jueves, 26 de enero de 2012

Visita al ginecólogo

Ayer fui a una visita rutinaria ginecológica. He de confesar que nunca me ha gustado ir al ginecólogo. Un ginecólogo es un tipo (casi todos son hombres) con bata blanca, que no te mira - no digamos escucha- demasiado, y suelen mantener una actitud distante entre paternalista y displicente que, la verdad, me hace salir de allí, prometiéndome no volver nunca más. Y cuando he tenido la experiencia de ir a una ginecóloga (como la que me asistió en el parto), la cosa no mejoró sustancialmente. Creo que por eso me indigné tanto con las viñetas de la SEGO. Porque ponían al descubierto lo que yo sentía a la salida de la consulta del ginecólogo: que esta gente realmente no me respeta. La visita al ginecólogo no es una rutina médica más. No es cómo ir al dentista o visitar al oftalmólogo. Hay una componente de vulnerabilidad que, aunque la nieguen los profesionales, es evidente. No me siento igual, como ser humano o mujer, desnuda de cintura para abajo permitiendo que alguien que no conozco penetre en mi cuerpo, que abriendo la boca o poniendo mi ojo para su contemplación. No es igual, y por eso las mujeres no nos sentimos cómodas, en general, cuando vamos al ginecólogo. Y hacer cómo que esto no ocurre, no es más que una estrategia para no plantearnos otras vías. Por ejemplo, que un ginecólogo es un borde, pues no permito que me ponga una mano encima. Que hace viñetas "divertidísimas" sobre sus pacientes, pues va a visitar a su primo; que me trata sin mirarme a los ojos y haciéndome sentir idiota, pues va a meter la mano en el bolsillo de la bata. Si todas las mujeres decidiéramos a quién y cómo abrimos nuestros cuerpo, otras prácticas médicas nos acogerían. Sin embargo, siglos de sometimiento, nos hacen tumbarnos mansamente en la camilla y mirar al techo como si aquello no le estuviera sucediendo a una.

Después de experiencias más bien penosas, en esta ocasión fue diferente. Decidí qué ginecóloga iba a  reconocerme. Así que me fui a la consulta de la doctora Enriqueta Barranco (podéis leer un artículo suyo aquí). Ella es ginecóloga y obstetra y feminista y una mujer excepcional. Tenía delante, no una ginecóloga sabelotodo o un ginesaurio, sino una mujer con tanta experiencia como corazón. Además de profesionalmente solvente lo que más me gustó fue que, por primera vez, salía de allí con la sensación de haber sido escuchada y respetada. Y además, y esto merece un post aparte, con su último libro dedicado a la contracepción natural, titulado: TU DECIDES CÚANDO TENER UN HIJO, Editorial integral.

Así que, por primera vez, a mis 38 años, la visita al ginecólogo no me hizo sentir humillada, ni sometida, ni asustada, ni vejada, ni un trozo de carne... quizá sea un poco tarde, pero mereció la pena. Aunque tenga que pagar por ello, prefiero mil veces, ser yo quien decida a que persona abro mi cuerpo... y mis emociones. 

6 comentarios:

Gala Hoogstraten dijo...

Después de años visitando anualmente a un ginecólogo, y escuchando cosas como: "tu novio te mete los cuernos seguro, todos los hombres son infieles", "estás así de flaca porque te niegas a convertirte en una mujer", "tu pecho no está nada mal", "tómate esto y no preguntes tanto"...el mes pasado elegí cambiar y que me atendiera una ginecóloga.

Una diferencia abismal!

La consulta médica que tan nerviosa me ponía se convirtió en delicadeza, sensibilidad, profesionalidad, respeto, comprensión, información y comodidad.

Gala

Dara dijo...

allahandullila cielo!!!! cuanto me alegro por ti y por todas las mujeres!!! porque al leer lo que has escrito he sentido que todas vamos hacia ahí, he sentido que llegó la hora de elegir en esto y en todo... yo me siento así, como describes, cada vez que tengo que ir al ginecologo, pero al leerte he sentido dentro que ya no más, he sentido una pequeña-gran victoria.
Te quiero.

Dara dijo...

allahandullila cielo!!!! cuanto me alegro por ti y por todas las mujeres!!! porque al leer lo que has escrito he sentido que todas vamos hacia ahí, he sentido que llegó la hora de elegir en esto y en todo... yo me siento así, como describes, cada vez que tengo que ir al ginecologo, pero al leerte he sentido dentro que ya no más, he sentido una pequeña-gran victoria.
Te quiero.

Anónimo dijo...

Si no voy anualmente al cardiolo, al neumologo, ¿por qué ir al ginecólogo?. Mi madre dejo de hacerse mamografías e ir al ginecólogo, los beneficios no le compensaban la tortura que pasaba.
Saludos irresponsables.

Mónica Felipe-Larralde dijo...

A Gala:
No es que todas las mujeres ginecólogas sean geniales y los hombres malísimos, pero... si ellos no tienen útero, ni ovarios, ni vagina... ¿cómo es posible que puedan entender nuestros procesos internos de forma más profunda que la meramente intelectual?

A Dara:
Me alegro de que las mujeres estemos despertando.

A Anónimo:
Puedes ir anualmente/bianualmente/cada lustro al ginecólogo/a, o puedes no hacerlo... ¡esa es tu opción! Lo importante es que tú estés satisfecha con ella. No creo que haya un blanco y negro. ;-)

Un abrazo a las tres.

Anónimo dijo...

Os repito una vez más, lo que hago cuando atiendo a una mujer es una obligación ética y científica, poniendo mis conocimientos y afectos ante la mujer que se sienta ante mí, frente a mí, tratando de que jamás se encuentre sometida ni a mí ni a "mi ciencia"
Enriqueta

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