miércoles, 25 de mayo de 2011

Esta R-Evolución se llama matriarcado.


 Muchos aún no lo saben, pero lo que están haciendo estos jóvenes y no tan jóvenes tiene un nombre.  La mayoría de las personas congregadas en las Acampadas  hablan de neocapitalismo salvaje y de democracia real, de sometimiento y de libertad, de esclavitud y de derechos. Y sueñan con construir un mundo en el que los políticos no puedan ser impunes (como una nueva casta elegida) por su incompetencia y corrupciones. Hablan de un mundo en el que los ciudadanos sean oídos, no sólo en la gestión de la administración pública, sino en la creación de un mundo a medida del ser humano. La mayoría de las personas de las acampadas creen, están firmementes convencidas de que es posible vivir en otro mundo. A veces se oyen arengas contra el capitalismo devorador, contra la banca y el sistema financiero; a veces, el punto de mira se pone en los grandes medios de comunicación o en los intelectuales, dormidos y satisfechos con el estado de las cosas, cómplices de la debacle financiera y social. Hartos de un sistema injusto en el que los poderosos crecen en poder y los desheredados crecen en número, los jóvenes, y no tan jóvenes, inventan un nuevo sistema.
A lo que apuntan no es tanto al capitalismo, sino al patriarcado y, aún sin saberlo, comienzan a guiarse con los valores del matriarcado que conoció la humanidad antes de la agricultura y la ganadería; antes de la escritura y de las castas. El patriarcado, que conocemos desde hace 5.000 años, supuso una revolución sin precedentes en la manera de relacionarnos los unos con los otros y con la propia naturaleza. Ahora la cuerda, tensa demasiado tiempo, se ha roto y ha dejado  al descubierto una sociedad globalizada en la que el patriarcado es el Dios. El patriarcado no es machismo. El machismo es un subproducto de los efectos del patriarcado. Como tampoco es una cuestión del gobierno de los hombres. El patriarcado es compartido por hombres y mujeres. Básicamente implica como criterio básico de existencia: jerarquía y competitividad. La jerarquía se traduce en una sociedad en la que el hombre tiene prevalencia sobre la mujer, los adultos sobre los niños, los niños mayores sobre los más pequeños. A poco que mires a tu alrededor podrás observar este fenómeno. Niños mayores abusando de pequeños, adultos ocupados en sus intereses desplazando constantemente las necesidades de los hijos o alumnos, abusos, maltratos, abandonos… y el machismo, consecuencia directa del patriarcado. El machismo es la consecuencia de una sociedad jerarquizada en la que existen cabezas de familia, en la que Dios se convirtió en hombre arrebatando la corona celestial a la Gran Madre paleolítica, en la que la fuerza primó sobre los cuidados.
El matriarcado no responde a la idea de una sociedad gobernada por mujeres, en la que ellas detentan el poder mientras ellos son silenciados sumisamente. El  matriarcado responde a una forma de convivencia pacífica e igualitaria en la que la colaboración y el apoyo mutuo eran la forma normal de vivir. Cuando Colón llegó a América se sorprendió de la generosidad (casi infantil, les parecía) de la que hacían gala los pueblos nativos de América. No sólo eran generosos sino que esperaban la generosidad de sus visitantes. No había otra forma de relacionarse. Colaboración y apoyo del matriarcado frente a la competitividad que vendría después y alteraría, hasta ahora, la sociedad. El siguiente pilar del matriarcado era la igualdad. Es decir, hombres y mujeres, niños y ancianos tenían la misma importancia social, la misma relevancia y las decisiones se tomaban al cincuenta por ciento, es decir, asambleariamente, entre los hombres y mujeres del pueblo.
Si has pasado por las plazas de acampadas de España, habrás podido comprobar que la tónica dominante es, frente a la jerarquía (que tanto piden algunas voces críticas desde fuera: orden, estructura), la igualdad (traducida en asambleas y en un movimiento sin jefes ni cabecillas); frente a la competitividad, la colaboración mutua, el apoyo y la generosidad de las personas que desean ayudar, crear y vivir un mundo diferente.  Así que lo que estamos haciendo en las plazas de España, no es acabar con el sistema, es construir el nuevo matriarcado. Un orden social nuevo, creado desde la razón y el corazón, que suma, no separa; que iguala, no jerarquiza; que anuncia el final de los viejos tiempos y el comienzo de los nuevos. Tiempos de luz y creación, de amor y compromiso, de solidaridad y hermandad.
Los hay que no están invitados aún a la fiesta, que no pueden comprender cómo es sostenible un movimiento sin líderes ni portavoces. Los hay que morirán sin vivir la utopía de los nuevos tiempos, porque sencillamente no han llegado a establecer la conciencia necesaria para hacerlo. Decía hace poco el siempre lúcido José Luis San Pedro que la humanidad había cambiado los valores por intereses y que así era imposible seguir viviendo.  Los habrá que vivan hasta el final de sus días guiados por sus ambiciones e intereses, inmersos en jerarquías y competitividad y, aún sin saberlo, seguirán haciéndole el juego al neocapitalismo, que los necesita desesperadamente.
Pero también estamos los otros, los que hemos dado la espalda al patriarcado y vivimos en la cultura de la igualdad y la colaboración, los que construimos espacios de diálogos y de creación colectiva, los que soñamos que un mundo mejor no solo es posible, sino que Es.
¡Bienvenidos al matriarcado!

7 comentarios:

Esther dijo...

Maravilloso.
Yo dejé mi participación en plaza Catalunya, un pequeño cartelito... y realmente se respiraba el ambiente que describes, es decir, se respiraba

ginebre dijo...

Hola, la palabra matriarcado lleva implícita el concepto de jerarquia.
"archos" significa orden vertical. De manera que és contradictòria con lo se explica sobre las sociedades pre patriarcales, que existieron pero que nunca se deberien calificar de matriarcales.
Bachofen, uno de los primeros estudiosos de esta epoca de la historia de la humanidad, se refiere a ellas como sociedades maternales (Mutterlich), o de derecho materno (Mutterrecht). Estos terminos han sido siempre eròneamente traducidos por "matriarcado".
A parte de esto, la idea y la argumentación del artículo me parecen muy acertados. gracias

Mónica de Felipe dijo...

Gracias por tu observación. Sin embargo, conservo ciertas dudas. Dices que "arche" implica poder vertical, pero también podría significar principio, o sea, que podría ser utilizado para señalar "el principio de la madre".
Creo que merece la pena revisarlo un poco más... seguiré buscando.
Muchas gracias por tu interesante aportación.

Francisco dijo...

No me gusta nada patriarcado o matriarcado pues se intenta que unos tenga mas importtancia que otros y surge la autoridad. Yo entiendo que la igualdad es lo principal y por ello llamaria a la autoridad dual, es decir igual padre que madre o viceversa. Hay cosas para las que las madres son mas importsntes, por ejemplo por su propia naturaleza y sensibilidad y otras será el padre por si fuerza y otra visión mas directa de las cosas. Lo importante, a mi juicio, es que las decisiones sean siempre comunes y así lo he mantenido en mi matrimonio con excelente resultado. Creo que el movimiento ultrafemenino esta creando muchos problemas y debría ajustarse a una real igualdad con el hombre. Saludos por vuestro interesante tranajo

duralex1964 dijo...

No creo en la exclusión, sea por raza, religion, sexo o estatus social. Si creo en la fuerza humana de encontrar caminos a la evolucion, la solidaridad, el diálogo y a fe que aunque nuestra sociedad, que todos hemos colaborado en construir, es muchísimo más evolucionada e igualitaria que en cualquier momento de la historia. Que esto no nos a de hacer pensar que todo esta hecho, al contrario "tot esta per fer".
Pienso que en un futuro muy próximo, quizás ya estamos en el, debemos renunciar a vivir como hemos vivido, todos, los últimos decenios, simplemente porque es insostenible.
Y cuando digo que todos hemos colaborado, y colaboramos, me refiero en un solo hecho que todos podemos constatar: ¿cuanto dinero necesitamos de mas ahora que hace unos diez años, solo diez años? Muchísimo, ¿lo contamos por persona?: móbiles, unos 30€; internet, otros 30€, cambio de ordenador cada 2 años, 700€; viajar, 2000€; coche o moto, cada uno que haga un ejercicio de lo que le cuesta y de si realmemte le es útil; hipoteca astronómicas que todos sabíamos que no podríamos llegar a pagar en vida; y así añadiríamos decenas de cosas más, prescindibles, que hace poco no teníamos y ahora no nos esclavizan porque ya no sabemos vivir sin ello.
Solución, gastar menos, consumir menos y cultivar las artes y el desarrollo emocional.
Perdón, pero es mi pensamiento

Mónica de Felipe dijo...

Creo que la mente dicotómica nos causa algunos problemas. El hombre frente a la mujer, la mujer frente al hombre. No se trata de sexos, se trata de valores. En las sociedades matriarcales (si alguien tiene otra información que me corrija) no tenían el poder las mujeres, el poder era compartido entre hombres y mujeres - al 50 %. Y la interpretación del término matriarcado puede ser: el principio de la madre, lo que significa dar cabida al otro, cuidado e igualdad horizontal. Con lo que hombres y mujeres se liberen definitivamente de un sistema jerárquico y de las normas sociales actuales. Gracias por el interesante debate!

simone dijo...

"Naturaleza y sensibilidad frente a la fuerza y otra visión mas directa de las cosas". Retomo las palabras de Francisco en mi asombro por esta clasificación dicotómica que nada tiene que ver con la colaboración desde mi punto de vista. Colaborar es importante, sí, pero también lo es dejar que las personas sean sin definiciones castrantes. La sensibilidad de las mujeres frente a la fuerza de los hombres es el discurso al que siempre se ha recurrido para evitar que las cosas cambien, este discurso además de ser falso (mirar la diferencia entre género y sexo por ejemplo) esconde intereses ocultos en lo que a la reiteración del patriarcado se refiere. Hay cosas que requieren una lectura mucho mas pormenorizada que la simple colaboración entre los dos sexos, y tenemos por lo tanto que entender, analizar y profundizar antes de hacer una crítica al "ultrafeminismo" (como usted lo define) o cualquier otra corriente de este movimiento, mucho más si es una crítica destructiva y en mi opinión poco fundamentada.

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