lunes, 16 de junio de 2014

Un encuentro de Mujeres en Sevilla

Llevaba mucho tiempo sin hacer cursos presenciales hasta que las mujeres de la Asociación Lactalmería y Desmontando A La Pili Sevilla me invitaron a volver a la carretera. Mi reciente maternidad, hace ocho meses, me había mantenido en un viaje interior (un puerperio), cómodo y suave del que poco a poco voy despertando. Cerca de casa, estos dos cursos me daban la oportunidad de saber si deseaba volver a estar disponible para lo externo o no. De la experiencia del curso de Almería ya hablé aquí.

En Sevilla, este fin de semana han sucedido muchas cosas. Por una parte, volver a la ciudad en la que viví en mi infancia, y hacerlo de la mano de una mis amigas de entonces, Mónica Ortiz Ríos, ha sido para mi una experiencia inolvidable. He compartido un día intenso con mujeres fuertes y he podido ver, una vez más, el grandísimo potencial que anida en nuestro interior. He aprendido muchas cosas junto a ellas. Y lo he podido hacer porque comparto mi vida con una persona sensacional, uno de esos hombres comprometidos con el bienestar de las personas que le rodean, un hombre que cuida y sabe amar. He aprendido que cuando hay sabiduría, las desafortunadas circunstancias que nos rodean, no tienen porqué marcar el resto de nuestra existencia. Que vivir es una elección y que podemos elegir vivir a manos llenas. He aprendido que todas tenemos dentro un don para compartir y que el mundo necesita los dones que las mujeres, cada una de nosotras, llevamos. He aprendido que las mujeres necesitamos abrirnos a nuestro potencial y compartirlo con generosidad y coraje a partes iguales. He aprendido que los afectos de la infancia quedan latentes esperando una llamada para activarse. Como ayer, hoy amo a Mónica y me siento orgullosa de haber compartido con ella tardes de bocadillos de nocilla y chapuzones en la piscina.

He aprendido que es importante, mucho, que las mujeres tomemos conciencia de nuestro potencial y lo vivamos de forma libre, sacudiéndonos las cadenas del patriarcado. He aprendido que deseo seguir haciendo este trabajo... porque tiene sentido y merece la pena, eso sí, a mi ritmo.

Gracias a las mujeres que asistieron al Encuentro de Mujeres de Sevilla por todo lo que me distéis y lo mucho que aprendí del alma femenina estando con vosotras.

Fue un auténtico placer.

El espacio de Irene

Hoy abro este espacio de reflexión y diálogo a las palabras y los sentires de mi querida amiga Irene. Me ha parecido tan hermoso este texto que con su permiso lo publico. Gracias Irene por tus palabras y por la visión. 


"Sueño que vienes al mundo en una casa encalada. Las buganvillas trepan pintando las paredes de púrpura, huele a jazmines y de lejos se oye el murmullo de un mar en calma. Es de noche. En el cielo, redonda y brillante, plena, vigila esa luna que sólo Borges y Beethoven supieron comprender.

Me estiro, me encojo. Me muevo despacio. Gimo. Descalza. Desnuda. Desgreñada. Jadeo.

Tras de mí apoyándome en su pecho una mujer grande sujeta todo mi peso. Respira conmigo. En cada exhalación llega a mi cuello su aliento, una voz, una certeza: puedes, puedes. Es la madre. Delante, una mujer morena y despeinada, sujeta con su mano mi frente. Respira conmigo y en cada exhalación me clava sus ojos verdes, una mirada, una certeza: puedes, puedes. Es la bruja.

Por los márgenes de mi consciencia entran y salen las sombras. Ellas. Todas. Viejas, niñas, putas, monjas. Sanas, locas. Viudas, muertas, solas, tristes y enamoradas. Rezan, cantan, follan, aman. Ellas. Todas. Yo. Nosotras. Bailan, friegan, guisan, prenden velas, tejen redes, no descansan. Maltratadas, bienqueridas, mutiladas, adoradas, bienparidas y violadas. Ríen, gruñen, corren, lloran, saltan, chillan, duermen. Hablan. Respiran conmigo. En cada exhalación un susurro. Una certeza. Puedes, puedes.

Me estiro. Me encojo. Me muevo despacio y gimo. Descalza, desnuda, desgreñada. Jadeo. Febril, frágil, poderosa. Agotada, palpitante, excitada, temerosa. Me agarro, me toco, te sujeto, me abro. Me hago agua. Me pierdo hacia dentro. Me pierdo contigo. Me quemas. Te siento. ¿Me sientes? Te pienso. Te quiero. Te hablo. Puedes, puedes...

Salto, pujo, sangro, grito, río y lloro, suelto. Cambio.

Respiras conmigo. Sobre mi pecho tu olor, tu piel, tu mirada. Y en cada exhalación, dos latidos. La certeza. Por ti, que eras y ya no eres yo, me muero si te hace falta.

¿Quién va a temer a la muerte cuando puede dar la vida?

Llega el día. Dice que te llamas Alba. La Luz. La Esperanza.

El Deseo".

miércoles, 11 de junio de 2014

El origen de la violencia

Ayer llega mi hija de nueve años del colegio y me dice: 
- Mi amiga X me ha dicho un secreto, si un chico te pega es que le gustas. 

Después de dar las explicaciones que imaginaréis me quedo dando vueltas en la cabeza, pensando cómo es posible que a día de hoy todavía se mantengan estas viejas ideas que creía caducas. Me quedé pensando en la violencia de género, en las mujeres muertas, en las relaciones de pareja insanas, en tantas vidas atrapadas… Y entonces caigo en que la base de esas creencias, como de tantas otras situaciones en la vida, sigue siendo una crianza y una educación autoritaria y una relación con los padres problemática y conflictiva. Desde que la niña nace le contamos que la queremos mientras la chantajeamos, e, incluso, a veces, llegamos a la violencia física, imponemos nuestro único criterio, no la dejamos hablar ni expresar. Con una mano mecemos la cuna, con la otra tapábamos su boca. Con una mano, le damos la comida, con la otra la moldeamos para que sea una niña buena ajena a sus necesidades y sentires.

Nos dedicamos en cuerpo y alma a hacerla dócil, necesitada y sumisa. Y, sobre todo, nos empeñamos en que deje de gustarle lo que le gusta, deje de pensar por sí misma y de sentir su propio cuerpo. La asexuamos y no le permitimos que conecte con su propio deseo y placer. Cuando llega la adolescencia, esa niña no sabe quién es ni lo que quiere y, con una naturalidad que nos deja asombradas a muchas, se embarca en la complicada tarea de ser mujer en este mundo. Por el camino, se encontrará con chicos primero, después serán hombres, que repetirán con ella el mismo aprendizaje, las mismas consignas. Él habrá aprendido que si quiere a una chica, la tendrá que chantajear, controlar e, incluso, pegar. Y ella habrá interiorizado tan profundamente que "quien bien te quiere te hace llorar" y habrá perdido todo contacto interno con el sentir, que quedará atada de pies y manos ante la violencia y no sabrá ni poner nombre a lo que siente.


Hay que crear otra educación y relacionarnos con nuestros hijos desde el amor y el deseo  para que el día de mañana ellos sean capaces de discernir qué es amar y que no e, imprescindible,  qué sienten y desean en su interior. Entonces, como de un mal sueño, podremos despertar de las relaciones violentas.

¿Te interesa leer más sobre relaciones y mujer? El poder femenino





lunes, 9 de junio de 2014

Encuentro de Mujeres de Sevilla

Dentro de poco volvemos a salir de viaje. Después del intenso e interesante fin de semana en Almería, esta vez, nuestra anfitriona es la psicóloga y sexóloga Mónica Ortiz Ríos de Desmontando a la Pili Sevilla quien nos acoge.  Durante el sábado 14 de junio vamos a hablar del patriarcado y de las implicaciones de éste en el cuerpo de la mujer y vamos a poner en marcha ejercicios y herramientas para re-conectarnos profundamente con nuestro cuerpo de mujer y más en concreto con el útero. 


Es un curso en el que abordaremos la salud y la medicalización, menstruación, sexualidades, maternidades...  de las mujeres de hoy en día. Mujeres como tú y yo, que nos hacemos preguntas (muchas) y que de vez en cuando obtenemos respuestas. 

Si te apetece asistir (será el último curso en Andalucía hasta el otoño), inscríbete en: desmontandoalapilisevilla@gmail.com

Precio: 45 € (incluye documentación y CD con ejercicios guiados)

Hay posibilidad de comer en el mismo espacio (una comida deliciosa) y Servicio de ludoteca.

Puedes contactar conmigo directamente en: estudiosobreelutero@gmail.com

¡Nos vemos!

jueves, 5 de junio de 2014

El miedo y la evolución

Creo que fue una de las palabras que más se repitió el fin de semana pasado en el Encuentro de Mujeres de Almería: miedo. Y no me parece casual. Mire donde mire, últimamente, veo mucho de ese miedo que nos atenaza y no nos deja crecer. Profesiones que se ven amenazados por otras profesiones emergentes o por visiones muy diferentes a las que ellos sostienen. Lo veo en la política, en la sociedad, en lo profesional, en la familia, en lo personal... una gran cascada de miedo que, en formas muy diversas, se ha terminado por convertir en la forma natural de estar en el mundo. Ante este miedo creamos escudos, leyes, suspicacias, organizaciones, tensiones, retrasos... Hay profesiones y organizaciones que se ven amenazadas por otras profesiones emergentes o por visiones muy diferentes a las que ellos sostienen. Y la respuesta es el acorazamiento, más legislación, más burocracia, más control. Y en lo personal, ante el miedo, nos replegamos, quedamos paralizadas y no tomamos las decisiones que sabemos hemos de emprender. 

Creo que estamos viviendo unos momentos de cambio profundo, en lo personal y en lo social. Es normal un cierto miedo, procedente de perder la comodidad de lo conocido, la confianza a lo antiguo; pero no debe ser un miedo que nos impida avanzar y transformarnos y transformar aquello de nosotras que ha muerto, que ya no tiene espacio. La esencia de la Vida es la evolución, el cambio, el movimiento, el avance... es imposible mantenerse en inmovilidad mucho tiempo sin que nos pase factura en forma de enfermedad, conflictos personales o sociales... 

En el ámbito familiar, el problema surge cuando una parte de la pareja avanza y la otra se queda atrás, estancanda. Se crea una distancia enorme entre los dos miembros de la pareja. La pareja que hasta hace unos años tenían un lenguaje común, ahora ya no encuentran un diccionario, si quiera, que les permita comprenderse. Generalmente, lo que me observo es que la mujer, a menudo impulsada por la maternidad (pero no siempre), desea un cambio profundo en su vida: encontrar su lugar, su vocación, dar vía libre a todo ese potencial dormido que las costumbres, la educación, la represión... dejó encerrado. Hay un momento en la vida de las mujeres en las que nos abrimos, como una flor, y estamos dispuestas a florecer, le pese a quien le pese. La otra parte de la pareja (generalmente un hombre, aunque no siempre) quizá no sienta esa necesidad profunda de cambio. Él está bien, cómodo con lo conocido, sin desear cambiar y sin comprender qué impulsa a su compañera en esos cambios tan radicales. Y es normal que surja el miedo en ambas partes: El miedo de ella a volar y dejar atrás una vida de convencionalidades y protección; el miedo de él a perder aquello que consideraba parte de su vida. El miedo de ella al dar sus primeros pasos como una persona tan diferente; el miedo de él a no estar a la altura y sentirse exigido a ser como no es. Se abre entonces la posibilidad de la separación. Una separación dolorosa ya que se han de revisar los patrones de dependencia y, además, suele haber niños.

Es difícil tener una solución, una respuesta. Creo que lo interesante no es el final de esta situación sino el proceso de autoconocimiento, la tarea profundamente respetuosa con una misma y con el otro de descubrir los patrones de dependencia y las respuestas que, a pesar del dolor, nos harán crecer más libres y sabias. Y es que, la crisis puede ser la gran oportunidad. 

Quizá te interese leer más:

Sobre el miedo: http://estudiosobreelutero.blogspot.com.es/2013/06/el-miedo.html



Próximo Encuentro de Mujeres en Sevilla,
14 de junio 2014
Más info:
http://www.tramallol.cc/taller-cuerpo-de-mujer-y-reconectar-con-el-utero/

jueves, 29 de mayo de 2014

Sexo y maternidad

Voy a ser políticamente incorrecta. Que conste que esto lo empezó mis queridas Ileana hablando de sexo y María, que me dijo que había que hablar de la maternidad gozosa sin complejos. Les tomo la palabra. Sé que hay mujeres que tienen una maternidad frustrada y frustrante, llena de renuncias y dolor, rencor y soledad. Después de cinco años dedicada a acompañar a madres en sus procesos me he dado cuenta de que la maternidad es subjetiva y está hecha de experiencias presentes y pasadas. Me explico mejor. La maternidad es como la sexualidad. Si tú no gozas con el sexo (y no has gozado nunca) es harto improbable que puedas comprender a otra mujer que le gusta tener sexo. No podrás ni plantearte que las mujeres deseen tener sexo. Que muchas mujeres quieran tener mucho sexo te puede parecer de locas. Quizá pienses que las mujeres que tienen sexo, lo hacen porque están sometidas a la pareja y ellas no encuentran ninguna satisfacción haciéndolo, que el hecho de tener sexo es un acto retrógrado y machista.

¿Te lo imaginas? 

Pues con la maternidad pasa lo mismo. Nos acusan de machistas o retrógradas a las que disfrutamos de nuestra maternidad, porque para muchas mujeres no es fácil comprender que se encuentre placer (también sensual y sexual) en el embarazo, parto y crianza de nuestros hijos. Si nunca se ha sentido el placer de esa entrega, si no se ha traspasado la delicada dulzura y la fuerza, el poder y la sabiduría de la maternidad, es muy difícil de explicar que una quiera y le satisfaga estar en contacto con sus criaturas. La naturaleza es sabia y ha decidido (inmejorable elección) que sea a través del placer sensual y emocional que se garanticen los cuidados del pequeño. Que muchas mujeres accedan a esta experiencia desde el dolor, en vez de desde el placer, es lo que deberíamos mirar.

Damos por sentado en esta sociedad que una mujer que no goza del sexo puede tener un problema físico o psicológico que puede solucionarse, o una pareja o unas circunstancias que no son las adecuadas. Sin embargo, cuando se toca la maternidad, en vez de procurar cuidados para la mujer y un mejor entorno para ver qué está sucediendo, las madres nos dedicamos a hacer ideología del fracaso (a veces casposa) o a señalarnos con el dedo. Estoy convencida de que detrás de una mujer que no ha gozado su maternidad, hay algún asunto pendiente: quizá las circunstancias del nacimiento no fueron las adecuadas, o no se deseó esa maternidad (este es el primer mandamiento del buen sexo, que nazca del deseo, no de la imposición (ni siquiera de los propios debería)), o esa mujer se quedó sola sin apoyos, o se desconectó del sentir para que no le doliera el alma y no tuvo acompañamiento, o le faltó sostén económico o emocional, o su pareja estaba en crisis o hizo las cosas que se esperaba de ella, en vez de lo que sentía o se arrepintió...


Ahora encontramos también a madres que se arrepienten de haber caído un camino maternal que no era el suyo, el de la crianza con apego. Se quejan de que esa corriente de crianza respetuosa las dejó vacías y las convirtió en una sombra irreconocible, siempre dispuesta a dar, siempre renunciando. Y las comprendo. Porque la verdadera crianza que respeta a la crías, respeta a las madres. Pretender funcionar desde la lógica de los escritos, aplicar métodos y sostener ideologías en la crianza es como fingir los orgasmos. Nos quedamos agotadas y sufrimos. Creo que vivir con un libro de instrucciones bajo el brazo es un inmenso error. Creo en las mujeres que se escuchan y actúan con sus hijos desde su sabiduría interior (aunque a veces se equivoquen), en las madres que conectadas con sus bebés les escuchan y atienden porque a ellas también les da placer amamantar, dormir abrazadas o sostener a la cría; no porque lo diga el último libro de moda. Y no me malinterpretes, no estoy diciendo que la maternidad sea caramelo y sonrisas todo el tiempo. Como los buenos amantes te llevará de un estado a otro, con mayor o menor intensidad y encontrarás multitud de sensaciones nuevas (algunas incómodas) y partes de ti que no habías conocido antes. Pero, como cuando estás con un buen amante, no querrás estar en otro lugar.  



Hay tantas maneras de ser madres como mujeres hay en la tierra, pero me da miedo comenzar a normalizar en la maternidad lo que en otros ámbitos señalaríamos como patológico o extraño. Me gustaría dejar atrás esas visiones almibaradas de puntillas y lacitos porque en nada se ajustan a la maternidad. La maternidad es un estado salvaje, poderoso, sexual y creativo que lo arrasa todo. Y si llegamos a la maternidad con muchas cuestiones vitales pendientes, puede ser un revolcón intenso y doloroso. Lo que no implica que no se pueda disfrutar de la maternidad, incluso en momentos de crisis intensas. Sobre todo, si tenemos la capacidad de distinguir la felicidad de la comodidad. 

Como en el parto, una no puede más que entregarse al momento, disfrutarlo, hacerse a un lado para que se produzca el milagro que hace que después del nacimiento del niño, renazca la mujer que lo parió con los pies plantados en la tierra y los brazos alzados al cielo. En ese espacio, cabe la Vida en mayúscula y la mujer que lo sostiene conoce, al fin, su valía y poder. Igual que deseo que todas las mujeres del planeta gocen de la mejor vida sexual posible, desearía que todas nosotras fuésemos capaces de criar en el gozo y el placer. Porque no he encontrado nada más subversivo, libertario y revolucionario que el amor salvaje de "la madre mamífera" a sus crías. Porque no hay estamento, sistema ni ideología que se resista a la fuerza arrolladora de una madre dispuesta a sentir placer; a ser, por fin, ella misma.

Quizá te interese también leer:
Los diez mandamientos del patriarcado
Madre, pero no mucho

Recursos:
La relajación del útero (descarga gratuita)

domingo, 18 de mayo de 2014

Próximos cursos... en Almería

Pues sí. Volvemos a coger carretera y manta y salimos a compartir experiencias y conocimientos. Y hablo en plural porque ahora somos cuatro en carretera. Eso es lo que pasa cuando tienes un bebé de siete meses: que has de moverte con todo el equipo. El caso es que estaré en Almería invitada por la Asociación Lactalmeria impartiendo unos cursos abiertos a todas las mujeres que deseen. Para mi es fantástico volver a estar por estas tierras y un honor que deseen repetir. El plan es el siguiente:



Sábado, 31 de mayo, 16:00 a 20:00

Taller Sexualidad de mi cuerpo de mujer
El patriarcado nos ha dado las coordenadas en las que se nos permite movernos en nuestra sexualidad. Sabemos qué se espera de nosotras: se espera que seamos objeto, no sujeto; se espera que seamos pasivas, no activas; se espera, en definitiva, que nuestra sexualidad responda a criterios falocéntricos. Romper esta inercia y comenzar a cuestionarnos nuestro deseo y la mirada vigente sobre nosotras es el primer paso para comenzar a vivir una sexualidad más acorde con nosotras mismas. Integrar el cuerpo físico, las emociones y sensaciones y las ideas tiene como efecto una vida sexual más gozosa y consciente.
50 % teórico, 50 % práctico
Beneficios:
- Aumento de la conexión cuerpo-mente.
- Mayor autoconocimiento.
- Más vitalidad.
- Aumento del placer.
- Disfrutar de orgasmos más profundos.

Se entrega material escrito y CD con ejercicios.


Domingo, 1 de junio, de 10:00 a 14:00



Curso Reconectar con el útero
El hecho de vivir en una sociedad y cultura patriarcales tiene efectos en todas las áreas de nuestra existencia: físicas, emocionales y mentales. En este taller vamos a trabajar dinámicas corporales especialmente diseñadas para revertir dichos efectos. Uno de los centros vitales para la toma de conciencia del poder que toda mujer porta en su interior es el útero. Conectar con él y liberarlo de las ataduras, nos permite vivir centradas y desplegar nuestro potencial. Beneficios:
-        Mejora el placer sexual.
-        Partos más fáciles y cortos.
-        Menstruaciones sin dolor.
-        Mayor seguridad personal.
-        Aumenta la creatividad y la vitalidad…

20 % teórico, 80 % práctico

Se entrega material escrito y CD con ejercicios 

Comida optativa a compartir por las asistentes.

Taller Tierra Madre, taller de modelado creativo de totems femeninos. Taller ofrecido por la Asociación. Gratuito para las asistentes a los cursos. 







Precios:
Precio por persona asistente a un curso: 50 €.
Precio especial para socias de Lactalmería: 40 €


Precio por asistencia a los dos cursos: 75 €
Precio especial para socias a los dos cursos: 60 €

Contacto directo: 

Inscripciones en: 

Organiza:
Asociación de apoyo a la lactancia materna y la crianza respetuosa. 

Lugar:
C.E.I.P. Jose Saramago
Avenida Gran Vía Marques de Casablanca, s/n
Puebla de Vicar