Desde el primer momento en que leí las palabras de Casilda Rodrigañez en su libro "La represión el deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente", en mi interior se elevó la necesidad imperiosa de sentir, conectar y relajar mi útero. Fue la propuesta valiente de esta mujer la que me empujó a buscar en mi interior recursos, herramientas y maneras de conseguirlo. Y lo conseguí. Utilizando una relajación con casi un siglo de vida, el entrenamiento autógeno de Shultz, avancé hacia mis entrañas. Primero como una invitada, más tarde como una exploradora que conoce el camino. Dice Christiane Northrup que el patriarcado es la separación del cuerpo y la mente. Y yo también lo creo. Habitar mi cuerpo, vivirlo plenamente, tomar conciencia de mis limites corporales, observar mis procesos fisiológicos, desde la respiración hasta la menstruación, me ha hecho más consciente y perceptiva que antes y, desde luego, ha rebasado todas mis expectativas.
Tenemos un cuerpo pero no lo vivimos. No escuchamos su voz cuando nos pide comer un determinado alimento o descansar después de un esfuerzo. No lo escuchamos cuando nos empeñamos en llegar hasta el final, forzar los límites o tener relaciones dañinas. Tenemos un cuerpo pero vivimos en una mente compleja llena de sombras y áreas inexploradas que maneja y dirige el rumbo de nuestra existencia. Somos mente, principalmente, así es como nos han enseñado a vivir desde bien pequeñas; y también somos emociones (cambiantes, ondas que van y vienen). Muchas personas se limitan a transitar entre estos dos mundos. Del pensamiento a la emoción hay un salto. Pero quedan atrapadas ahí. Si me identifico completamente con la idea que tengo o me identifico con la emoción que estoy teniendo no dejo de tener una mirada limitada sobre mi propia realidad.
Frente al pensamiento que invita a vivir las emociones por completo, sin detenernos a considerar si éstas proceden del ahora o hunden sus raíces en el pasado, o si están siendo justas o injustas, o si debemos expandirlas por el planeta o vivirlas en la intimidad, mi propuesta es que las emociones son necesarias y tienen su espacio, aunque vividas sin freno y sin matices no hacen más que provocar dolor y sufrimiento en una misma y en los demás. Creo que hay que vivir las emociones con respeto y responsabilidad generalizadas.
Frente a las doctrinas que consideran que solo somos mente y que los pensamientos son muy importantes y configuran toda nuestra existencia, mi propuesta es que podemos hacer un pequeño experimento. Escribir un diario durante tres meses y después reelerlo. Ver como cambiamos de pensamientos (con los cuales nos habíamos identificado por completo) puede ser profundamente liberador. Nuestros pensamientos no tienen más peso que el que les damos.
Generalmente vivimos a caballo entre los pensamientos y las emociones, ambos ondulantes y esquivos. Nos balanceamos de una a otra. Y así nos va.
PENSAMIENTOS --------------------------- EMOCIONES
En mi propia experiencia, y partiendo del paradigma de que somos un continuo de cuerpo físico, emociones, pensamientos y conciencia (la parte de mi que se da cuenta), consideré la posibilidad de añadir a esta dualidad, los otros dos elementos ausentes de forma que pudiera encontrar un eje, un centro desde el cual articular mi acción. Necesitaba más conciencia y más cuerpo, en definitiva, más conciencia corporal. Surge así la siguiente figura.
CONCIENCIA
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PENSAMIENTOS ------------ X ------------ EMOCIONES
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CUERPO
En ese centro puedo moverme a mi antojo hacia cada uno de los niveles de la experiencia y encuentro una distancia que me permite moderar de forma natural, sin represiones, lo que siento o pienso. Entonces habito mi cuerpo, tomo conciencia profunda de él, lo puedo escuchar y sentir, como puedo sentir mis propias emociones y observar el discurrir de mi mente en forma de pensamientos. Esta es la base del trabajo del Curso Conciencia de mi Cuerpo de Mujer: aumentar el nivel de conciencia sobre mi cuerpo, pensamientos y emociones, es decir, darme más cuenta de estos niveles de la experiencia. Y, siempre, desde la perspectiva de ser mujer, de haber compartido heridas propias del patriarcado y de poseer un sistema interno de referencia, femenino.
El parto será doloroso mientras las reglas de las adolescentes sean dolorosas, es decir, mientras no exista una cultura que restablezca la unidad psicosomática del cuerpo de la mujer, que respete, cultive y dé conciencia a la mujer de su condición, de su sexo, de su sexualidad, de lo que en realidad es. (...)
Las mujeres tenemos que poner en funcionamiento nuestro neocórtex para que nuestra conciencia asuma y asimile el útero; para que lo reintegremos en la percepción de nuestro cuerpo; para recomponer nuestro cuerpo despiezado y que fluya la corriente de sensibilidad entre el útero y la conciencia.
Ana Cachafeiro y Casilda Rodrigáñez, La sexualidad de la mujer.