viernes, 20 de mayo de 2011

Matri-revolución

La sociedad civil, anónima, desorganizada e inquieta ha comenzado a revelarse. Al fin, después de tantos años, décadas, de cinismo político, falta de escrúpulos y corrupción, los españoles hemos dicho BASTA.  Basta de ser marionetas en manos de los cada vez más poderosos lobbies; basta de ser los que menos tienen los que paguen los desmanes de los que más poseen; basta de hacer como si aquí no pasara nada. Desde la manifestación del domingo, cada día acudo a la Plaza del Carmen en Granada, para asistir a asambleas que, cada vez, son más multitudinarias. La última congregó a más de 2.000 personas.  Por ahora, son gente joven, muy joven, los que están en la organización, aunque la organización es horizontal y todos son bienvenidos. Llevo echando en falta a los parados, los obreros, las madres, las amas de casa, los desahuciados por los bancos... ¿dónde están? Hasta ahora es un movimiento de jóvenes universitarios, treintañeros concienciados y mayores combativos que reviven, con un hálito de esperanza, tiempos en los que todo era posible. Aunque poco a poco se van acercando. Ayer asistieron a la asamblea de Granada, la asociación de parados de la zona Norte (uno de los barrios con más problemas socioeconómicos de la ciudad) y sigo esperando más incorporaciones. Por ejemplo la de las madres. ¿Dónde están las madres? 
Las madres tenemos un papel protagonista en estas movilizaciones sociales porque, por primera vez, el grito unánime es el de los seres humanos, sin siglas, sin credos, sin ideologías. Solo una causa común: que la Justicia, la Igualdad y el Ser Humano prevalezca sobre la banca, los partidos políticos, los chiringuitos financieros, los especuladores y los presidentes del FMI del mundo que nos atropellan con su desaforada manifestación de poder (incluso - presuntamente- violando a camareras de hotel).
Es un grito en el que las madres podemos estar representadas sin distinción porque es un grito en el que el ser humano vence. Podemos esperar un mundo más justo y mejor para nosotras y nuestros hijos, podemos esperar que las declaraciones del Ministro de Trabajo pidiendo la inmediata incorporación de la mujer al trabajo después de dar a luz y del bebé a la guardería queden arrasadas por el sentido común y la protección que todo recién nacido merece; podemos esperar que el ser humano prevalezca sobre los balances contables y la dignidad de nuestros hijos sobre la competitividad del país; podemos esperar que el derecho de los ciudadanos a una vivienda digna prevalezca sobre el derecho de los usureros del mundo a generar beneficios para sus bolsillos; podemos esperar que el derecho a la propiedad privada (matizado en la Constitución española con el de función pública) no prevalezca sobre el derecho a la especulación, que la decencia prevalezca sobre la corrupción... y así hasta que, de repente, las reglas del juego se modifiquen y adapten a la nueva conciencia del pueblo. ¿De dónde surgieron las revoluciones sociales anteriores? De la conciencia de, primero una pequeña parte de la población, después de más y más personas hasta avanzar hacia un nuevo orden. En la revolución francesa, miles de comuneros tomaron la Bastilla y en el Mayo del 68 los estudiantes fueron la avanzadilla de lo que vendría después.
Si estas movilizaciones van a cambiar la manera en que se hace política en este país aún no es posible saberlo, pero lo que sí sé es que hay muchos que nunca volverán a pensar como lo hacían antes. Y, entonces de forma general, el mundo, nuestro mundo cambiará. 
Las madres tenemos mucho por lo que protestar, ciudadanas de segunda, siempre subyugadas al poder de los maridos, jefes, políticos... es hora de dar un paso al frente y gritar.
Gritar porque:
- La baja maternal en España es ridícula y merecemos, al menos,  dos años de sostenimiento estatal para criar a nuestros hijos, seres humanos que serán en futuro del país. Esto es, valorar la maternidad/paternidad y el papel que representa.
- Ya está bien de sacrificar a nuestra prole en guarderías, colegios con jornadas de ocho horas y actividades extraescolares sin fin para conciliar horarios absurdos de empresarios sin sentido común.
- Seguimos siendo esclavas de los jefes, (en su mayoría hombres) y de los poderes públicos en manos de feministas de la igualdad y hombres que crean un mundo donde solo cuentan los beneficios y el aspecto económico de cualquier cuestión.
- Tenemos derecho a decidir la educación y crianza que queremos darle a nuestros hijos. Como rezaba una pancarta de la manifestación del domingo en Granada "El sistema de enseñanza, la enseñanza del sistema".
- Merecemos una casa digna en la que no hipotecar nuestra vida y parte de la de nuestros hijos.
- Merecemos un reparto de la riqueza equitativo más justo (la mujer siempre es más pobre que el hombre).
- Merecemos ganar lo mismo que los hombres por hacer el mismo trabajo y que esto sea un realidad garantizada por los poderes públicos.
- Merecemos vivir en una sociedad donde lo importante sea lo prioritario.
Crear un nuevo mundo forma parte de las atribuciones que, como seres humanos, poseemos. Nuestro poder como mujeres debe notarse ahora, cuando estamos a las puertas del cambio. ¡Estamos todas invitadas!

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