domingo, 16 de enero de 2011

Con solo una mirada...

Respira lentamente. Ve soltando los pensamientos, las prisas... Haz un breve repaso mental sobre tu cuerpo. Observa qué músculos presentan tensiones: recorre tu espalda y "captura" estos músculos congestionados y contraídos. Sube por el cuello, la mandíbula, la barbilla, el entrecejo, la cabeza... Observa la tensión, el pellizco que crean estos músculos a su alrededor, nota su dolor, como provocan cambios posturales (hombros levantados, mandíbulas encajadas, gestos faciales...)  

¿Tienes más de un músculo contraído? 

Ahora puedes imaginar cuál es el estado de tu útero, teniendo en cuenta que es un órgano eminentemente muscular y que no lo hemos ejercitado nunca.

Ahora puedes comprender que es posible, igual que tenemos un útero tenso y contraído, tener un útero relajado y flexible.

Ahora has comenzado a caminar en este sentido. Porque el primer paso era comprender esto: nuestro útero es masa muscular y como tal es posible relajarla.

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