarme a mi puesto de trabajo sin una merma en la proyección de mi carrera y sin haber pedido nivel económico por el camino, vamos, como en otros países de Europa. Y haría falta que el estado garantizara una prestación por menor a cargo que, le recuerdo en algunos países del entorno llega  a ser el salario mínimo interprofesional durante los tres primeros años de vida del niño, frente a los 0 €/mes de España. Pero no, Gallardón habla de violencia estructural con la mano izquierda mientras con la derecha firma las resoluciones de los consejos de ministros.
Y después están las señoras feministas de toda la vida que ocupan cargos públicos o relevantes que, para empezar nunca han condenado la violencia estructural contra el derecho a la maternidad de los mujeres, no porque no existiera, que existe, sino porque va en contra de uno de sus principales apostolados del feminismo de la igualdad: el trabajo es un derecho (por eso lo reivindicamos), la familia es una carga (por eso la repartimos). En el fondo es como decir, que los niños no son tan importantes como el trabajo. Así que si hay presión para que no se sea madre, no importa. Lo que nos importa es que haya presión para ser madre. Y aquí entra el aborto, mágica solución para todos los males de esta cosa que es el cuerpo de mujer y su capacidad reproductiva a la que, me temo, no solo nunca han comprendido, sino que han negado. Pues el cuerpo de la mujer es cíclico, menstrúa y, si quiere, gesta y da vida y la sostiene durante un periodo de tiempo. Y eso es también ser mujer. 
Aunque comprendo a las mujeres que abortan y defiendo el derecho al aborto libre y casi me da igual si con leyes reguladas por supuestos o por plazos (en realidad los supuestos no eran más que un trámite), no concibo que esa sea la llave de mi libertad. Me imagino el aborto como el último recurso de una mujer, pero nunca como el eslabón fundamental de un derecho. Quien ha abortado lo sabe: daría marcha atrás en el tiempo para no tener que tomar esa decisión: quedarse embarazada sin haberlo deseado. Esa sí que es cuestión, hasta ahí nadie llega. Inmersos en la sociedad hedonista del placer rápido y urgente, hemos desvirtuado el significado del sexo y hemos pasado de la represión a la irresponsabilidad.  No me imagino mayor dolor que renunciar a una maternidad (a la vida de mi vientre) por falta de dinero; pero tampoco concibo que la única respuesta a adolescentes ansiosas de nuevas experiencias o en roles de sumisión con el primer hombre que le hace caso en la vida, sea abortar de forma pueril e inconsciente. Total, el aborto como un mero trámite y todo como antes cuanto antes. Una visión de la existencia plana, materialista y en términos económicos. 
El respeto al cuerpo, al poder interior, la conciencia y la ética, la responsabilidad y el autoconocimiento... fueron palabras expulsadas hace mucho de los debates estériles y superficiales de los políticos en este país. Al final, de este debate nos queda saber cuánto va a recortar Gallardón los plazos o si redactará una nueva ley de supuestos; lo que ya sabemos es que jamás los neocons redactarán leyes contra los empresarios y el capital (olvidémonos de bajas maternales y paternales más amplias y de conciliación real); sabemos también que el dinero que nuestro Estado-Gobierno administra irá a pagar deudas del capital antes que al sostenimiento de los seres humanos; sabemos que las feministas de la igualdad no reconocerán que la maternidad es un derecho y seguirán hablando de repartir las cargas familiares; y en medio de todo esto, las que somos madres de otras mujeres, intentaremos, a pesar de ellos, que nuestras hijas se empoderen y sean las dueñas de su cuerpo, de su salud reproductiva y, desde luego, de su maternidad.

4 comentarios:

Ileana dijo...

BRAVO, BRAVO, BRAVO!!!

Menos mal que lo que no escribe la una lo escribe la otra.

Te abrazo, Mónica!!!

Maria dijo...

Maravillosa entrada!!Gracias

Catalina de mamatambiensabe dijo...

Pues de acuerdo con casi todo. Lo primero, yo tampoco entiendo esta "celebración" Ayer mi marido cuando me iba a felicitar, se encontró con una pregunta: ¿Tu acaso felicitas a la enferma de leucemia el Día del Cáncer"?, pues como sé que no, no me felicites..

Por otro lado, lo de Gallardón, tiene sus puntos a favor como bien lo expones.. la cosa es que su afirmación sobre la "violencia estructural" (la cual también creo que exista) es una forma de justificar la derrogación de una ley muy controvertida... me cuesta mucho creer que defiendan realmente la maternidad dado el ejemplo de la segunda a bordo. Claro está que esta frase me gusta "... Con una red asistencial adecuada no renunciarían a la maternidad"... Pero claro esta es sólo mi opinión personal.

Miguel G. Lázaro dijo...

Bravo, estupendo artículo. Completamente de acuerdo en la búsqueda de la satisfacción inmediata, que el sistema en el que vivimos convierte casi en una necesidad. La raíz del problema es el mismo, la centralidad de lo monetario y económico sobre el ser humano. Llamémoslo patriarcal o capitalista o neoliberal, igual me da...

Larga tarea queda todavía para acabar con la discriminación que sufrís, pero cada vez somos más hombres los que nos interesamos, aprendemos y nos unimos.

Hacemos comunidad en Facebook