lunes, 27 de octubre de 2014

Lactancia, una cuestión incómoda

Soy de las mujeres que se han involucrado en el movimiento de apoyo a la lactancia y de un tiempo a esta parte me apetece hacer una serie de reflexiones en voz alta sobre el asunto:

1.- La lactancia materna no es beneficiosa para el bebé, la leche artificial es lo perjudicial. La manera en que se aportan los datos está reflejando una posición que, bajo mi punto de vista, no es adecuada. No es que la lactancia materna beneficie a los niños, ya que es el alimento natural y propio de ellos, sino que la alimentación artificial presenta perjuicios: inteligencia, alergias, enfermedades...

2.- Lactancia y amor no son lo mismo. Las madres que amamantamos no amamos a nuestros hijos más que las que no lo hacemos. Este es un error de bulto que creo que las personas que comunicamos sobre temas de lactancia debemos atender. El amor y el vínculo son aspectos más sutiles y fundamentales y no podemos dar por hecho que los bebés que no son amamantados no son amados igual o más que los que sí lo hacen.

3.- La lactancia materna no nos protege a las mujeres del cáncer de mama; es la falta de lactancia lo que es un factor de riesgo. De igual manera que en el punto 1, volvemos a poner el énfasis en lo no natural y así se entiende peor el concepto. 

4.- Amamantar es tan esencialista como hacer la digestión y fabricar bilis. Frente a las visiones que definen cualquier acción biológica de la maternidad como esencialista, me pregunto qué tiene de esencialista querer usar mis tetas para lo que fueron concebidas: dar de mamar. Mis pulmones fueron diseñados para respirar y por no ser esencialista no voy con un respirador artificial por la vida. Por ese motivo tampoco uso leche artificial ni biberones.

5.- La OMS recomienda seis meses (no cuatro) de lactancia materna exclusiva y a demanda (del bebé), otros seis meses (hasta el año) de alimentación complementaria (la leche materna sigue siendo primera y básica) y, a partir de ahí, alimentación normal y más lactancia hasta que mamá y bebé/niño quieran. La OMS no recomienda mi Primer Danonino a los 4 meses ni otras barbaridades de la industria alimentaria. 

6.- La mejor leche para una cría de humano, es la de una madre humana. La mejor leche para las crías mamíferas es la de sus madres. La leche no pierde nutrientes ni baja de calidad por sorpresa cuando el bebé cumple un determinado mes o alcanza una edad concreta. La leche de vaca es para criar terneras. Las vacas, al año, no cambian los terneros por cabritos ni las gatas a sus cachorros por lobeznos. Cada especie fabrica la leche ideal para su especie.

7.- No se sabe a ciencia cierta la edad "normal" de destete en humanos. Algunos estudiosos la estiman entre los dos años y medio y los siete.

8.- En general, muchos pediatras, ginecólogos y comadronas no tienen ni idea de lactancia porque nunca han dado de mamar y no se le da demasiada importancia en los planes de estudio. La realidad es que a día de hoy aún hay quien cree que ante una mastitis hay que destetar o no saben detectar un mal agarre o un frenillo. Mi sugerencia a las madres: acudid a los grupos de apoyo a la lactancia o a las asesoras, suelen estar más actualizadas y saben más que los que se supone deberían saber.

9.- Hay una sospecha generalizada dentro del paradigma científico que ha traspasado a las propias mujeres, según la cual existe el prejuicio de que tu cuerpo no va a hacer lo que se espera que tiene que hacer, ya sea parir naturalmente o amamantar a tu cría. Pensar un poco sobre esta visión, que impregna la práctica de la salud de la mujer, puede ayudarnos a no dejarnos influir por ella.

10.- Dar teta es una decisión íntima, personal y debería tener su origen en el deseo propio. No creo en las presiones sociales ni en los ideales ni en lo que digan los demás. Si quieres amamantar a tu bebé, hazlo. Si no quieres, no lo hagas. Si quieres amamantar y tienes dificultades, busca apoyo en los grupos de lactancia y las asesoras si no lo encuentras en la sanidad.

Ahora la novedad es enviar el mensaje desde la sanidad de que lo mejor es amamantar, pero ante cualquier dificultad, como no saben resolverla y se sienten incómodos, te lanzan a comprar un bote de leche. De esta forma volvemos a casa llenas de culpabilidad. Busca ayuda activamente si deseas amamantar y tienes problemas. Y si has decidido que no amamantas a tu bebé conociendo la información, disfruta de tu maternidad y no creas, ni por un instante, que eres peor madre. Por mi parte, seguiré apoyando la lactancia materna como una actividad que emerja del deseo de la madre y del bebé y como medio para derribar la información "científica" sobre nuestro cuerpo. 

viernes, 24 de octubre de 2014

Casilda Rodrigañez y la sumisión

Quien me ha oído en las charlas sabe que siempre cuento que cuando leí el libro de Casilda Rodrigañez "La represión del deseo materno y la génesis del estado e sumisión inconsciente" algo sucedió. El click que acompaña el cambio, la apertura, la mirada cambiada de eje. Me cambió porque me di cuenta de que ya no podía seguir viendo como "normal" lo que no eran más que reflejos del poder sobre mi y de mi sumisión "normalizada". Y entonces todo volvió a chirriarme, ya lo había hecho antes, pero ahora desde otro espacio en el que yo tenía más cabida. Damos por sentado que la sociedad se construye para mejor orden y funcionalidad y no concebimos que ese orden solo pueda ser debido a una mayor comodidad de unos grupos dominantes y que sirva a unos determinados valores concretos y, desde luego, superables. La competitividad es solo una manera de estar en el mundo, otra sería la cooperación. La sumisión sirve a unos fines determinados y no a otros. Si algo vengo observando desde que hace diez años comencé a rumiar sobre estos y otros temas es que la sumisión nos iguala a casi todas. Nos iguala en lo que decimos y lo que callamos, nos iguala en cómo lo decimos y desde dónde. Sumisas incluso en la insumisión, respondiendo siempre a valores de fuera, reaccionando a lo externo, en vez de escogiendo el camino desde el centro de una misma. Si no fuera mujer, si no fuera hombre ¿qué haría en la vida? Si no estuviera sujeta a mandatos de género, si pudiera ser o no ser madre, si pudiera trabajar en lo que quisiera ¿en qué lo haría? ¿Qué sería, a qué dedicaría mi tiempo? Si hubiera crecido sin limitaciones ¿qué hubiera desarrollado mi alma? ¿A quién habría amado? ¿Con quién pasaría mi tiempo? Responder a esas preguntas y comenzar a caminar en la dirección que deseo, a eso le llamo tener poder. 

Mi propuesta es que, llegadas a un punto, en vez de continuar chocando con el cristal del patriarcado (que existe) para acceder al otro lado creyendo que allí nos espera un mundo mejor, podemos sobrevolarlo y decidir nuestro propio vuelo, más allá de los roles, creencias y estereotipos asignados. Podemos volar lejos o quedarnos cerca, ser mariposas o gusanos, podemos subir o posar los pies en la tierra... quizá haya herramientas que alejadas de la razón (tan superior ella) no estemos utilizando. ¿Qué tal si volamos con la imaginación? 

Vale, no deja de ser un artificio mental pero, ¿qué crees que son las ideas que tienes sobre ti y el mundo?

Si no tuvieras miedo, si creyeras en ti misma, si no hubieses sido mujer en un entorno patriarcal ¿Qué harías que no estás haciendo?


* Poder (empoderamiento): acción de tomar decisiones en la vida bajo criterios propios.



miércoles, 15 de octubre de 2014

¿Desde dónde salimos al mundo?

¿Desde dónde las mujeres vamos a conquistar el espacio que nos es también propio? ¿Desde qué plataforma nos vamos a mover en el mundo físico y material? ¿Con qué soporte contamos como seres humanos para alcanzar nuestras metas y objetivos? ¿Cuál es el espacio interno desde el que crear la propia realidad?
 
Cada vez que me encuentro con mujeres observo que esta es una constante. Alcanzamos la mente como eje desde el cual articular nuestro mundo y nos olvidamos del cuerpo físico. El cuerpo es el terreno-espacio material propio y subjetivo que nos conecta con el mundo tangible. Es el cuerpo la plataforma a través de la cual el mundo físico entra en mi psique y en mi organismo y es el cuerpo el que me expresa y me da un espacio en el mismo.
 
Uno de los mayores conflictos que he tenido en mi vida tenía que ver con la búsqueda de mi sitio, mi lugar en este mundo. ¿Qué hacer, cómo, para qué, por qué? eran constantes y agotadoras reflexiones. Y la sensación que me acompañaba era de que no había un eje desde el cual encontrar la respuesta, tan solo espacio vacío, nubes cambiantes, gas, puros pensamientos sin dirección desde los cuales resultaba muy difícil articular mis pensamientos y llevarlos a la acción. Recuperar mi cuerpo para mi, hacerlo mi hogar, mi territorio sagrado ha sido un proceso maravilloso.
 
Necesitamos un eje interno mental y físico que nos permita crear un movimiento desde el interior hacia el exterior. Que nos permita alcanzar metas y lograr objetivos. Un eje desde el cual ponernos en pie y pisar fuerte sobre el mundo físico y transformar lo que no nos guste en nuestra sociedad y crear una realidad mejor y más digna para todos.
 
Creo que todas las mujeres merecemos morar en nuestros cuerpo y, desde ahí, crear la realidad que deseamos. Porque si no estás en ti, ¿Dónde estás? Si no ocupas tu propio cuerpo internamente ¿Cómo ocuparás un espacio exterior? Si no tienes tú el poder sobre tu cuerpo ¿Quién lo tiene?
 
 
 

lunes, 6 de octubre de 2014

Tu cuerpo es ¿público o privado?

Creo que al final deberemos, en algún momento, volver al principio. Formular la pregunta esencial, la que está al principio de los principios y de la que se derivan todas las demás, la que tiene más consecuencias y la que más lejana puede parecernos. La pregunta dice así: Es el cuerpo de la mujer ¿un territorio privado o público? Esa es la gran pregunta. Esa es la gran respuesta a responderse. 

En la medida en que voy reconociendo como propio este terreno hecho de células y recuerdos, líquidos y deseos, se va imponiendo la complicada realidad de que cada vez caben menos personas, autoridades, creencias y sumisiones en él. En mi cuerpo, solo cabe ya quien yo elijo. Se han quedado fuera las autoridades sanitarias (ginecólogos/as y comadronas incluidas) y, de este colectivo, solo puede entrar quien yo elijo a dedo durante el tiempo que quiera y bajo mis condiciones. No las suyas. Si lo toman bien y si no que lo dejen estar. No es ya que no quiera vivir un parto medicalizado, es que no deseo estar cerca de nadie que se crea que tiene que protegerme de mi misma o salvarme de mi corporalidad. Así no. También se han quedado fuera los legisladores y sus leyes de pacotilla que se han creído que pueden imponer su moral sobre la mía, sus letras retorcidas sobre mi verdad vital. No las acepto. No tienen legitimidad. También se quedan fuera los científicos y sus prejuicios patriarcales que me hacían creer que mi cuerpo estaba mal o no era capaz. 

Se van quedando fuera las viejas imposiciones, la necesidad de responder ante los míos, las creencias y prejuicios heredados, se quedan fuera los viejos patrones sobre la represión sexual, lo que debería ser según otros (los patriarcas, curas, políticos, padres, educadores, publicistas, novios, artistas, parejas, literatos, filósofos). Se quedan fuera de mi cuerpo los besos que no he pedido y las caricias que nunca quise. Cada vez más lejos, más pequeños, reducidos. Se pierden en cada respiración que alimenta mi propiedad, mi territorio, mi deseo, mi yo. 

Pocos y escogidos son los que invito a entrar en mi territorio particular. Cada vez hay menos bullicio aquí dentro. Conforme aparece la respuesta, la pregunta, que nunca debió siquiera formularse, se pierde en el vacío. ¿Qué si mi cuerpo es un territorio privado? Por supuesto. Y el tuyo. Y el vuestro.



http://estudiosobreelutero.blogspot.com.es/2013/02/mujeres.html


jueves, 25 de septiembre de 2014

Segunda edición de Cuerpo de Mujer. Reconectar con el útero

Voy a adelantar en primicia, porque muchas me habéis preguntado, la publicación de la segunda edición del libro Cuerpo de Mujer. Reconectar con el útero. La primera edición se agotó en pocos meses y desde entonces, he seguido recibiendo peticiones. Hemos tardado, sí, pero creo que ha merecido la pena. En unas pocas semanas tendrás a tu disposición la segunda edición revisada y ampliada. Creía necesario dar a conocer algunos detalles más "científicos" de la relajación del útero para no llevarnos a engaños. La relajación del útero funciona porque está basada en un método de relajación que funciona y que se utiliza en occidente desde hace un siglo, que a su vez está basado en los raja yogas milenarios que, claro, también funcionan. Su aplicación es reconocida por los profesionales de la salud y goza de evidencia científica. Pudiera parecer que cualquier información que no sale de los estamentos oficiales con los que el patriarcado blinda el conocimiento no son válidos. Por eso, he querido dar esta dimensión (que nunca me había parecido necesaria) "científica" a mi trabajo. Parece mentira pero os sorprenderíais de cuantas mujeres que se dicen trabajar en contra del patriarcado necesitan que una "autoridad" les autorice a creer. En fin, que si se necesitaban explicaciones aquí están y que como mi visión es que este trabajo llegue a cuantas más mujeres en el mundo mejor (incluidas las escépticas y patriarcales) bien hecho está.

Además, y dado que estoy disfrutando mucho del posgrado en salud y género, he querido que una mujer con una visión muy similar, con quien he disfrutado aprendiendo, escribiera el prólogo del libro. He tenido el inmenso placer de recibir de Carme Valls LLobet, especialista en medicina interna y endocrinólogía y Directora del Programa Mujeres, Salud y Calidad de Vida del Centro de Análisis y Programas sanitarios de Cataluña, un inspirado texto del que os ofrezco un extracto:

"El extrañamiento del propio cuerpo acompañado de la ignorancia sobre el funcionamiento de los propios órganos internos, ha constituido la base ideológica que ha permitido la represión sobre el cuerpo de la mujer. El útero en especial y desde los tiempos de Aristóteles, se ha asociado a la gran diferencia de las mujeres frente a los hombres y considerado desde el principio como la base de la feminidad. En el útero se arraigaba un nuevo ser durante el embarazo y la mayoría de las dolencias de las mujeres se localizaron el útero. Esta localización en el “histerus” acabó dando nombre a las patologías desconocidas de algunas mujeres que convulsionaban y retorcían su cuerpo en circunstancias en que no podían expresar claramente sus sentimientos o su dolor, ni verbalizarlo. La denominación de histeria o de manifestaciones histéricas, ha etiquetado muchas de las manifestaciones clínicas del cuerpo de las mujeres, que a veces reprimen su sintomatología para ahuyentarse de un rápido y precipitado diagnóstico. El mismo dolor menstrual cuando es intenso se ha catalogado como dolor histérico en lugar de haber estudiado si existe alguna causa biológica que lo haya producido,  o en lugar de intentar paliarlo con una mejor armonía del cuerpo de las mujeres. 


El libro de Mónica Felipe-Larralde nos permite introducir a las mujeres en aspectos desconocidos del funcionamiento de sus propio cuerpo, de su ciclo menstrual y de su útero, con una base científica y neuroendocrinológica del funcionamiento de sus órganos genitales internos y por otras parte se introduce en los elementos del entorno, y en las relaciones de armonía con los sonidos y los ejercicios de relajación que nos permiten retornar a la armonía interna cuando se ha roto por condiciones de estrés o por trastornos emocionales intensos."

Cuerpo de mujer. Reconectar con el útero. En breve a la venta la Segunda Edición.

martes, 23 de septiembre de 2014

Violencia obstétrica

¿Sabes si has sido objeto de violencia obstétrica?
En el artículo 51 de la “Ley Orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia “ de Venezuela, 2007, se establece:
“Se considerarán actos constitutivos de violencia obstétrica los ejecutados por el personal de salud, consistentes en:
1. No atender oportuna y eficazmente las emergencias obstétricas.

2. Obligar a la mujer a parir en posición supina y con las piernas levantadas, existiendo los medios necesarios para la realización del parto vertical.
3. Obstaculizar el apego precoz del niño o niña con su madre, sin causa médica justificada, negándole la posibilidad de cargarlo o cargarla y amamantarlo o amamantarla inmediatamente al nacer.
4. Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo, mediante el uso de técnicas de aceleración, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.
5. Practicar el parto por vía de cesárea, existiendo condiciones para el parto natural, sin obtener el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer”.



La violencia obstétrica aparece como una situación que entraña la vulneración de los derechos esenciales de las mujeres y está basado en la violencia estructural que se ejerce desde posiciones de poder asumidas en el ámbito sanitario. Se diferencia entre violencia obstétrica física, la referida a procedimientos invasivos, medicalización del parto... y una violencia obstétrica psicológica referida a los abusos verbales, ridiculización, infantilización, falta de información a la mujer o trato deshumanizado.

Y tu parto... ¿Cómo fue? ¿Hubo violencia obstétrica? ¿La identificaste en el momento, es decir, sabías que estaban violentando tus derechos con estas prácticas...? ¿Lo supiste después?
Sigo trabajando en este tema que me parece crucial. Creo que todas las mujeres deberíamos hacer el esfuerzo de revisar nuestras vivencias de parto y actualizarlas con la información que tenemos ahora. Cuando decidí dar a luz en casa a mi segundo hijo, muchas personas me decían que era valiente. Nunca lo creí. Lo que me parecía delirante era volver a pisar un lugar donde abusaron de mi. Lo sano fue irme a parir a mi casa y no aceptar y asumir que las cosas son así... que hay un poder vertical que decide por mi lo que es mejor. Sencillamente, me niego.
Y tú... ¿sabes si has sido objeto de violencia obstétrica? 

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